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Publicado: Jueves, 20 de marzo de 2014

Poemas de Nancy Morejón


Nancy Morejón (La Habana, Cuba, 1944) es Premio Nacional de Literatura 2001. Miembro del jurado del Premio Carbet del Caribe (1990). Miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua (1999) y miembro del Consejo Asesor de OWWA [1]. Sus poemas han alcanzado una enorme difusión así como innumerables traducciones a más de diez idiomas modernos.


Entre los premios más recientes se encuentra La Corona de Oro de Macedonia (2006), el Premio Rafael Alberti (2007) además de la condición de Escritora Gallega Universal (2008) y el Premio LASA 2012. En 2013 fue condecorada con la Orden de las Artes y Letras de la República Francesa. La Universidad de Salamanca ha recogido buena parte de su obra poética en la antología El huerto magnífico de todos a cargo de Alfredo Pérez Alencart. En 2009, la Universidad Cergy-Pontoise de París, Francia, le ha otorgado un doctorado Honoris Causa. Sus más recientes poemarios son Peñalver 51 (2009) publicado por la Fundación Sinsonte de Zamora, España, y la antología La Habana expuesta (2012), de Ediciones Vigía de Matanzas, compilada por Juanamaría Cordones-Cook. En 2008, fue electa presidenta de la Asociación de Escritores de la UNEAC. En la actualidad se desempeña como asesora de la Casa de las Américas y fue electa, en 2012, Directora de la Academia Cubana de la Lengua.



MANTO

Oh las palabras formando un manto
a mi alrededor.
La pureza de sus sonidos
anda corriendo sobre mi funda de bambula.
Oh las palabras sonando sobre el lago
de un país de áfrica del Sur.
Cuántas palabras entretejidas que no necesito ver
sino escuchar como estrujadas, a una vez,
en el fondo de los océanos
hasta que un delfín asoma su cola triunfal,
en el centro de las madréporas
y un canto de sirena va empujando su nariz rosa
hasta la punta de una luna,
esa luna que las palabras van tejiendo
con una hebra de plata
que tiene como fondo el ardor de las algas ondeantes
una hebra de plata que se agiganta
como en la música de mi vecino José Claro Fumero
y se transforma en un precioso manto tibio para mi bien.



FUNDA DE BAMBULA

Mi cabeza sobre una funda de bambula,
otra vez,
mientras vuelven los lagos en su brillo
y las jirafas cruzando
un mundo abandonado entre lanzas
y montes tupidos.
Como antaño, vuelven los mercaderes
con sus escudos de hojas muertas
dando alaridos y golpeando,
empujando a mujeres y niños,
a los mejores hombres del sur
y de las costas
hacia sus barcos sin regreso.
La luz del horizonte está cayendo
sobre la funda de bambula y de hiel.
Veo la punta de los acantilados.
Veo a Gorée en la palma de mi mano,
la boca de sus fauces vomitando negras criaturas
como la noche de la primera cacería.
Una funda de bambula, otra vez.
¿Será mejor salir huyendo de esta geografía
de otro mundo?
¿Será mejor virar la cabeza hacia otra parte
y secar las dos lágrimas que ahora navegan
entre las aguas del río Zambeze?
Mis ojos dibujaron un paisaje lunar sobre los lagos,
sobre una funda de bambula, otra vez.



ESCLAVAS

A medianoche,
las aguas golpeaban la costa
sin luces, sin redes
tirando hacia la arena
cuerpos de esclavas
desnudas sobre la arena fosforescente
cantando los cantares de las sagradas escrituras.

No volvimos jamás
a ver los cuerpos de las esclavas
como esponjas ensangrentadas
junto a los arrecifes.

Las esclavas cantaron
a medianoche,
cuando las aguas golpeaban la costa
sin luces,
tirando hacia la arena desnuda
sus gargantas fosforescentes
ancladas en los cantares de las sagradas escrituras.


Manglar, 28 de abril, 2013



UN PRIMO

Callejón, regresé.
Sólo en ti la compasión hallé.

-Canción popular-


La calle tiene nombre, un nombre oscuro, sin importancia,
como su propia desembocadura,
madura y bien abierta y desdentada.
Al final no hay luz sino la luz que salta desde la piel oscura
de mi primo Fernando.

Estamos hablando pero no hablamos
porque nuestro silencio se parece,
nuestro silencio es casi igual
al silencio de las fogatas en Malawi;
silencio que perdura y alienta en nuestros poros
pero nosotros sin saberlo,
sin sospechar que ese silencio
es nuestro sólo porque lo trajo algún antepasado
tan nuestro como el propio silencio de la bodega entumecida
que logró atravesar las dos orillas
y el paso de los vientos.

Un día de octubre,
cuando explotó un velero en la bahía de la ciudad
y el ruido de los misiles extranjeros
quebraba el tímpano de las lavanderas
en el solar sin pulso y sin olvido,
mi primo Fernando, salió de la calle Cristina
--una calle ancha, la calle más ancha de los alrededores--,
tumbada casi siempre por los aullidos de los mataderos
cercanos
y el silbido implacable de los ferrocarriles.

Mi primo Fernando, junto a mí, extraña los bucles
insensatos
de una prima remota y el olor de las panaderías
de la esquina de Toyo, el aroma del ajonjolí
y los domingos de carnaval corriendo como liebre dormida
entre las filas de La Mojiganga.

Mi primo Fernando me cuenta todo esto sin comprender
ahora
el vaivén presuroso de las bicicletas;
sin poder comprender el libre acento de las mariposas
sobre las percas de cerveza.

Hemos llegado a una colina chica en Tallapiedra.

Pasa el tren de Santiago
y mi primo Fernando se seca el sudor de la cara
con una inútil servilleta de papel blanco
que está espiando todos mis sentimientos.

Fernando y yo,
ante un vórtice de lágrimas negras.
Fernando y yo por la calle Empedrado.
Fernando y yo, reconociéndonos
en el humo especial de los telares de Muralla en agosto.

Mi primo Fernando,
con diez tarjetas de crédito
en el bolsillo
pero sin zapatillas, sin aire, sin idioma:

"Tuve que irme también de la ciudad
en donde viví por más de veinte años.
No soporté y me fui más al Norte,
a un barrio de italianos, empacadores de carne,
que tampoco entendieron mi vida".

Mi primo Fernando en su futuro nómada
obsesionado todavía
por el silencio de las fogatas.



IX. DIVERTIMENTO

como le gustaría a Rafael Alberti

(para guitarra)


Entre la espada y el clavel,
amo las utopías.
Amo los arcoiris y el papalote
y amo el cantar del peregrino.
Amo el romance entre el oso y la iguana.
Amo los pasaportes: ¿cuándo dejarán de existir los pasaportes?
Amo los afanes del día y las tabernas
y la guitarra en el atardecer.
Amo una isla atravesada en la garganta de Goliath
como una palma en el centro del Golfo.
Amo a David.
Amo la libertad que es una siempreviva.

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