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Publicado: Martes, 22 de abril de 2014

Raúl Zurita

Serie: Poetas latinoamericanos


Raúl Zurita (Santiago, Chile,1951). Poeta, ensayista, antologador. Es egresado de Ingeniería Civil en Estructuras por la Universidad Federico Santa María de Valparaíso. Entre sus libros destacan: Purgatorio (1979), Anteparaíso (1982), Canto a su amor desaparecido (1985), El amor de Chile (1987), La vida nueva (1995), Poemas militantes (2000), Inri (2003), Los países muertos (2006) y Zurita (2011). Formó parte de la agrupación Colectivo de Acciones de Arte (CADA), junto a Diamela Eltit y Lotty Rosenfeld. Fue Agregado Cultural en Roma, Italia, entre 1991 y 1994. Su obra ha sido incluida en diversas antologías y traducida a varios idiomas. En el año 2000 recibió el Premio Nacional de Literatura.


áREAS VERDES

NO EL INMENSO YACER DE LA VACA
bajo las estrellas su cabeza pasta
sobre el campo su cola silba en el aire
sus mugidos no alcanzan a turbar
la grandeza de su silencio


Han visto extenderse esos pastos infinitos?

I Han visto extenderse esos pastos infinitos
donde las vacas huyendo desaparecen
reunidas ingrávidas delante de ellos?

II No hay domingos para la vaca:
mugiendo despierta en un espacio vacío
babeante gorda sobre esos pastos imaginarios


Las había visto pastando en el radiante

I Algunas vacas se perdieron en la lógica

II Otras huyeron por un subespacio
donde solamente existen biologías

III Esas otras finalmente vienen vagando
desde hace como un millón de años
pero no podrán ser nunca vistas por sus vaqueros
pues viven en las geometrías no euclideanas


Comprended las fúnebres manchas de la vaca
los vaqueros lloran frente a esos nichos

I Esta vaca es una insoluble paradoja
pernocta bajo las estrellas
pero se alimenta de logos
y sus manchas finitas son símbolos

II esa otra en cambio odia los colores:
se fue a pastar a un tiempo
donde el único color que existe es el negro

Ahora los vaqueros no saben qué hacer con esa vaca
pues sus manchas no son otra cosa
que la misma sombra de sus perseguidores


Vemos el increíble acoso de la vaca
La muerte no turba su mirada

I Sus manchas finalmente
van a perderse en otros mundos
II Esa vaca muge pero morirá y su mugido será
"Eli Eli / lamma sabacthani" para que el vaquero
le dé un lanzazo en el costado
y esa lanza llegue al más allá

III Sabía Ud. que las manchas de esas vacas quedarán vacías
y que los vaqueros estarán entonces en el otro mundo
videntes laceando en esos hoyos inmenso?


Sabía Ud. algo de las verdes áreas regidas?

Sabía Ud. algo de las verdes áreas regidas por los vaqueros
y las blancas áreas no regidas que las vacas huyendo
dejan compactas cerradas detrás de ellas?

I Esa área verde regida se intersecta
con la primera área blanca no regida

II Ese cruce de áreas verdes y blancas se intersecta
con la segunda área blanca no regida

III Las áreas verdes regidas y las blancas áreas no regidas
se siguen intersectando hasta acabarse
las áreas blancas no regidas


Sabía Ud. que ya sin áreas que se intersecten
comienzan a cruzarse todos los símbolos entre sí
y que es Ud. ahora el área blanca que las vacas
huyendo dejan a merced de las vacas del más allá de Ud.
verde regida por los mismos vaqueros locos?


Quién daría algo por esas auras manchadas?

Quién daría algo por esas auras manchadas
que las vacas mugiendo dejan libres
en los blancos espacios no regidos
de la muerte de sus perseguidores?

I La fuga de esas vacas
es en la muerte no regida del vaquero
por eso no mugen y son simbólicas

II Iluminadas en la muerte de sus perseguidores
agrupando símbolos

III Retornando de esos blancos espacios no regidos
a través de los blancos espacios de la muerte de Ud.
que está loco al revés delante de ellas


Daría Ud. algo por esas azules auras
que las vacas mugiendo dejan libres cerradas
y donde Ud. está en su propio más allá muerto
imaginario regresando de ésas persecuciones?


EPíLOGO

Hoy laceamos este animal imaginario
que correteaba por el color blanco





CORDILLERAS

/CI/

Se hacía tarde cuando ya tomándome un hombro
me ordenó:
"Anda y mátame a tu hijo"
Vamos -le repuse sonriendo-
¿me estás tomando el pelo acaso?
"Bueno, si no quieres hacerlo es asunto tuyo,
pero recuerda quién soy, así que después no
te quejes"
Conforme -me escuché contestarle- ¿y dónde
quieres que cometa ese asesinato?
Entonces, como si fuera el aullido del viento
quien hablase, El dijo:
"Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile"



/CII/

Con la cara ensangrentada llamé a su puerta:
Podría ayudarme -le dije- tengo unos amigos afuera
"Márchate de aquí -me contestó- antes de que
te eche a patadas"
Vamos -le observé- usted sabe que también
rechazaron a Jesús.
"Tú no eres él -me respondió- ándate o te
rompo la crisma. Yo no soy tu padre"
Por favor -le insistí- los tipos que están
afuera son hijos suyos...
"De acuerdo -contestó suavizándose- llévalos
a la tierra prometida"
Bien: ¿pero dónde queda ese sitio? -pregunté-
Entonces, como si fuera una estrella la que
lo dijese, me respondió:
"Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile"



/CIII/

Despertado de pronto en sueños lo oí tras la noche
"Oye Zurita -me dijo- toma tu mujer y a tu
hijo y te largas de inmediato"
No macanees -le repuse- déjame dormir en paz,
soñaba con unas montañas que marchan...
"Olvida esas estupideces y apúrate -me urgió-
no vas a creer que tienes todo el tiempo del
mundo. El Duce se está acercando"
Escúchame, -contesté- recuerda que hace mucho
ya que me tienes a la sombra, no intentarás
repetirme el cuento. Yo no soy José.
"Sigue la carretera y no discutas. Muy pronto
sabrás la verdad"
Está bien -le repliqué casi llorando- ¿y dónde
podrá ella alumbrar tranquila?
Entonces, casi como si fuera la misma Cruz la que se
iluminase, El contestó:
"Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile"





EL DESIERTO DE ATACAMA IV

I. El Desierto de Atacama son puros pastizales
II. Miren a esas ovejas correr sobre los pastizales del desierto
III. Miren a sus mismos sueños balar allá sobre esas pampas infinitas
IV. Y si no se escucha a las ovejas balar en el Desierto de Atacama nosotros somos entonces los pastizales de Chile para que en todo el espacio en todo el mundo en toda la patria se escuche ahora el balar de nuestras propias almas sobre esos desolados desiertos miserables





EL DESIERTO DE ATACAMA V


Di tú del silbar de Atacama
el viento borra como nieve
el color de esa llanura


I. El Desierto de Atacama sobrevoló infinidades de desiertos para estar allí
II. Como el viento siéntanlo silbando pasar entre el follaje de los árboles
III. Mirénlo transparentarse allá lejos y sólo acompañado por el viento
IV. Pero cuidado: porque si al final el Desierto de Atacama no estuviese donde debiera estar el mundo entero comenzaría a silbar entre el follaje de los árboles y nosotros nos veríamos entonces en el mismísimo nunca transparentes silbantes en el viento tragándonos el color de esta pampa.






PASTORAL DE CHILE

II

Los pastos crecían cuando te encontré acurrucada
tiritando de frío entre los muros
Entonces te tomé
con mis manos lavé tu cara
y ambos temblamos de alegría cuando te pedí
que te vinieses conmigo
Porque ya la soledad no era
yo te vi llorar alzando hasta mí tus párpados quemados
Así vimos florecer el desierto
así escuchamos los pájaros de nuevo cantar
sobre las rocas de los páramos que quisimos
Así estuvimos entre los pastos crecidos
y nos hicimos y nos prometimos para siempre
Pero tú no cumpliste, tú te olvidaste
de cuando te encontré y no eras más que una esquirla
en el camino. Te olvidaste
y tus párpados y tus piernas se abrieron para otros
Por otros quemaste tus ojos
Se secaron los pastos y el desierto me fue al alma
como un hierro al rojo sentí las pupilas
al mirarte manoseada por tus nuevos amigos
nada más que para enfurecerme
Pero yo te seguí queriendo
no me olvidé de ti y por todas partes pregunté
si te habían visto y te encontré de nuevo
para que de nuevo me dejaras
Todo Chile se volvió sangre al ver tus fornicaciones
Pero yo te seguí queriendo y volveré a buscarte
y nuevamente te abrazaré sobre la tierra reseca
para pedirte otra vez que seas mi mujer
Los pastos de Chile volverán a revivir
El desierto de Atacama florecerá de alegría
las playas cantarán y bailarán para cuando avergonzada
vuelvas conmigo para siempre
y yo te haya perdonado todo lo que me has hecho
¡hija de mi patria!




III

Allá va la que fue mi amor, qué más podría decirle
si ya ni mis gemidos conmueven
a la que ayer arrastraba su espalda por las piedras
Pero hasta las cenizas recuerdan cuando no era
nadie y aún están los muros contra los que llorando
aplastaba su cara mientras al verla
la gente se decía "Vámonos por otro lado"
y hacían un recodo sólo para no pasar cerca de ella
pero yo reparé en ti
sólo yo me compadecí de esos harapos
y te limpié las llagas y te tapé, contigo hice agua
de las piedras para que nos laváramos
y el mismo cielo fue una fiesta cuando te regalé
los vestidos más lindos para que la gente te respetara
Ahora caminas por las calles como si nada de esto
hubiese en verdad sucedido
ofreciéndote al primero que pase
Pero yo no me olvido
de cuando hacían un recodo para no verte
y aun tiemblo de ira ante quienes riendo te decían
"ponte de espalda" y tu espalda se hacía un camino
por donde pasaba la gente
Pero porque tampoco me olvido del color del pasto
cuando me querías ni del azul
del cielo acompañando tu vestido nuevo
perdonaré tus devaneos
Apartaré de ti mi rabia y rencor
y si te encuentro nuevamente, en ti me iré amando
incluso a tus malditos cabrones
Cuando vuelvas a quererme
y arrepentida los recuerdos se te hayan hecho ácido
deshaciendo las cadenas de tu cuello
y corras emocionada a abrazarme
y Chile se ilumine y los pastos relumbren.





IV

Son espejismos las ciudades
no corren los trenes, nadie camina por las calles
y todo está en silencio
como si hubiera huelga general
Pero porque todo está hecho para tu olvido
y yo mismo dudo si soy muerto o viviente
tal vez ni mis brazos puedan cruzarse sobre mi pecho
acostumbrados como estaban al contorno de tu cuerpo
Pero aunque no sobrevivirán muchas cosas
Y es cierto que mis ojos no serán mis ojos
ni mi carne será mi carne
y que Chile entero te está olvidando
Que se me derritan los ojos en el rostro
si yo me olvido de ti
Que se crucen los milenios y los ríos se hagan azufre
y mis lágrimas ácido quemándome la cara
si me obligan a olvidarte
Porque aunque hay miles de mujeres en quien poder alegrarse
y basta un golpe de manos
para que vuelvan a poblarse las calles
no reverdecerán los pastos
no sonarán los teléfonos ni correrán los trenes
si no te alzas tú, la renacida entre los muertos
Hoy se han secado los últimos valles
y quizás ya no haya nadie
con quien poder hablar sobre la tierra
Pero aunque eso suceda
y Chile entero no sea más que una tumba
y el universo la tumba de una tumba
¡Despiértate tú, desmayada, y dime que me quieres!





LA VIDA NUEVA

MI DIOS ES HAMBRE
MI DIOS ES NIEVE
MI DIOS ES NO
MI DIOS ES DESENGAñO
MI DIOS ES CARROñA
MI DIOS ES PARAíSO
MI DIOS ES PAMPA
MI DIOS ES CHICANO
MI DIOS ES CáNCER
MI DIOS ES VACíO
MI DIOS ES HERIDA
MI DIOS ES GHETTO
MI DIOS ES DOLOR
MI DIOS ES
MI AMOR DE DIOS




.

GUáRDAME EN TI

Amor mío: guárdame entonces en ti
en los torrentes más secretos
que tus ríos levantan
y cuando ya de nosotros
sólo que algo como una orilla
tenme también en ti
guárdame en ti como la interrogación
de las aguas que se marchan
Y luego: cuando las grandes aves se
derrumben y las nubes nos indiquen
que la vida se nos fue entre los dedos
guárdame todavía en ti
en la brizna de aire que aún ocupe tu voz
dura y remota
como los cauces glaciares
en que la primavera desciende.





INSCRIPCIóN 178

Te hablan ahora las rompientes de tu vida
Te cuentan de las falsas Itacas,
del naufragio en costas remotas
de tu cansancio doblándote hacia las olas
Te dicen que más allá está el final
de la tierra
que allí el mar se derrumba, que tu mar
amado se derrumba y que los barcos
nunca han vuelto
Te hablan en tu propia noche los temores
Que suenen entonces como algo que se
despierta estos poemas
como algo que está en ti,
como algo que cruce el mar y se despierta.





LA SINFóNICA DE LAS AGUAS

Llegaron entonces los ríos: los ríos del
sueño, cielo y vientos primero, los de la
vida después. En notas empezaron a hablar
entre ellos, en silencios las cosas de la
intimidad, en pausas las del entendimiento
y en acordes todo. Así fue el encuentro,
la comprensión, el sonido. Fue mente, opus
y música su llegada, y cuando rompieron
planeando sobre las cordilleras, se vio
el comienzo y el acabo al mismo tiempo.
Así es y se lee: notas de los primeros
torrentes tendieron el pasto coloreándose;
miles, millones de pastos poblando las
praderas en comunidad total de repartición,
ecología, luz y vastas planicies. Ese fue
el canto, el torrente, el vuelo,
........................ la sinfónica de las aguas.






EL DESIERTO

Abajo las infinitas piedras del desierto, montañas de
piedras, laderas, infinitas piedras sobre desierto como
un mar. Arriba el cielo, el cielo azul que cae. Las piedras
gritan al estrellarse con el aire, con el cielo que cae.
El desierto grita. Hay un muro de cal con nombres. Hay
un muro blanco y pequeñas botellas con flores de plástico
que gritan al doblarse bajo el viento.
Un poco más lejos hay un barco. Nadie diría que puede
haber un barco en el medio del desierto. Es un barco
grande, herrumbroso, recostado encima de las piedras.
Nadie lo diría, pero está allí. El mismo cielo que cae sobre
las piedras cae sobre él. Todas las piedras gritan.
Gritan, el desierto de Chile grita. Nadie diría que esto
puede ser, pero gritan.
Hay un barco en medio del desierto. Un barco reclinado
sobre las piedras del desierto y arriba la losa a pique del
cielo. El océano invertido del cielo cae sobre las piedras y
éstas gritan. Nadie, salvo las piedras son capaces de gritar
así. Mireya se tapa los oídos para no oír el chillido del
desierto. Chile grita, el desierto de Chile grita. Mireya
acumula pequeñas flores de plástico frente a un barco
arrumbado en el pedrerío.
Están las costas, las tercas costas sin mar trepando para
atrás sobre las olas muertas de los cerros.
Mireya dice que es la madre de Chile. Que es la madre de
un barco reclinado en medio del desierto.
De lejos parece una mancha negra, pero es un barco.
Debajo de las piedras amontonadas contra su casco
asemejan olas. Pero no son olas, son solo piedras y
gritan. Las rompientes encaramadas gritan. Está
también el sol cayendo a pique y flores de plástico
coloreadas como soles minúsculos. Está el mar del
desierto, está el mar de piedras del desierto hirviendo
frente a Chile.
Están las diminutas flores y las costas gangrenadas del
mar reseco.
Mireya les pone nombre a cada una de esas flores. Ante el
barco parecen minúsculos soles despidiéndolo.
El desierto grita, el puerto reseco grita, el mar de piedras
grita azotado por el viento. Mireya le pone flores a la
tripulación de un barco herrumbroso y negro. Cada flor
tiene un nombre y se doblan juntas como pañuelos
despidiéndolo. Mireya dice que es la madre de un barco
de desaparecidos arrumbado en el desierto. Dice que el
barco es Chile, que una vez fue un barco de vivos, pero
que ahora surca el mar de piedras con sus hijos muertos.
Las flores se doblan. Oleadas y oleadas de piedras chocan
contra los bordes de un casco herrumbroso.
Hay un puerto reseco y un barco con una tripulación de
muertos encallado en la mitad del desierto. Mireya dice
que son sus hijos. El mar de piedras grita.
Chile encalla y naufraga en el pedrerío reseco de las olas.
En las noches del desierto hay bruma, pero ahora es el sol.
Las piedras hierven bajo el sol y se clavan contra el casco
herrumbroso. Inmóvil el barco parece hundirse. Nadie
diría que un barco puede hundirse en medio del desierto,
pero se hunde. Vendrá en la noche la bruma, pero ahora
es el sol.
Hay una cruz. Hay un barco herrumbroso y negro que
naufraga sobre las piedras.
Quién diría de un país con una cruz hundiéndose en el
desierto. Quién diría de la noche sepultándose en la
mitad del día. Quién de una tumba clavada en medio del
día lleno de sol.
La noche se hunde en medio del día. Mireya dice que hay
un barco lleno de muertos hundiéndose en el desierto.
Un país de desaparecidos naufraga en el desierto. La proa
de los paisajes muertos naufraga hundiéndose como la
noche en las piedras. El sol ilumina abajo una mancha
negra en el medio del día. En la distancia parecía solo
una mancha, pero es un barco sepultándose a pleno sol
con su noche en los pedregales del desierto. Si ellos callan
las piedras hablarán.
Mireya dice que todos callaron y que por eso gritan las
piedras del desierto. Que gritan, que las flores son
también pequeñas piedras gritando cuando se doblan
frente a un barco de muertos.
El barco se hunde. Las áridas rompientes se amontonan
cayendo sobre Chile y chillan, las olas chillan, el terroso
mar chilla. Mireya le pone flores a la tripulación de una
patria de muertos encallada en la mitad del desierto. Dice
que fue el silencio de todos la tumba y que por eso las
piedras gritan tapiando la nave difunta de estos paisajes.
Un mar de muertos se está hundiendo entre las piedras.
El sol a pique ilumina una noche que desciende en el
sepulcro del desierto. Está la mancha como una fosa. El
barco desciende, los paisajes muertos descienden
mientras las empedradas olas se cierran arriba
tapiándolos. Está la noche en medio del día, están las
piedras que gritan.
Está la bruma de la noche del desierto hundiéndose en
pleno día. El barco muerto se hunde bajo la bruma de las
piedras y éstas chillan. Chile naufraga y el mar reseco se
cierra cubriéndolo, se cierran las olas de piedras y gritan.
La noche herrumbrosa y negra se hunde gritando en el
desierto.
Un barco de desaparecidos se hunde y las rocas muertas
se cierran encima chillando. Mireya se tapa los oídos y
pone flores de plástico frente a la fosa de las costas
muertas, de la noche muerta, de sus hijos desaparecidos
y muertos en los océanos piedra del desierto de Atacama.
Naufraga, se hunde. El barco herrumbroso se hunde y el
desierto se cierra sobre él cubriéndolo. Se cierra y Chile
se hunde, la cornisa muerta del Pacífico se hunde, la proa
muerta de los paisajes se hunde mientras las piedras
cayéndoles encima gritan que nada está vivo, que ya
nada vive, que si uno murió por todos es que todos están
muertos.
Los arenales muertos se cierran, la tumba de los paisajes
muertos se cierra.
Las resecas olas se cierran. Mireya dice que hay un barco
en un tierral de muertos. Que está allí, que una vez hubo
un país, pero que ahora es sólo un barco tapiado bajo el
mar muerto de sus paisajes.
Dice que si uno murió por todos todos los mares muertos
son uno, las costas muertas son una, las clamantes
piedras son una y que es el silencio la roca que tapió el
sepulcro de los paisajes. Ella dice que uno murió por
todos y que por eso hasta las piedras son el cuerpo que
grita mientras se clavan las llanuras muertas sobre Chile.
Todo ha sido consumado. El casco herrumbroso y negro
desaparece en el mar de piedras. El cielo cae encima de
ellas y éstas gritan. Hay un muro blanco rayado con
nombres y flores de plástico abajo. Hay una llanura y las
rompientes resecas del cielo que caen derrumbándose
igual que un tierral de muertos sobre el sepulcro de los
paisajes. Todo ha sido consumado. Mireya dice que todo
ya ha sido consumado.
Las rugosas rompientes caen, el mar difunto cae como un
montón de tierra. Los paisajes muertos caen como mares
de tierra.
Hay un barco de desaparecidos y muertos y encima las
piedras del desierto. Hay un muro blanco de cal con
nombres y detrás el océano de tierra cayendo sobre las
últimas planicies. Mireya dice que ya todo ha sido
consumado y deja pequeñas flores de plástico sobre la
planicie del pedregral que expira, ella dice que es el último
mar y que expira.
Que son las últimas piedras sobre un barco de muertos y
que expiran. Que Chile expira. Que solitario es usted el
último grito que expira bajo el INRI final de los paisajes.
...........................................................................In memoriam
Hay un barco en el desierto. Quién diría que esto
puede ser, pero hay un barco herrumbroso y negro
hundido en el desierto.




Selección de textos: Mario Meléndez

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