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Publicado: Lunes, 10 de febrero de 2014

Pablo de Rokha

Serie poetas chilenos


Pablo de Rokha (Chile, 1894 - 1968). Seud√ɬ≥nimo de Carlos D√ɬ≠az Loyola. Poeta, ensayista y editor. Considerado una de las grandes voces de la poes√ɬ≠a chilena del siglo XX. Funda en 1939 la revista Multitud donde re√ɬļne su pensamiento pol√ɬ≠tico y literario. Esta revista era vendida de mano en mano. Entre sus libros destacan: Los Gemidos (1922); Cosmogon√ɬ≠a (1927); Suram√ɬ©rica (1927); Escritura de Raimundo Contreras (1929); Jesucristo (1933); Gran Temperatura (1937); Carta Magna del Continente (1949); Morfolog√ɬ≠a del Espanto (1942); Idioma del Mundo (1948); Genio del Pueblo (1960); Acero de Invierno (1961) y Estilo de Masas (1965). En trenes de tercera recorri√ɬ≥ el pa√ɬ≠s vendiendo cuadros y sus propios libros autoeditados. Sostuvo disputas hist√ɬ≥ricas con diversos personajes del ambiente literario, entre los que destacan Vicente Huidobro, Pablo Neruda y el cr√ɬ≠tico Hern√ɬ°n D√ɬ≠az Arrieta (Alone). Su obra, constantemente marginada por la cr√ɬ≠tica oficial, fue reconocida finalmente con el Premio Nacional de Literatura en 1965. Se suicida en 1968 con un rev√ɬ≥lver que le hab√ɬ≠a obsequiado el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros.


El cadáver de Dios, furioso
a√ɬļlla en mis entra√ɬĪas





GENIO Y FIGURA

Yo soy como el fracaso total del mundo, ¡oh, Pueblos!
El canto frente a frente al mismo Satanás,
dialoga con la ciencia tremenda de los muertos,
y mi dolor chorrea de sangre la ciudad.

A√ɬļn mis d√ɬ≠as son restos de enormes muebles viejos,
anoche "Dios" lloraba entre mundos que van
as√ɬ≠, mi ni√ɬĪa, solos, y t√ɬļ dices: "te quiero"
cuando hablas con "tu" Pablo, sin oírle jamás.

El hombre y la mujer tienen olor a tumba,
el cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
lo mismo que el ata√ɬļd rojo del infeliz.

Enemigo total, a√ɬļllo por los barrios,
un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro
que el hipo de cien perros botados a morir.



AUTORRETRATO DE ADOLESCENCIA

Entre serpientes verdes y verbenas,
mi condición de león domesticado
tiene un rumor lacustre de colmenas
y un ladrido de océano quemado.

Ce√ɬĪido de fantasmas y cadenas,
soy religión podrida y rey tronchado,
o un castillo feudal cuyas almenas
alzan tu nombre como un pan dorado.

Torres de sangre en campos de batalla,
olor a sol heroico y a metralla,
a espada de nación despavorida.

Se escuchan en mi ser lleno de muertos
y heridos, de cenizas y desiertos,
en donde un gran poeta se suicida.



BALADA DE PABLO DE ROKHA

Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porque s√ɬ≠; morir√ɬ≠a si NO cantase, morir√ɬ≠a si NO cantase; el acontecimiento floreal del poema estimula mis nervios sonantes, no puedo hablar, entono, pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo hablar; las ruidosas, trascendentales epopeyas me definen, e ignoro el sentido de mi flauta; aprend√ɬ≠ a cantar siendo nebulosa, odio, odio las utilitarias, labores, zafias, cuotidianas, prosaicas, y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, cantar, cantar...¡he ah√ɬ≠ lo √ɬļnico que sabes, Pablo de Rokha!...

* * *
Los sofismas universales, las c√ɬ≥smicas, subterr√ɬ°neas leyes din√ɬ°micas, din√ɬ°micas me rigen, mi canci√ɬ≥n natural, polif√ɬ≥nica se abre, se abre m√ɬ°s all√ɬ° del esp√ɬ≠ritu, la ancha belleza subconsciente, tr√ɬ°gica, matem√ɬ°tica, f√ɬļnebre, gu√ɬ≠a mis pasos en la oscura claridad; cruzo las √ɬ©pocas cantando como un gran sue√ɬĪo deforme, mi verdad es la verdadera verdad, el coraz√ɬ≥n orquestal, musical, orquestal, dionisiaco, flota en la augusta perfecta, la eximia resonancia un√ɬ°nime, los fen√ɬ≥menos convergen a √ɬ©l, y agrandan su sonora sonoridad sonora, sonora; y estas fatales manos van, son√ɬ°mbulas, apartando la vida externa, conceptos, f√ɬ≥rmulas, costumbres, apariencias,mi intuici√ɬ≥n sigue los caminos de las cosas, vidente, iluminada y feliz; todo se hace canto en mis huesos, todo se hace canto en mis huesos.

* * *
Pus, llanto y nieblas l√ɬļgubres, dolor, solo dolor mamo en los ro√ɬĪosos pechos de la vida, no tengo casa y mi vestido es pobre; sin embargo, mis cantares absurdos, in√ɬ©ditos, modest√ɬ≠simos suman el pensamiento, TODO el pensamiento de la raza y la voz del instante; soy un pa√ɬ≠s HECHO poeta, por la gracia de Dios; desprecio el determinismo de las ciencias parciales, convencionales, pues mi sabidur√ɬ≠a monumental surge pariendo axiomas desde lo infinito, y su elocuencia errante, fabulosa y terrible crea mundos e inventa universos continuamente; afirmo o niego, y mi pasi√ɬ≥n gigante atraviesa tronando el pueblo imb√ɬ©cil del prejuicio, la mala aldea clerical de la rutina.

* * *
Atardeciendo me arrodill√ɬ© junto a una inmensa y gris piedra humilde, democr√ɬ°tica, tr√ɬ°gica, y su oratoria, su elocuencia inm√ɬ≥vil habl√ɬ≥ conmigo en aquel sordo lenguaje cosmopolita e ingenuo del ritmo universal; hoy, tendido a la sombra de los lagos he sentido el llanto de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las plantas y morir, los viajeros planetas degollados igual que animales, el sol se pone al fondo de mis a√ɬĪos l√ɬļgubres, amarillos, amarillos, amarillos, las espigas van naci√ɬ©ndome, a media noche los eternos r√ɬ≠os lloran a la orilla de mi tristeza y a mis dolores maximalistas se les caen las hojas;. . .-buenos d√ɬ≠as, buenos d√ɬ≠as √ɬ°rbol-, dije al reventar la ma√ɬĪana sobre las rubias cumbres chilenas, y m√ɬ°s tarde clamaba: -estrellas, SOIS estrellas, oh! prodigio...

* * *
Mis pensamientos hacen sonar los siglos, todos los siglos; voy caminando, caminando, caminando musicalmente y mis actos son himnos, c√ɬ°nticos naturales, completamente naturales; las campanas del tiempo repican cuando me oyen sentirme; constituyo el principio y la raz√ɬ≥n primordial de todas las tonadas, el eco de mis trancos restalla en la eternidad, los tri√ɬ°ngulos parad√ɬ≥jicos de mi actitud resumen el gesto, el gesto, la figura del super hombre loco que balance√ɬ≥ la cuna macabra del orbe e iba ense√ɬĪ√ɬ°ndole a hablar.

* * *
Los cantos de mi lengua tienen ojos y pies, ojos y pies, m√ɬļsculos, alma, sensaciones, grandiosidad de h√ɬ©roes y peque√ɬĪas costumbres modestas, simplis√ɬ≠simas, m√ɬ≠nimas, simplis√ɬ≠simas de reci√ɬ©n nacidos, a√ɬļllan y hacen congojas enormes, enormes, enormemente enormes, sonr√ɬ≠en, lloran, sonr√ɬ≠en, escupen al cielo infame o echan serpientes por la boca, obran, obran lo mismo que gentes o p√ɬ°jaros, dignifican el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, y son bestias de m√ɬ°rmol, bestias, bestias cuya sangre ardiendo y triste, triste, asciende a ellos desde las entra√ɬĪas del globo, y cuyo ser poli√ɬ©drico, m√ɬļltiple, simult√ɬ°neo est√ɬ° en los quinientos HORIZONTES geogr√ɬ°ficos; florecen gozosos, redondos, sonoros en Octubre, dan frutos rurales a principios de Mayo y Junio o a fines de Agosto, maduran todo el a√ɬĪo y desde nunca, desde nunca; anarquistas, estridentes, imp√ɬ°vidos, crean un individuo y una gigante realidad nueva, algo que antes, antes, algo que antes no estaba en la tierra, prolongan mi anatom√ɬ≠a terrible hacia lo absoluto, a√ɬļn existiendo independientemente; ¡tocad su cuerpo, tocad su cuerpo y os ensangrentareis los dedos MISERABLES!.. !..

* * *
Ariel y Calib√ɬ°n, Egipto, Grecia, Egipto y SOBRE TODO Chile, los cuadrados pa√ɬ≠ses prehist√ɬ≥ricos, Jes√ɬļs de Nazareth, los cielos, las monta√ɬĪas, el mar y los hombres, los hombres, las oce√ɬ°nicas multitudes, ciudades, campos, talleres, usinas, √ɬ°rboles, flores, sepulcros, sanatorios, hospicios u hospitales, brutos de piel terrosa y lejano mirar lleno de √ɬ©glogas, insectos y aves, peque√ɬĪas, armoniosas mujeres p√ɬ°lidas; el cosmos idiota, maravilloso, maravilloso, maravilloso, maravilloso orienta mis palabras, y rodar√ɬ© sonando eternamente, como el viejo nidal, como el viejo nidal, como el viejo nidal en donde anidan TODOS los gorjeos del mundo!..



EPITALAMIO

Dios te ampare, mujer, inmaculada y triste como una flor que oliese a hojas caídas.

Universo, universo, universo, ave-ni√ɬĪa, ilusi√ɬ≥n m√ɬ°s ingenua, m√ɬ°s ingenua a√ɬļn, m√ɬ°s ingenua que las cunas azules cuando el sol clarea los pueblos f√ɬļnebres, melanc√ɬ≥licos.

T√ɬļ que pastoreabas las palomas del lugar por cuatro reales...

Filosofando caminas sobre las tumbas del planeta-Winétt.

Reíste a los tres días de nacer, dulcemente de nacer, porque ya eras madre de lo creado y abuela de los muertos.

Paz, sonora canci√ɬ≥n nacida de un tajo hecho en la tierra, sin h√ɬ©roes o ni√ɬĪos divinos antes de ayer.
Y manas sangre de árbol-árbol con olor a surcos llenos de simiente.

Contigo el pánico florece y las tristezas dan frutos dulces.

E iluminas el camino hacia el hombre distante.

Desenga√ɬĪada te crees y tus d√ɬ≠as son cuentos para ni√ɬĪos.

He aquí que eres máquina de nieve encendida.
Andas por los caminos de la vida y la muerte con el ritmo enorme que fluyen cantando a ciegas los fenómenos, cantando a ciegas los fenómenos, cantando a ciegas los fenómenos.

Yo conozco, siento que tus raíces cándidas horadaron mi estupor...
Atardeciendo, cuando el farol invernal del crep√ɬļsculo alumbra lo melanc√ɬ≥lico, el porvenir de las tumbas lluviosas e irremediables, la cara absurda del vac√ɬ≠o, entonces, yo estoy, querida, deshoj√ɬ°ndote hoja a hoja... hoja a hoja...

Ejemplo de mujer casada, ni√ɬĪa de octubre y mariposa, mi coraz√ɬ≥n se est√ɬ° incendiando a tus pies.

El cataclismo universal de tu agonía me tronchará los huesos marchitos y sentiré que moriré llamándote.

Soy tuyo entero, encadéname con sollozos y alimenta con besos golosos al animal feroz que elegiste por amo.




CíRCULO

Ayer jugaba el mundo como un gato en tu falda;
hoy te lame las finas botitas de paloma;
tienes el corazón poblado de cigarras,
y un parecido a muertas vihuelas desveladas,
gran melancólica.

Posiblemente quepa todo el mar en tus ojos
y quepa todo el sol en tu actitud de acuario;
como un perro amarillo te siguen los oto√ɬĪos,
y, ce√ɬĪida de dioses fluviales y astron√ɬ≥micos,
eres la eternidad en la gota de espanto.

Tu ilusión se parece a una ciudad antigua,
a las caobas llenas de aroma entristecido,
a las piedras eternas y a las ni√ɬĪas heridas;
un pájaro de agosto se ahoga en tus pupilas,
y, como un traje obscuro, se te cae el delirio.

Seria como una espada, tienes la gran dulzura
de los viejos y tiernos sonetos del crep√ɬļsculo;
tu dignidad pueril arde como las frutas;
tus cantos se parecen a una gran jarra obscura
que se volcase arriba del ideal del mundo.

Tal como las semillas, te desgarraste en hijos,
y, lo mismo que un sue√ɬĪo que se multiplicara,
la carne dolorosa se te llen√ɬ≥ de ni√ɬĪos;
mujercita de invierno, nublada de suspiros,
la tristeza del sexo te muerde la palabra.

Todo el siglo te envuelve como una echarpe de oro;
y, desde la verdad lluviosa de mi enigma,
entonas la tonada de los √ɬļltimos novios;
tu arrobamiento errante canta en los matrimonios,
cual una alondra de humo, con las alas ardidas.

Enterrada en los cubos sellados de la angustia,
como Dios en la negra botella de los cielos,
nieta de hombres, nacida en pueblos de locura,
a tu gran flor herida la acuestas en mi angustia,
debajo de mis sienes aradas de silencio.

Asocio tu figura a las hembras hebreas,
y te veo, mordida de aceites y ciudades,
escribir la amargura de las tierras morenas
en la táctica azul de la gran danza horrenda
con la cuchilla rosa del pie inabordable.

Ni√ɬĪa de las historias melanc√ɬ≥licas, ni√ɬĪa,
ni√ɬĪa de las novelas, ni√ɬĪa de las tonadas,
tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia
en el agua de asombro de la cara perdida
y en los serios cabellos goteados de dramas.

Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente,
como la eternidad encima de los muertos,
recuerdo que viniste y has existido siempre,
mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres,
toda la especie humana se lamenta en tus huesos.

Llenas la tierra entera, como un viento rodante,
y tus cabellos huelen a tonada oceánica;
naranjo de los pueblos terrosos y joviales,
tienes la soledad llena de soledades,
y tu corazón tiene la forma de una lágrima.

Semejante a un reba√ɬĪo de nubes, arrastrando
la cola inmensa y turbia de lo desconocido
tu alma enorme rebasa tus hechos y tus cantos,
y es lo mismo que un viento terrible y milenario
encadenado a una matita de suspiros.

Te pareces a esas cántaras populares,
tan graciosas y tan modestas de costumbres;
tu aristocracia inmóvil huele a yuyos rurales,
muchacha del país, florida de velámenes,
y la greda morena, triste de aves azules.

Derivas de mineros y de conquistadores,
ancha y violenta gente llev√ɬ≥ tu sangre extra√ɬĪa,
y tu abuelo, Domingo Sánderson fue un HOMBRE;
yo los miro y los veo cruzando el horizonte
con tu actitud futura encima de la espalda.

Eres la permanencia de las cosas profundas
y la amada geografía llenando el Occidente;
tus labios y tus pechos son un panal de angustia,
y tu vientre maduro es un racimo de uvas
colgado del parrón colosal de la muerte.

Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga,
cari√ɬĪosa, lo mismo que el pan del hombre pobre;
naciste t√ɬļ llorando y solloz√ɬ≥ la vida;
yo te comparo a una cadena de fatigas
hecha para amarrar estrellas en desorden.





CANTO DEL MACHO ANCIANO
(Fragmento)

..... Sentado a la sombra inmortal de un sepulcro,
o enarbolando el gran anillo matrimonial herido
.......... a la manera de palomas que se deshojan
.......... como congojas,
escarbo los √ɬļltimos atardeceres.
..... Como quien arroja un libro de botellas tristes
.......... a la Mar-Océano
o una enorme piedra de humo echando sin embargo
.......... espanto a los acantilados de la historia
o acaso un pájaro muerto que gotea llanto,
voy lanzando los pe√ɬĪascos inexorables del pret√ɬ©rito
contra la muralla negra.
..... Y como ya todo es in√ɬļtil,
como los candados del infinito crujen en goznes
..........mohosos,
su actitud llena la tierra de lamentos.
..... Escucho el regimiento de esqueletos del gran
.......... crep√ɬļsculo,
del gran crep√ɬļsculo card√ɬ≠aco o demon√ɬ≠aco, man√ɬ≠aco
.......... de los enfurecidos ancianos,
la trompeta acusatoria de la desgracia acumulada,
el arriarse descomunal de todas las banderas,
.......... el ámbito terriblemente pálido
de los fusilamientos, la angustia
del soldado que agoniza entre tizanas y frazadas,
.......... a quinientas leguas abiertas
del campo de batalla, y sollozo como un pabellón
.......... antiguo.
..... Hay lágrimas de hierro amontonadas, pero
por dentro del invierno se levanta el hongo infernal
.......... del cataclismo personal, y catástrofes
.......... de ciudades
que murieron y son polvo remoto, a√ɬļllan.
. Ha llegado la hora vestida de pánico
en la cual todas las vidas carecen de sentido,
.......... carecen de destino, carecen de estilo y de
.......... espada,
carecen de dirección, de voz, carecen
de todo lo rojo y terrible de las empresas
.......... o las epopeyas o las viviendas ecuménicas,
que justificarán la existencia como peligro y como
.......... suicidio; un mito enorme,
equivocado, rupestre, de rumiante
fue el existir; y restan las chaquetas solas del
.......... ágape inexorable, las risas caídas
.......... y el arrepentimiento invernal de los excesos,
en aquel entonces antiquísimo con rasgos de santo
.......... y de demonio,
cuando yo era hermoso como un toro negro y tenía
.......... las mujeres que quería
y un revólver de hombre a la cintura.
..... Faltan las glándulas
y el varón genital intimidado por el yo rabioso,
.......... se recoge a la medida del abatimiento
.......... o atardeciendo
ara√ɬĪa la perdida felicidad en los escombros;
el amor nos agarró y nos estrujó como a limones
.......... desesperados,
yo ando lamiendo su ternura,
pero ella se diluye en la eternidad, se confunde
.......... en la eternidad, se destruye en la eternidad
.......... y aunque existo porque batallo y "mi poesía
.......... es mi militancia",
todo lo eterno me rodea amenazándome y gritando
.......... desde la otra orilla.
..... Busco los musgos, las cosas usadas y
.......... estupefactas,
lo postpretérito y difícil, arado de pasado
.......... e infinitamente de olvido, polvoso y mohoso
.......... como las panoplias de anta√ɬĪo, como
.......... las familias de anta√ɬĪo, como las monedas
.......... de anta√ɬĪo,
con el resplandor de los ata√ɬļdes enfurecidos,
el gigante relincho de los sombreros muertos,
.......... o aquello √ɬļnicamente aquello
que se está cayendo en las formas
el yo p√ɬļblico, la figura atronadora del ser
que se ahoga contradiciéndose.
..... Ahora la hembra domina, envenenada,
y el vino se burla de nosotros como un cómplice
.......... de nosotros, emborrachándonos, cuando nos
.......... llevamos la copa a la boca dolorosa,
acorralándonos y aculatándonos contra nosotros
.. mismos como mitos.
..... Estamos muy de escribir universos
.......... sobre universos
y la inmortalidad que otrora tanto amaba el corazón
.......... adolescente, se arrastra
como una pobre puta envejeciendo;
sabemos que podemos escalar todas las monta√ɬĪas
.......... de la literatura como en la juventud heroica,
.......... que nos aguanta el ánimo
el coraje suicida de los temerarios, y sin embargo
.......... yo,
definitivamente viudo, definitivamente solo,
.......... definitivamente viejo, y apu√ɬĪalado de
.......... padecimientos,
ejecutando la haza√ɬĪa desesperada de sobrepujarme,
el autorretrato de todo lo heroico de la sociedad
.......... y la naturaleza me abruma;
√ā¬Ņqu√ɬ© les sucede a los ancianos con su propia
.......... ex combatiente sombra?
se confunden con ella ardiendo y son fuego
.......... rugiendo sue√ɬĪo de sombra hecho de sombra,
lo sombr√ɬ≠o definitivo y un ata√ɬļd que anda llorando
.......... sombra sobre sombra.
..... Viviendo del recuerdo, amamantándome
del recuerdo, el recuerdo me envuelve y al retornar
.......... a la gran soledad de la adolescencia,
padre y abuelo, padre de innumerables familias,
rasgu√ɬĪo los rescoldos, y la ceniza helada agranda
.......... la desesperación
en la que todos están muertos entre muertos,
y la más amada de las mujeres, retumba en
.......... la tumba de truenos y héroes
labrada con palancas universales o como bramando.
..... √ā¬ŅEn qu√ɬ© bosques de fusiles nos esconderemos
.......... de aquestos pellejos ardiendo?
porque es terrible el seguirse a sí mismo cuando
.......... lo hicimos todo, lo quisimos todo,
.......... lo pudimos todo y se nos quebraron
.......... las manos,
las manos y los dientes mordiendo hierro con
.......... fuego;
y ahora como se desciende terriblemente de
.......... lo cuotidiano a lo infinito, ata√ɬļd por ata√ɬļd,
desbarranc√ɬ°ndonos como pe√ɬĪascos o como caballos
......... .mundo abajo,
vamos con extra√ɬĪos, paso a paso y tranco a tranco
.......... midiendo el derrumbamiento general,
calculándolo, a la sordina,
y de ahí entonces la prudencia que es la derrota
.......... de la ancianidad;
vacías restan las botellas,
gastados los zapatos y desaparecidos los amigos
.......... más queridos, nuestro viejo tiempo, la época
y t√ɬļ, Win√ɬ©tt, colosal e inexorable.
..... Todas las cosas van siguiendo mis pisadas
.......... ladrando desesperadamente,
como un acompa√ɬĪamiento f√ɬļnebre, mordiendo
.......... el siniestro funeral del mundo, como
.......... el entierro nacional
de las edades, y yo voy muerto andando.
.......... Infinitamente cansado, desenga√ɬĪado, errado,
con la sensación categórica de haberme equivocado
.......... en lo ejecutado o desperdiciado
.......... o abandonado o atropellado al avatar del
.......... destino
en la inutilidad de existir y su gran carrera
.......... despedazada;
comprendo y admiro a los líderes,
pero soy el coordinador de la angustia del universo,
.......... el suicida que apostó su destino a la baraja
de la expresionalidad y lo ganó perdiendo
.......... el derecho a perderlo,
el hombre que rompe su época y arrasándola, le da
.......... categoría y régimen,
pero queda hecho pedazos y a la expectativa;
rompiente de jubilaciones, ariete y símbolo
.......... de piedra,
anhelo ya la antigua plaza de provincia
y la discusión con los pájaros, el vagabundaje y
.......... la retreta apolillada en los extramuros.
..... Está lloviendo, está lloviendo, está lloviendo,
ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo
.......... siempre y el vendaval desenfrenado que
.......... yo soy íntegro, se asocie
a la personalidad popular del huracán!
..... A la manera de la estación de ferrocarriles,
mi situación está poblada de adioses y de ausencia,
.......... una gran lágrima enfurecida
derrama tiempo con sue√ɬĪo y √ɬ°guilas tristes;
cae la tarde en la literatura y no hicimos lo que
.......... pudimos,
cuando hicimos lo que quisimos con nuestro pellejo.
..... El aventurero de los océanos deshabitados,
el descubridor, el conquistador, el gobernador
.......... de naciones y el fundador de ciudades
.......... tentaculares,
como un gran capitán frustrado,
rememorando lo so√ɬĪado como errado y vil
.......... o trocando en el escarnio celestial del
.......... vocabulario
espadas por poemas, entregó la cuchilla rota del
.......... canto
al so√ɬĪador que arrastrar√ɬ≠a adentro del pecho
......... .universal muerto, el cadáver de un conductor
......... .de pueblos,
con un bastón de mariscal tronchado y echando llamas.





SOY EL HOMBRE CASADO

Soy el hombre casado, soy el hombre casado que inventó el matrimonio;
var√ɬ≥n antiguo y egregio, ce√ɬĪido de cat√ɬ°strofes, l√ɬļgubre;
hace mil, mil a√ɬĪos hace que no duermo cuidando los chiquillos y las estrellas desveladas;
por eso arrastro mis carnes peludas de sue√ɬĪo
encima del país gutural de las chimeneas de ópalo.
Dromedario, polvoroso dromedario,
gran animal andariego y amarillo de verdades crepusculares,
voy trotando con mi montura de amores tristes...
Alta y ancha rebota la vida tremenda
sobre mi enorme lomo de toro;
el pájaro con tongo de lo cuotidiano se sonríe de mis guitarras tentaculares y absortas;
acostumbrado a criar hijos y cantos en la monta√ɬĪa,
degüello los sarcasmos del ave terrible con mis cuchillos inexistentes,
y contin√ɬļo mis grandes estatuas de llanto;
los pueblos futuros aplauden la vieja chaqueta de verdugo de mis tonadas.
Comparo mi corazón al preceptor de la escuela del barrio,
y papiroteo en las tumbas usadas
la canción oscura de aquel que tiene deberes y obligaciones con lo infinito.
Además van, a orillas mías, los difuntos precipitados de ahora y sus andróginos en aceite;
los domino con la mirada muerta de mi corbata,
y mi actitud contin√ɬļa encendiendo las l√ɬ°mparas despavoridas.
Cuando los perros mojados del invierno a√ɬļllan, desde la otra vida,
y, desde la otra vida, gotean las aguas,
yo estoy comiendo charqui asado en carbones rumorosos,
los vinos maduros cantan en mis bodegas espirituales ;
sue√ɬĪa la peque√ɬĪa Win√ɬ©tt, acurrucada en su finura triste y herida,
r√ɬ≠en los ni√ɬĪos y las brasas alabando la alegr√ɬ≠a del fuego,
y todos nos sentimos millonarios de felicidad, poderosos de felicidad,
contentas de la buena pobreza, y tranquilos,
seguros de la buena pobreza y la buena tristeza que nos torna humildes y emancipados,
...entonces, cuando los perros mojados del invierno a√ɬļllan, desde la otra vida...
"Bueno es que el hombre aguante, le digo",
as√ɬ≠ le digo al esqueleto cuando se me anda quedando atr√ɬ°s, refunfu√ɬĪando,
y le pego un puntapié en las costillas.
Frecuentemente voy a comprar avellanas o aceitunas al cementerio,
voy con todos los mocosos, bien alegre,
como un fabricante de enfermedades que se hiciese vendedor de rosas;
a veces encuentro a la muerte meando detrás de la esquina,
o a una estrella virgen con todos los pechos desnudos.
Mis dolores cuartelados
tienen un ardor tropical de orangutanes; poeta del Occidente,
tengo los nervios mugrientos de fábricas y de máquinas,
las dactilógrafas de la actividad me desparraman la cara trizada de abatimiento,
y las ciudades enloquecieron mi tristeza
con la figura trepidante y estridente del automóvil:
civiles y municipales,
mis pantalones contin√ɬļan la raya quebrada del siglo;
semejante a una inmensa oficina de notario,
poblada de aburrimiento,
la tinaja ciega de la voluntad llena de moscas.
Un muerto errante llora debajo de mis canciones deshabitadas.
Y un pájaro de pólvora
canta en mis manos tremendas y honorables, lo mismo que el permanganato,
la vieja tonada de la gallina de los huevos azules.




POEMA SIN NOMBRE

Como una gran niebla ardida
desde todas las distancias emergiendo
o lo mismo que el horizonte...

Te recuerdo y vienen piando
las hojas marchitas del atardecer,
hermana, amiga, esposa,
a cantar la tonada del viaje y las guitarras
en las cruces lluviosas de mi padecimiento.

Llegas desde la orilla de las congojas sumas
con la cara trizada de eternidad y cantos.

Mis pájaros de alambre triste
se ahogan en tus crep√ɬļsculos,
y yo gimo mamando nieblas.

Voy como los perros mojados
a la siga de tu recuerdo,
sujetándome las palabras.

Desde tu ausencia está lloviendo, mi hijita;
las rotas lágrimas
extienden una gran cortina de pájaros agonizantes
encima de mi sue√ɬĪo enorme;
y desde la abertura de las noches caídas
cantan los gallos humosos...

(El invierno te llena de canciones amarillas) .

Sé que todos los barcos que emigran van a fondear en tu corazón,
que las golondrinas saludan con su bandera azul,
la melancolía morena de tus actitudes deshojadas y vagabundas,
y voy edificando canciones
a la manera que grandes ciudades extranjeras.

¿Qui√ɬ©n degoll√ɬ≥ las gaviotas claras de la alegr√ɬ≠a
debajo de los ríos eternos?...
√ā¬ŅQui√ɬ©n canta desde el Poniente, la canci√ɬ≥n de todas las tristezas?
√ā¬ŅQui√ɬ©n enluta de llanto la enrojecida soledad,
alargándola en lo obscuro, obscuramente obscuro,
extendiéndola en lo amargo amargamente amargo
como una gran cama de sangre tronadora y crepuscular
o una gran manta violenta?...

¡Ay! querida, el tiempo se ha parado como un √ɬ°guila en tu memoria.

T√ɬļ das al Universo este color rodante
y este rumor violeta cruzado de cigarras;
la inmensa bruma aquella viene de tus sollozos;
siento que se ha trizado la curva de la tierra
al peso colosal de tu pie entristecido.

Los cantos dorados del tiempo, o por mejor decirlo, los mundos
llovidos del tiempo
tiritan amontonados encima de mi angustia,
y una gran paloma negra se suicida en las arboladuras del occidente.

La pena cuadrada,
el dolor animal y rotundo, la llagadura horrenda de sentirse
¡medio a medio de la circunferencia!...
parado
¡medio a medio de la circunferencia!

Ni√ɬĪa-Win√ɬ©tt!...
Y tu actitud de pájaro haciendo con besos la puntería a mi corazón.




POESíA FUNERARIA

Indiscutiblemente, en casas de arriendo,
a la ribera del pan y su situación aldeana de sombrero de sol,
contra empleados grandes o desesperados
y viudas terribles, que desprenden cabellos de estructura amarilla,
as√ɬ≠ moriremos, tal vez, al bramar contra la monta√ɬĪa.
Después de haber gastado electricidad y pantalones,
sudando terror y dignidad de asesino al cual van a fusilar los aterrados soldados,
y mirando, con la dentadura repleta de misterio,
c√ɬ≥mo la querida mujer ya estar√ɬ° ruinosa y rajada de a√ɬĪos, y enormemente
grandiosa de grandiosidad in√ɬļtil,
y aprieta su triste carne contra las murallas,
o estará llena de llamas, como en la época del durazno que fue paloma, y cuando nos miramos ante un muerto.
Se destruye la esperanza humana, la azucena,
y su escudo va corroyéndose de herrumbre entre azules tiestos y serios difuntos
en espectáculo,
luego se gasta la gana llevada adentro
y unos orines con cementerio azotan este sepulcro de condición boreal, que el catre parece,
resonando.
No haber bebido,
¡ah!, no haber bebido m√ɬ°s tinajas del principal vino tinto, del substancial elemento de abejas
eternas,
no haber tenido el cinturón del general de tribu,
y aquella gran cama tirada de mundo a mundo,
en donde creciesen bestias agrestes,
abejas de funeral, panteras del tormento a la guitarra, relampagueando,
y una gran espada roja
con la cual escribir la revolución proletaria,
y, en aquellos millones de atardeceres,
en los que nos sacamos los zapatos, sollozando,
no haber venido la luna desnuda
que florece, eternamente, a consolar a los moribundos.
A la criatura, cómo se le despluma y cómo se le inunda, a la simultaneidad, el reflejo
de materia de sepulcro,
porque es l√ɬļgubre cuando fallan las gl√ɬ°ndulas,
y en lo hondo del hígado del hombre se deshojan las violetas.
Hay que poseer el heroísmo de agonizar correctamente,
clavando los dedos de los ojos y su pu√ɬĪal en la tiniebla acumulada,
sin abandonar la voluntad de podrirse.
Ahora, si sabemos de qué manera las plantas de los pies rajan la miseria solar y alguna vez le oímos la bala a la tumba,
y el oro y el hecho en la garganta se nos va a atajar.
Si catre de bronce adquiere, morirá el burócrata contento como gusano,
con la lengua afuera entre la familia,
enderezando su conciencia de bruto y de pájaro y de siervo,
como quien levanta la casa
y la va a ubicar en donde concluyen las cosas.
Se apagaron todas las lámparas, gotea el viento, y el sol toma la forma del embudo.
En aquel entonces entenderemos al que asaltó y degolló a la humanidad para comprarle
laureles a su amiga,
al que edific√ɬ≥ su tribu en la plaza p√ɬļblica gritando como acero,
al que desgarró mujeres y naciones y se revolcó con todos los relámpagos, en la sociedad
y sus potreros de desventura,
y no nos entenderemos nosotros, porque todo ha sido in√ɬļtil y se ha perdido:
un traje, heroico de terrores, cubriendo tiempos eternos, y el infinito alimento provinciano,
morir en colchón, enormemente estupendo y afligido,
rempujando amargos carros de tercera, rempujando empe√ɬĪos, rempujando
cantando, rempujando abismos, rempujando palomas, abandonados,
porque el que se muere es él y su corazón, el que se muere, entonces,
y a quien invaden las poderosas arenas, el mar océano, su caballo gris, y la
perla obscura, que está dentro de la naranja,
aunque se designe Lucho o Domingo o Pancho.
Los que ardientes y alegres estábamos,
cabelleras de sepultura arrastrando, nos iremos descomponiendo y haciendo aceite,
haciendo narices, haciendo gusanos, haciendo historia,
hasta que quedemos desnudos, sin carne, sin entra√ɬĪas, sin huesos,
nosotros, sin nosotros,
solamente un agujero de lo que fuimos, cuando con esto éramos esta misma lengua,
cuando ni siquiera el hombre
nunca fue lo que quería y lo que podía, nunca,
y toma, también, hacia la vida dispersa,
cansado e insatisfecho, como los caballos del idealista.
Allí, una sola uva será igual a una culebra y a una idea, o a un becerro de parafina,
y el escorpión sobre muchachas en violeta,
o anidar√ɬ° la ara√ɬĪa religiosa en cuna de p√ɬ°jaro, desnud√ɬ°ndose;
deshojando sus árboles, los acontecimientos
cubrirán el rol de la hoja caída, su silabario amarillo;
a tal altura, miserables botellas de soldado,
la espantosa necesidad de agarrarse a los propios suspiros, ara√ɬĪ√ɬ°ndolos colch√ɬ≥n abajo,
derrumbándose,
cuando inicia la agonía su invasión de naufragio, de inundación tremenda,
y pierden los muebles hecho, empieza a hacerse uno todo girando, gritando, rodando en
vorágine,
para que caiga ahí el difunto en su pellejo.
Rosas sobre negro y negros pueblos de viento,
amargura en fermentación de adioses, temporal de tripas a las lágrimas, creciendo los pelos en la obscuridad su alarido.
No digamos el porvenir de sollozos,
cuando la futura ciudad con nosotros cal y cemento organice,
entonces, soledad colosal del átomo,
contra nuestra forma y su √ɬ°mbito: su √ɬ°mbito, ¡oh! naufragado coraz√ɬ≥n,
la intimidad desencadenada,
su no oído grito, su grito tenaz, su grito de sangre que perece,
recuperando el terror inicial.
Solamente, no haber podido nunca comprender adentro, en los huesos,
que lo substancial no somos nosotros, nuestro proceder, nuestros zapatos,
nuestros amores, nuestros sentidos, nuestras costillas, nuestras ideas,
sino el universo infinito y la sociedad aclamándolo,
la energía histórico-dialéctica, expresándose por la persona y la transitoriedad de la persona,
sobre estos atados turbios y polvorosos,
que pudiesen ser manzanas o pólvora grande,
la afligida costumbre, el héroe,
lo abandonado, lo obscuro y copretérito en las burocracias acumuladas,
el afán de afanes, tantas cosas duras con pecho rosado,
en las que ubicamos nuestro poderoso amor y su látigo - y a alga marina su calzón echaba
aroma-,
porque la abrazábamos desnuda, se ponía más bonita,
riéndose, blanca como plata o como agua, al agitar la bandera negra del pelo contra los
desiertos,
encima de éste, aqueste montón de terror en el que nos morimos.
He ahí la conciencia y el ser, mezclándose de árboles incendiados y panoramas, a la canción
pretérita,
revolviendo sesos y versos en la memoria un grande espacio , y entra el muerto
a la izquierda, y aquel pájaro en cántico de los álamos del cementerio,
peleando con nosotros, agusanados, como sardina podrida, o embalsamados en caricatura
de almacén triste,
Porque tiene gusto a muerte la comida,
y olor a adiós y a muerte la piel y todos los negocios,
la fruta, la plata, la ropa, la sepultura,
y sólo la hoz y el martillo nos alumbran la materia,
como grandes casas de hierro con incendio.




ESTILO DEL FANTASMA

Ya por a√ɬĪejos vinos,
corre sangre, corren caballos negros, corren sollozos, corre muerte,
y el sol relumbra en materias extra√ɬĪas.
Sobre el fluir fluyente, abandonado, entre banderas fuertes,
sujeto tu ilusión, como un pájaro rojo,
a la orilla de los dram√ɬ°ticos oc√ɬ©anos de n√ɬļmeros;
y, cuando las viejas águilas,
atardecen tus pupilas de oto√ɬĪo, llenas de pasado guerrero,
y el escorpión del suceder nos troncha la espada,
mi furiosa pasión,
mi soberbia,
mi quemada pasión,
contra "la muerte inmortal", levantándose, frente a frente,
enarbola sus ámbitos,
la marcha contra la nada, a la vanguardia de aquellos ejércitos tremendos,
en donde relucen las calaveras de los héroes.
Si, el incendio en las √ɬļltimas cumbres;
guarda las lágrimas en su tinaja el vendimiador de dolores,
y sopla un hálito como trágico,
de tal manera ardido y helado, simultáneamente;
suena el miedo, de ser, entonces.
Encaramados a todos los símbolos,
feas bestias, negras bestias nos arrojan fruta podrida, cocos de tontos y obscuras imágenes hediondas,
y los degeneras de verula,
vestidos de perras,
largan amarga baba de lacayos sobre nosotros;
es, amiga, la familia del mundo,
no, es la flor del estiércol, es la flor, es la flor morada y rabiosa de la burguesía;
pero a la medida que nos empeque√ɬĪecemos de a√ɬĪos y de llantos, para bajar hacia la monta√ɬĪa de abajo,
y la figura de la verdad nos marca la cara,
avanzan hijos e hijas, retozando la historia, derrochando, derramando
grandes copas dulces, y el vino y la miel rosada de la juventud, se les caen
como la risa a la Rusia soviética;
t√ɬļ y yo nos miramos y envejecemos, porque nos miramos,
y porque el arte patina las cosas,
levantando su ata√ɬļd entre individuo e infinito.
Ahora, si nosotros nos derrumbamos,
con todo aquello que nos amamos y nos besamos, mutuamente, cargados de vida,
y en lo cual radicó el honor de la existencia,
va a ser ceniza la figura del sexo y de la lengua y del pecho y del corazón, que ya alumbra,
y en los pies estará todo el peso del mundo,
y ya nos vamos llegando, aproximando a la órbita, llenando de dispersión, colmando sombra,
y tu belleza batalla contra tu belleza...
Emigran las golondrinas desde tu pelo de pueblos;
el tiempo de las cosechas del trigo y el vino
flamea en tu corazón cubierto de huevos de tiempo y manzanas,
Emigran las golondrinas desde tu pelo de pueblos;
el tiempo de las cosechas del trigo y el vino
flamea en tu corazón cubierto de huevos de tiempo y manzanas,
es decir, como tarde, cuando la tarde arrea sus reba√ɬĪos;
nosotros dos, nosotros, cómo nos morimos, y cómo,
en ti la ni√ɬĪa marchita, tan linda,
entristece de dignidad feliz a la mujer hermosa y profunda, como un carro de fuego,
en mí, el adolescente agresivo y entusiasta,
yace en este animal desesperado, con pecho tremendo, que agita la dialéctica;
país de soledad, adentro del cual golpea y revienta el océano,
y es una enorme isla, tan peque√ɬĪa, que da espanto, y gira rugiendo,
porque dos criaturas están abrazadas;
huele a agua mojada, a paloma amarilla, a novela, a laguna, a vasija de oto√ɬĪo,
y un horizonte de suspiros y sollozos
suspende una gran tormenta sobre las nuestras cabezas;
el pájaro pálido de las hojas cedas
aletea a la ribera de los recuerdos, entre los braseros arrodillados,
y retornan las viejas lámparas del pretérito,
la angustia resplandece, como una virtud, en nosotros,
y el terror de los proletarios abandonados
nos raja el pecho, desde adentro como con fuego tremendo.
Imponente como la popa de un gran barco,
amarillo y espantoso de presencia,
el sol inicia la caída definitiva, tranco a tranco, como el buey de la tarde eterna;
besos de piedra,
todas las máscaras de dios se despluman,
y caen destrozados los penachos;
un ata√ɬļd de fuego grita desde el oriente.


MORDIDO DE CANALLAS

Mordido de canallas, yo fui "el gran solitario
de las letras chilenas", guerrero malherido,
arrastro un desgarrado corazón proletario
y la decisión épica de no caer vencido.
Sobre la patria arada de espanto, mi calvario
chorrea sangre humana, y un sol despavorido
me va ci√ɬĪendo el cuerpo de fuego extraordinario,
como un caballo de oro con el freno perdido.

Irreductible al látigo, salvaje e innumerable,
el instinto social me da el imponderable,
y descubro un subsuelo que el drama humano aprueba.
Con tu recuerdo, al hombro, mi rol específico,
y como andando solo, en ti me identifico,
fundo con tus cenizas una religión nueva.




EPITAFIO EN LA TUMBA DE JUAN, EL CARPINTERO

Aqu√ɬ≠ yace Juan, el carpintero; vivi√ɬ≥ setenta y tres a√ɬĪos sobre la tierra, pobremente, vio grandes a sus nietos menores y am√ɬ≥, am√ɬ≥, am√ɬ≥ su oficio con la honorabilidad del hombre decente, odi√ɬ≥ al capitalista imb√ɬ©cil y al pe√ɬ≥n canalla, vil o utilitario; juzgaba a los dem√ɬ°s seg√ɬļn el esp√ɬ≠ritu.

* * *
Las sencillas gentes honestas del pueblo ve√ɬ≠anle al atardecer explicando a sus hijos el valor funeral de las cosas del mundo; anochecido ya, cantaba ingenuamente junto a la tumba del rorro, -un olor a la viruta de √ɬ°lamo o quillay, maqui, litre, boldo y peumos geniales perfumaba el ambiente r√ɬļstico de la casa, su mujer sonre√ɬ≠a; no claudic√ɬ≥ jam√ɬ°s, y as√ɬ≠ fue su existencia, as√ɬ≠ fue su existencia.

* * *
Ejerci√ɬ≥ diariamente el grande sacerdocio del trabajo desde el alba, pues quiso ser humilde e infantil, modesto en ambiciones; los Domingos le√ɬ≠a a Kant, Cervantes o Job; hablaba poco y prefer√ɬ≠a las sanas legumbres del campo; vivi√ɬ≥ setenta y tres a√ɬĪos sobre la tierra, falleci√ɬ≥ en el pat√ɬ≠bulo, POR REVOLUCIONARIO. R. I. P.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net