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Publicado: Martes, 18 de febrero de 2014

José Emilio Pacheco

Serie: Cien años de poesía latinoamericana


José Emilio Pacheco (México, 1939 - 2014). Poeta, cuentista, traductor y ensayista. Formó parte de la llamada generación del 50. Uno de los autores claves de la literatura mexicana de los últimos tiempos. De sus poemarios destacan: Los elementos de la noche (1963), El reposo del fuego (1966), Irás y no volverás (1973), Los trabajos del mar (1984), La arena errante (1999) y Tarde o temprano (Poesía completa, 2009). De su obra narrativa: El viento distante (Relatos, 1963), Morirás lejos (Novela, 1967), El principio del placer (Relatos, 1972) y Las batallas del desierto (Novela corta, 1981). Destacan además sus traducciones de T.S. Eliot, Samuel Beckett, Oscar Wilde y Tennessee Williams, entre otros. De los diversos reconocimientos por su obra cabe señalar: el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1969) por No me preguntes cómo pasa el tiempo, Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2003), Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca (2005), Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009) y Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes (2009).


Todo poema es un ser vivo: / envejece



A QUIEN PUEDA INTERESAR

Que otros hagan aún
el gran poema
los libros unitarios
las rotundas
obras que sean espejo
de armonía

A mí sólo me importa
el testimonio
del momento que pasa
las palabras
que dicta en su fluir
el tiempo en vuelo

La poesía que busco
es como un diario
en donde no hay proyecto ni medida



ACELERACIóN DE LA HISTORIA

Escribo unas palabras
y al mismo
ya dicen otra cosa
significan
una intención distinta
son ya dóciles
al Carbono 14
Criptogramas
de un pueblo remotísimo
que busca
la escritura en tinieblas.


ALTA TRAICIóN

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.


CAVERNA

Es verdad que los muertos tampoco duran
Ni siquiera la muerte permanece
Todo vuelve a ser polvo

Pero la cueva preservó su entierro

Aquí están alineados
cada uno con su ofrenda
los huesos dueños de una historia secreta

Aquí sabemos a qué sabe la muerte
Aquí sabemos lo que sabe la muerte
La piedra le dio vida a esta muerte
La piedra se hizo lava de muerte

Todo está muerto
En esta cueva ni siquiera vive la muerte


CONTRAELEGíA
Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.


éXODO

En lo alto del día
eres aquel que vuelve
a borrar de la arena la oquedad de su paso;
el miserable héroe que escapó del combate
y apoyado en su escudo mira arder la derrota;
el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo
para que el mar no arroje su cadáver a solas;
el perpetuo exiliado que en el desierto mira
crecer hondas ciudades que en el sol retroceden;
el que clavó sus armas en la piel de un dios muerto
el que escucha en el alba cantar un gallo y otro
porque las profecías se están cumpliendo: atónito
y sin embargo cierto de haber negado todo;
el que abre la mano
y recibe la noche.


LA FLECHA
No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo la trayectoria el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
en la extensión de la nada


LLUVIA DE SOL

La muchacha desnuda toma el sol
apenas cubierta
por la presencia de las frondas.

Abre su cuerpo al sol
que en lluvia de fuego
la llena de luz.
Entre sus ojos cerrados
la eternidad se vuelve instante de oro.
La luz nació para que el resplandor de este cuerpo

le diera vida.
Un día más
sobrevive la tierra gracias a ella
que sin saberlo
es el sol
entre el rumor de las frondas.


MAR ETERNO

Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes


MEMORIA

No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.


PRESENCIA

¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día,
dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.


PIEDRA

Lo que dice la piedra
sólo la noche puede descifrarlo

Nos mira con su cuerpo todo de ojos
Con su inmovilidad nos desafía
Sabe implacablemente ser permanencia

Ella es el mundo que otros desgarramos


áLBUM DE ZOOLOGíA

Mirad al tigre:
su altiva pose de vanidad satisfecha,
dormido en sus laureles, gato persa
de algún dios sanguinario.
Y esas rayas
que encorsetan su fama.
Allí en la jaula,
como estatua erigida a la soberbia,
el tigre de papel, el desdentado
tigre de un álbum infantil.
Ociosa
en su jubilación
la antigua fiera
de rompe y rasga
sin querer parece
el pavo real de los feroces.


EL FANTASMA

Entre sedas ariscas deslizándose
-todo misterio, todo erizada suavidad acariciante-
el insondable, el desdeñoso fantasma,
tigre sin jaula porque no hay prisión capaz de atajar
esta soberanía, esta soberana soberbia,
el gato adoptivo,
el gato exlumpen sin pedigrí (con prehistoria),
deja su harén y con elegancia suprema
se echa en la cama en donde yaces desnuda.


TORRE DE NAIPES

Piso la tierra que no es firme
sino más bien caliza y se desmorona.
Torre de naipes, fugaz castillo de arena
los días que nos tocaron movedizos.
No existen puentes.
Hay que enfangarse para cruzar el pantano.
La niebla no permite ver el camino.
Todos los que ignoran
van inventando en sus adentros un tigre.
Y entre el desgarramiento y la asfixia
se arrastran hacia su playa de luz
únicamente para arder en su lumbre.


GATO

Ven, acércate más.
Eres mi oportunidad
de acariciar al tigre
- y de citar a Baudelaire.


PéNDULO

El obsesivo péndulo,
El tigre que da vueltas a la Nada.

No hay ninguna filosa oscilación
Que no tale un instante de la vida.

Pero sin su constancia y su impaciencia
Nunca hubiéramos sido.

No estaríamos
Aquí frente a su cuenta que se acorta.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net