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Publicado: Martes, 08 de abril de 2014

Poemas de Franca Mancinelli

Serie: Poetas italianos
Traducción de Sebastián Arellano


Franca Mancinelli nació en 1981 en Fano, donde vive. Se licenció en Letras Modernas con una tesis sobre la poesía de Paolo Volponi. Colabora con textos críticos en varios periódicos literarios. Ha publicado los libros de poesía, Mala kruna (Manni, 2007; premio opera prima L'Aquila y Giuseppe Giusti) y Pasta madre (Nino Argano editore, 2013). Es incluida en diversas antologías, tales como: Il miele del silenzio. Antologia della giovane poesia italiana, compilada por G.Pontiggia (interlinea, 2009), La generazione entrante. Poeti nati negli anni Ottanta, a cargo de M. Fantuzzi (Ladolfi, 2011), y Nuovi poeti italiani 6, al cuidado de G. Rosadini (Einaudi, 2012). Sus poemas han sido traducidos al español (Jardines secretos. Antología de la joven poesía italiana, de E. Coco, Sial, 2009).


De Masa madre


Cuchara en el sueño, el cuerpo
recoge la noche. Se alzan enjambres
sepultos en el pecho, extienden
alas. Cuántos animales migran en nosotros
pasándonos el corazón, deteniéndose
en el pliegue del anca, entre ramas
de costillas, cuántos
quisieran no ser nosotros,
no quedar atrapados entre nuestros
contornos de humanos.


*


dejas la piel sobre la sábana
como una culebra al cambio de estación
y una bolsa de semillas
para el desierto que está llegando
más allá de las redes, las represas
colmas sin remedio.
Deberás enterrarte
tornar tibia raíz.


*


un golpe de fusil
y vuelves a respirar. De cara al suelo,
sin sangre derramada.
Cosas miradas con el rabillo
de un ojo que desmorona
mientras el otro ya se ha hundido, y todo
se aleja. Los árboles
se pliegan hacia un lado
pierden la voz en cada hoja
que aprende de los pájaros
y por pocos instantes vuela.


*


padre y madre caídos
frutos que no podían
marchitarme aferrados
mientras desnudo aprendía
a sostener el cielo
como un pájaro sobre el dorso, dejando
campos y casas hundirse.
El azul vuelve
a cubrir la tierra. Retengo
en el pico el recuerdo,
la semilla que fueron.


*


lo que soy es una ventana
el peso que tenía lo recogió
en sacos oscuros el alba.

Cada movimiento más allá de la pieza
ahora puede transportarte
y luminoso el tráfico se aquieta
para que el sombrero boca arriba
contenga una moneda.


*


cubos dispersos en la habitación,
cuadernos vacíos. Volverán
a romperse como infiltraciones
pero llora sin más y aprende
de los canalones llenos
agua bendita
sobre la puerta donde cada uno
se medica las manos


*


-he trabajado con la muerte
en el corazón por un mes-.
Y los ojos que desbordan al pensamiento
de las noches cuando al otro lado
de la cama un río se obstruía
lento de deshechos. Luego en el sueño
profundo en una gran obra
reanudaba la vida a cuatro puentes.
Son veinte años que dormimos
juntos y solo ahora
sé que mi sangre
va de mi atrio al suyo.


*


daré simples besos de sutura
verteré saliva en cada juntura
seré descascarada y dulce a los dientes.
Cada mañana te cogeré un puñado
de flores en la calle.

Para ti tendré agujas siemprevivas
y despuntaré cada invierno para abrasarme.


*


en la gangrena abierta con los gestos
veo, y dejo de germinar
esta resina inútil.

Después con los labios me tomo
y llevo a dormir como haría
una gata con su hijo.


*


vuelvo a sumergirme en el cuerpo
azul y bueno de un domingo
en la mañana, fraterna a los demás
sin cabello y ojos, mudos
como en un día de trabajo
por pasillos
con otras sombras al costado.
Mas en este claro de saliva
cloro y semen, abandonada cada uno
su cáscara, gesto tras gesto entramos
niños con un signo de agua en la iglesia.


*

dormía sobre una página cada noche
blanca. La mañana
una sombra de mi peso, algunos pliegues
y rápido giraba: proseguir
es este punto aparte del principio
boca que pasa calor
al aire como si pudiese despertar
ser todavía salvada.

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