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Publicado: Jueves, 27 de febrero de 2014

Alex Fleites


Alex Fleites (Caracas, Venezuela, 1954; ciudadano cubano). Graduado en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana. Poeta, narrador, editor, periodista y curador de arte. Algunos de sus poemarios son A dos espacios (1981), El arca de la serena alegría (1985), ómnibus de noche (1995) y Un perro en la casa del amor (2003). También es autor del libro de relatos Canta lo sentimental (2011) y del vademécum de cultura cubana Senderos de Cuba (1998), en colaboración con Leonardo Padura. Su obra ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, portugués, alemán, italiano, ruso y vietnamita.


Amable lector, no se confíe

En la octava línea de este texto
una paloma está agonizando,
pero usted puede no mirarla
Aguarde mejor en la palabra cuarta:
ha llovido, y justo allí, dique inocente,
un niño juega a detener el agua

Ya sé que no vale la pena
un par de alas abatidas
ni el encendido pico
que ahora sorbe, ansioso,
la frescura de la tinta;
pero sucede, lector,
que hacia el final del poema
una muchacha se baña
desnuda en la playa

Si viera, hay tanto azul
y oro en el paisaje
Sus senos desafían en la espuma
y todos los aromas del mundo la regalan
Mas qué le digo
Usted está sentado junto al niño
viéndolo navegar sueños adentro,
mientras piensa con horror
en una paloma que agoniza

Quédese ahí, no sufra en vano,
después de todo, una muchacha
no vale lo que un sueño

Al final, sólo un detalle:
no se confíe,
la belleza más bien es una espada
Lo que corre a sus pies, puede ser sangre,
y si se fija bien
quizás alcance a distinguir
un desvalido barco de papel
de un ave herida que la corriente arrastra



Dolencias, confesiones

A los seis días de mi muerte
padecí las manos de los niños:
me asfixiaba la ternura
Segué por eso un jardín
de heliotropos y sombreros
y bebí con Hans Christian
dos toneles de nubes

Alrededor ardía
la lencería de mi madre

Antes de morir
yo era un hombre normal
Andaba de cabeza
persiguiendo muchachas,
mas pocas escucharon mis palabras
Los pies no eran los pies,
sino los ojos
Caminaba tuerto mirando cada paso
y me equivocaba con pasión desgarradora

Armaba un viejo dolor dentro de mí
que no pudieron callar
galenos enemigos
Al fin fue la causa
de que me envenenara la tristeza
También tuve un amor
Cabía, gorrión, en el cuenco de la mano
y tomaba su arroz
con ferocidad de amigo íntimo

Es bueno y malo recordar un amor
si uno está muerto;
da la impresión de una casa
que surca nacimientos, destrucciones

Más bien yo era alegre
Gustaba desordenar
la música de los relojes
y en varias ocasiones
partí mi corazón
y regalé su almendra

Generoso
- tenía una elevada
opinión de mi persona -
adelanté de noche el epitafio:

Aprendiz, nunca maestro
Aquí yace como muerto importante
Olvidadlo
Es cuanto se puede hacer
por su memoria
Hice canciones, algunos libros
árboles sembré, no tuve hijos

Por ahí hay quien me cree vivo todavía
Pero soy un buen muerto:
sumo días que caen
como hojas, como rayos
De vez en cuando recibo visitantes,
alegres amigos
que, como yo, a los seis días padecen
las manos cortadas de los niños



Alguien enciende las luces del planeta

Para Zaida del Río

Entre tus manos
y este objeto retórico que es mi corazón
el viento del Caribe ha completado un círculo

En él se ve, como a través del agua,
la fronda que tu pulso dictó secretamente
para que mi palabra se echara a descansar
después de una larga jornada por el mundo

A veces sucede una llamada nocturna
y tengo que desandar la trama de las hojas
hasta llegar a ese punto donde sólo tú eres posible,
animal entrampado bajo su desnudez de miedo

Hay quienes padecen la más cruel belleza
Cierra al dormir, amiga, la ventana
Sería fatal que te inundaras de estrellas

En todo momento
un hombre enciende las luces del planeta
Basta para ello que dentro de su cabeza
alguien dibuje pájaros y árboles

Cuida de mi voz como de un pobre perro
Es lo que tengo para salvarte y salvarme



Que el estoque persigue

Ve directo a la sangre del toro
Que no te ciegue el fulgor con que lo visten
ni esa metálica alegría que todo lo envuelve

él está ahogándose en la arena
mas nadie quiere saber si de esa herida
manan flores o pájaros

Pero tú, hombre, vas al estertor
y quedas desolado

Dentro de ti siempre habrá un toro
que el estoque persigue
No pidas redobles ni vistosos colores
No le hurtes el cuerpo con cuidada elegancia
Ve de frente a los ojos
que cualquier día dejarán de mirar
la terrible belleza



Historia simple

Lento en su agonía,
el pez de nombre equívoco
no sabe que lo observo
mientras llega el instante
de pagar por el oro de la escama,
las vidriosas esferas
que ahora nada miran,
el gusto que robaron al mar

Es tan simple la historia
que horroriza:
perderá el salvaje olor
ante la mordacidad de los limones,
y al final otros serán
la forma y el color
gracias al fuego del aceite

Pequeña es la tragedia del pez
esta mañana en el planeta,
un invierno que exhibe
muertos y adioses y fronteras;
mínima es su forma de irse
para resurgir como impulso
de la caricia, el golpe

Yo voy con el pez
Alguien me mira con envidia



De vital importancia

- me ocurre imaginar lo fácil
que sería morirse -Mirta Aguirre


Es una hora imprecisa
El alcohol ha descendido lento
y no estoy por morir

Vuelvo a los ruidos de la casa,
al solitario plato
Descanso sobre una cama que no es mía;
acabo de llegar de la mujer
que no me pertenece

Alguien llamó,
dejó nombres
que nada significan;
enigmáticos números,
una frase que la edad de mi madre
hace incomprensible

álvaro duerme

Entre la vigilia y el sueño
se extiende un abismo
Por él quisiera bajar a todo trance,
hundir las manos en el agua del fondo,
regalarme un poco de su hervor

No estoy para morir
No es hoy la hora de la hora
Cierro los ojos con cuidado
Voy a apagar el rumor de la bestia
que pace entre los juguetes de mi hijo



Espera una señal

Palabras de familia gastadas tibiamente
Gil de Biedma


Húmedo y oscuro. Obstinado y oscuro
Oscuro y lento. Distraído y oscuro
avanza por las calles que no saben su nombre
La gente está saltando de los autos
que derraman la música
Párese a beber. Párese a escuchar
cómo viven los otros
Las gastadas frases se dicen con amor
Ignore el neón. Disimule las risas
El carnaval arrastra la energía del mar
Cuídese de la caída de las flores
Un caribe. Dos caribes. Tres caribes
disponiendo el orden de los astros
a través del cristal de sus rotas botellas
Húmedo y oscuro no se deje arrastrar
porque ha perdido el centro,
el tibio lugar, las manitas rosadas,
el tokonoma que se llena
con los sueños que no recordará
Del otro lato del intenso batir,
del otro lado de las voces coralinas,
con muertes cotidianas, fulgor,
aguas negras que hieren la tierra,
vidrieras rebosantes,
sencillos animales que miran con asombro
el nacimiento del sol;
del otro lado, húmedo y oscuro,
espera una señal, el más velado signo
al final de una era que en parte él asesinó
cuando creyó posible juntar,
alisar en el papel las secretas palabras



Como un monumento

Fue dejando la piel en cada encuentro
Hubo días que la demasiada luz
hirió los ojos, quemó la cara
con un rojo dolor

Cantó al despertar, cantó cuando los hombres
retiraban las redes amargas y rotas
Quiso poner más de sí,
alimentar la alegría de los otros
con la seguridad que estaba lejos de sentir
Pero una mano insistente
le indicaba el avieso camino;
pero una voz le gritaba que era bueno saltar,
pegar los labios al cristal de las confiterías

Amó, perdonó, nunca fue absuelto
Ahora vaga con sonrisa de idiota,
ahora susurra una extraña melodía,
ahora dice adiós cuando regresa

Y su espalda es magnífica, como un monumento



Palabras al cuervo

Esta es la cabeza
Adentro, los sueños,
las horribles visiones,
el rugido del mar
batiendo, devastando la roca
Y en la cabeza, los labios
y los ojos, que sirven,
cuando más, para asistir
a las íntimas catástrofes,
para decir
las proféticas palabras,
para negar
cualquier amor,
cualquier complicidad,
para negar el odio

La cabeza y el hombre
no siempre andan juntos
Debes admitirle cierta propensión
a volar, a caer, a golpear
rítmicamente las paredes del tiempo

Esta es la cabeza que habló
del fuego entre los árboles,
la que deberás honrar
aunque ahora se exhiba,
entre otras rarezas, en la feria



No hay que perder la compostura, dijo el perro

Para Mylene Fernández

En aquel sueño
yo estaba en una tienda de animales
Desde mi posición - es decir,
de los barrotes hacia dentro -
no podía ver la etiqueta de la jaula
Los curiosos pasaban por mi lado,
leían la clasificación y el precio,
y luego movían la cabeza en forma negativa

Lo peor es que todos terminaban comprando
una tortuga o un lorito
Los más sofisticados se interesaban
por los peces de Sumatra,
aunque en el fondo querían saber
de las sirenas griegas

Traté de averiguar mi verdadera condición,
pero los monos se perdían en tecnicismos
Un perro que había envejecido en cautiverio
opinó que lo importante es no perder la compostura,
porque si vamos a ver, de qué sirve gritar,
arañarse la cara, decir feas palabras

Un grupo de japoneses se paró a tomar fotos
En español, con acento colombiano,
decían que no debía sufrir,
que unas gotas de agua, que la hiriente luz
Recordé en el sueño
que estaba repitiendo una película,
también recordé que, para ser exactos,
debía estar en la tienda de un anticuario chino

Es terrible detectar errores en el sueño
Es sobrecogedora
la falta de solidaridad entre animales
Vistos de cerca, los japoneses
no son tan parecidos entre sí



Antes de escuchar "Summer Time"

Decir esta oración con grande fe y humildad,
y repetirla tres veces con los otros asistentes
(Libro tibetano de los muertos)

Jannis Joplin,
vuelve a cantar dentro de mí
Arrasa, devasta, asola,
arranca de raíz cada nota
que no fue encarnada en tu voz
Destruye los ídolos antiguos

Purifícame, Jannis,
este lunes cargado de ceniza
en que debo avanzar

El equilibrio
- sabemos -
es una ilusión
Nadie tensa la cuerda;
no hay cables ni manos
La sabiduría está en los pies:
dar cada paso
como si fuera el último

Venga, lenta, la luz
Venga, Jannis, el cabello
del color del verano
Venga a nos, al reino terrenal,
a los íntimos huesos
que contigo cantan

Los hombres sin memoria
Cada día nacemos para amarte

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