Buscar
PANC
Publicado: Sábado, 22 de febrero de 2014

Alberto Guerra Gutiérrez

Serie de poetas bolivianos


Reseña y selección de poemas: Javier Claure C.

Alberto Guerra Gutiérrez (1930-2006), nació en Oruro (Bolivia), ilustre poeta que desde muy temprano sintió la necesidad de escribir versos. Escribió, entre otras cosas, poesía social. Su preocupación por la injusta historia de su país, lo expresa en algunas de sus poesías.


Participó en las filas de la izquierda, y fue apresado durante la dictadura de Hugo Banzer Suárez en 1971. Estudió pedagogía y antropología. Fue un investigador tenaz de la cultura y del Carnaval de Oruro. Yatiri (sabio y curandero aymara) por excelencia y, además, asignado por el Sajama Mallku (deidad principal). Trabajó como profesor en colegios, en la Universidad Técnica de Oruro (UTO) y posteriormente en la Alcaldía de su ciudad natal. Fue miembro del grupo literario "Gesta Bárbara" y de la Academia Boliviana de la Lengua. Participó, en septiembre de 1991, en el "Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos", efectuado en Estocolmo, y disertó sobre "Igualdades y desigualdades entre dos continentes". Fue condecorado con el Premio Nacional de Promoción Cultural Gunnar Mendoza en 1999, y con el Premio Nacional de Poesía de la Universidad Técnica de Oruro (UTO). En homenaje a este insigne ciudadano orureño, el Gobierno Autónomo del Municipio de Oruro, nombró "Alberto Guerra Gutiérrez" a una plaza en el Barrio Jardín de la zona Norte de la ciudad. Además, edificaron un busto en bronce a su persona.

Ha publicado los siguientes poemarios: Gotas de Luna (1955), Siete poemas de sangre o la historia de mi corazón (1964), De la muerte nace el hombre (1969), Baladas de los niños mineros (1970), Yo y la libertad en exilio (1970), Antología de la poesía del amor (1971), Tiras de poesía Lilial (1978), La tristeza y el vino (1979), Manuel Fernández y el itinerario de la muerte (1982), Hálito que se descarga en pos de la belleza (1989), égloga elemental y una revelación de íntimo recogimiento (2000) y Obra poética (2003).
Otros libros: Antología del Carnaval de Oruro (1970),Guía del investigador de campo en folklore (1970), Antología de la poesía del amor (1971), La picardía en el cancionero popular (1972), Estampas de la tradición de una ciudad (1974), El Tío de la mina (1977), El Carnaval de Oruro a su alcance (1987), Pachamama (1988), Chipaya, un enigmático grupo humano (1990), Folklore boliviano (1990) y La poesía en Oruro (2004, junto al poeta Edwin Guzmán).


Duele tu nombre desde adentro

Duele tu sombra
que se llama historia;
la piedra que es tu canto
duele como duelen las cenizas
del amor y la porfía

Duele Bolivia tu herida
que se hace sangre
en nuestra carne lacerada,
duele tu herida en la montaña,
duele tu herida en el sereno valle,
en la llanura fértil
y en la selva traicionada
Duele desde adentro tu espesura
que se hace espera
en los andenes de la muerte,
en la ternura de tu lento asombro
de paloma herida;
duele tu sangre de Calama
y Riosinho,
tu petróleo en Picuiba
y Villa Montes,
tu estaño que es sangre
de fibra endurecida
duele en Cataví y en Milluni,
en Teoponte, en Matilde
y en Huanuni;
duele tu sangre que es savia
de amargos cañaverales
en la zafra de Tucumán
y la esperanza;
duele el minero en su soledad
con su alcohol y su coca
que es la urgencia de otra herida,
duele el que ya no es pongo
por ser peldaño
de los que están arriba
duele Terevinto y Ucureña
duele el labriego
que no conoce la semilla,
duele el obrero,
duele el pueblo que es el yunque
de todas las mentiras

Duele Bolivia tu sangre
que se llama historia
desde el motín a la emboscada,
desde Ingavi al cañón del Yuro,
de Yungay al "corralito",
desde las "Canchas de Potosí"
a la espesura de ñancahuazu
y los pajonales del Chaco;
duele el soldado de corazón civil
y brazo uniformado,
duelen su bota y su fusil
hechos con sangre mercenaria
duele su mirada
de cuchillos extranjeros,
duele el paracaidista
de boina americana,
duele el "Rangers"
pisando suelo boliviano

Duele el tiempo, la lluvia
y las campanas,
duele Castro desde Cuba
como una espina
y Chile también como un puñal
en media espalda
Duele Bolivia tu sombra
que se llama historia
y duele tu destino
de lento asombro
de paloma herida.


De un claro manantial

De un claro manantial
llegó el rumor
con los primeros versos
y crecieron así
el amor y la poesía.

Desde aquel tiempo
remoto como el viento
del que aun no se han borrado
los caminos,
ha quedado mi corazón
tatuado de ternura
como quedan los huertos de octubre
constelados de flores sensitivas.

Una especie de llanto
encadenado al aire
se vino de repente con las lluvias;
fue entonces que el amor
tendió los más bellos caminos
y se inauguraron sin fin
las ausencias doloridas.


Mi casa

Esta no es mi casa;
mi casa tiene altos ventanales
y un árbol de ramas jóvenes
limpiando celosías de lluvia
en sus cristales.

Mi casa tiene ojos claros
como el alba
y una rosa enamorada
atisbando por rendijas
de su puerta que es mi propio corazón,
hecho de maderas dulces
y de esperanza.

Esta luna gris
que agría la menguada luz
de la corriente
de mi río vertical y perseguido,
no es la misma luna
que tiñe de azul
el aire que decora de amores
la brisa que se hace
dueña, de mi casa
en cada beso de la noche.
Mi casa me está esperando
y no tengo la lumbre ahora,
que como racha de luciérnagas
abra el sendero
para llevar mi sombra
a sus umbrales,
ni tengo acequias todavía
que lleve mi ansiedad como agua
para regar su árbol de ramas jóvenes
en sus ventanas.

Mi casa
río noctámbulo y sedentario,
a pesar de sus piedras de infortunio,
copia estrellas doradas
en su espejo peregrino.

Esta no es mi casa
hecha de temor y enormes murallas
para que no huya
el dolor de sus entrañas,
¿mi casa?
hondas raíces de savia cristalina
sustentan su estructura
de amor y altos ventanales.

Viejo río
de generosas aguas
como el vino,
mi casa llena ahora de soledad
por mi ausencia,
tiene lágrimas de pie
junto a las horas,
un vacío royendo sus paredes,
una ansiedad en sus pétalos
pensativos;
una postergada ilusión
de besos y caricias;
y no tengo por ahora
nada que ofrecerle
-sin embargo- ,
le ha de bastar, seguramente
mí solo corazón,
crecido entre lianas de amor
y enredaderas.

Esta no es mi casa;
mi casa tiene un árbol de ramas jóvenes
y una rosa enamorada
junto a su puerta
dolida de maderas dulces
y de esperanza.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net