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Publicado: Lunes, 09 de junio de 2014

Héctor Hernández Montecinos

Serie: Poesía latinoamericana (1965 - 1980)


Héctor Hernández Montecinos (Chile, 1979). De su proyecto total, Arquitectura de la Mentalidad, que consiste en tres monumentales trilogías, dos ya han sido publicadas, La Divina Revelación (Ciudad de México: Aldus, 2011) y Debajo de la Lengua (Santiago: Cuarto Propio, 2009). A los 19 años recibió el Premio Mustakis a Jóvenes Talentos. A los 29, el Premio Pablo Neruda por su destacada trayectoria tanto en Chile como en el extranjero. Ha llevado a cabo festivales de poesía, editoriales, talleres, antologías, estudios literarios y performances. Mantiene el blog: www.acheache.blogspot.com


Padre nuestro
Padre mío
que estuviste en mi cama
porque mis sábanas fueron nubes
y en ellas ondeaba la sangre
de mi penetrante genealogía
que jamás ensuciado sea tu nombre
ni mi apellido
me llevaste a tu reino púbico
con tu cetro de sándalo condecoraste mi indecencia
hiciste mi voluntad la tuya
mis piernas y mi boca
me diste mi origen cada noche
sobre mi espalda
perdonaste mi estupidez
y no me dejaste caer en otras manos
que fueran ajenas
mi violador amado
mi rompedor de la piel
me liberaste de la infancia dolorosa
Padre nuestro
señor mío
a la edad de trece años me hiciste parte del Amanecer






Sólo el muerto es feliz cuando escribe
porque es la autobiografía de
otro No la historia de una vida
sino la vida de una historia que ha
experimentado la sensación de fin

Aun siendo así el movimiento de
la mano cadavérica Autómata Es un
género La emoción Ese momento
en que la noche está silenciosa y entra
una brisa fresca que levanta la cortina
de la ventana que da al Jardín
Codificado Todo en calma Afuera
nada se oye
Hablar solo Repetir todas estas líneas
para que luego la mano continúe
Se habla en voz alta y la mano oye
Medita y siente la tentación de no
escribir

El miedo preconiza todo lo que
vive El lenguaje es el único don
heredado de los muertos No tengo
miedo a decir en voz alta que el
lenguaje es el único don heredado
de los muertos Lo he dicho Silencio
Fue
Ahora estoy escribiendo mentalmente
No quisiera moverme La cortina
ya no se agita


(de La Divina Revelación)






LOS COLORES Y PAPá
(Fragmento)

Escenario:
El río. No muy lejos de casa.


Papá morí en el río.
Ellos fueron.
No los niños.
Esos juncos malvados me ofrecieron estas piedras.
Me dijeron que eran mágicas.
Yo les creí y me lancé al río.
Papá ellos me engañaron.
No fue mi culpa morirme.
Los niños me decían que no les hiciera caso.
Huye.
Huye.
Huye de esos juncos me gritaban.
Pero yo quería hablar con ellos como hablo con las abejas.
Los juncos son malvados papá.
No hables con ellos.
Querrán empujarte al río y morirás como yo.
Te darán unas piedras y te dirán que son mágicas pero no lo son.
No quiero que te mueras papá.
Ya no podrás dormir junto a mí.
Es culpa de esos malvados juncos.
Desde el fondo del río me pareces hermoso.
El sol brilla en tu cabeza y tiritas como la corriente del agua.
Bailas en el cielo.
No grites más mi nombre.
Ya me morí.
Tú no me ves y corres despavorido.
No conozco a esa gente que te acompaña.
¿Son luciérnagas?
¿Son cigarras?
¿Son libélulas?
Papá diles que no se posen en los juncos.
Son malvados.
Diles que vuelen más allá del río.
Hay un bosque muy fresco.
Y más allá hay unas montañas con una nieve rosada.
Papá tus manos se ven tan grandes.
Das manotazos en el agua.
Casi me tocas pero estoy en el fondo del río y no me alcanzas.
Estoy feo.
Hinchado y lleno de manchas.
Mi piel se puso blanda y se deshizo.
Estoy feo papá.
Mejor no me busques más.
Dile a mamá que me fui con las abejas.
Ella sabe que también hablo con las flores y nos creerá.
No quiero que me regañe.
No le digas que le hice caso a los juncos.
No le digas que creí que estas piedras eran mágicas.
No le digas que eres hermoso.
Mamá no es mamá.
A mamá se la llevaron los coyotes.
Yo vi cuando vinieron y se fue con ellos.
Los besó en la boca y les dio de comer.
Eran tres coyotes.
Tenían los ojos rojos y hablaban raro.
Mamá sacó una rata de su entrepierna y se las dio.
Los coyotes la despedazaron.
No.
No era una rata.
Era un conejo.
Sí.
Eran decenas de conejos.
Los coyotes olieron toda la casa.
Yo estaba escondido debajo de las cascaras de patatas.
No pudieron verme.
Mamá los invitó a la cama y se movieron con ella.
La mordían y mamá gritaba.
Yo quería ayudarla pero mamá levitaba y no la podía alcanzar.
Más conejos caían de la cama.
Estaban ciegos y de su boca salía vino.
Esos conejos no eran conejos papá.
Eran corderos.
No tenían patas.
Eran horrendos y yo tenía miedo.
Mamá seguía levitando y los coyotes aullaban.
Mamá te dirá que no es cierto.
Te dirá que los coyotes eran mis amigos.
Que yo dormía con ellos.
No es verdad.
No creas en sus palabras.
Te dirá que te sigo cuando vas al río.
Te dirá que me desnudo cuando te desnudas.
Pero no le creas papá.
Ella duerme con los coyotes.
Créeme a mí.
Los juncos me dijeron que esas piedras eran mágicas.
Por eso fui con ellos.
Me engañaron.
Al tomar las piedras se hicieron grandes y caí al río.
Eran dos piedras.
Tenían pelos y eran suaves como la piel.
Las besé papá.
Tú estabas sobre mí en sueños.
Los juncos son malvados.
Mamá cortaba la leña antes que regresaras a casa.
Los árboles sangraban y ella se reía.
Tenía dos hachas.
Una en cada mano.
Arrancaba los árboles de raíz.
Estaba loca.
En eso volvieron los coyotes.
Bebieron la sangre de los árboles y también rieron papá.
Yo los vi.
Mamá no es mamá.
Ella te dirá que me fui con los niños y que no me busques más.
Estoy en el fondo del río y no me ves.
No te acerques a los juncos.
Son malvados.
No me busques donde acaba el camino.
Los coyotes aparecerán y querrán comerte.
No regreses a casa porque mamá no es mamá.
Vete con las abejas.
Te darán miel.
Te gustará como me gusta a mí.
La hacen las flores cuando sueñan.
Papá anochece.
No me busques más.
Estoy feo.
Mi cabello se desprende y se va con el agua.
Ya no tengo ojos pero aun así te veo papá.
Huye antes que aparezcan los coyotes.
Vete con esas luciérnagas.
Vete con esas cigarras.
Vete con esas libélulas.
No vuelvas a casa todavía.
Toma papá.
Toma estas piedras por si aparecen los coyotes.
Coge papá estas piedras.
Son piedras mágicas.
Eso papá.
Abre tu mano.
Acércate un poco.
Acércate un poco más.


(de O4, inédito)




Selección de Mario Meléndez

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