Buscar
PANC
Publicado: Jueves, 12 de junio de 2014

Sergio Rodríguez Saavedra

Serie: Poetas chilenos


Sergio Rodríguez Saavedra (Santiago, Chile, 1963). Es autor de los libros de poesía Suscrito en la niebla (1995); Ciudad poniente (2000 - 2002); Memorial del confín de la tierra (2003); Tractatus y mariposa (2006); Militancia personal (2008); Centenario (2011), Noticias de Pedro Lastra (Selección y prólogo, 2012) y Ejercicios para encender el paso de los días (2014).


Premio Beca de Creación del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1999 y 2004); Festival de todas las artes "Víctor Jara" (2002), Eduardo Anguita (en sus versiones 2008 y 2010) y Letras de Chile (2014) entre otros. Textos y muestras de su poesía se pueden encontrar en Jornal da Palabra (Sao Paulo), The dirty goat (Austin), Heterogénea, Revista de Poesía (Zaragoza), Revista hispanoamericana de literatura INTI (Pennsilvania), Luvina (Guadalajara), Sibila (Sevilla) y las antologías nacionales Antología del Valle de Elqui. Tomo I. (La Serena, 2003), Antología de los juegos y el deporte (Santiago, 2004), Fértil provincia, antología de la poesía chilena (La Habana, 2008), Fin de siglo: nueva poesía de los 80 (Santiago, 2009), Antología de Poesía Chilena Onomatopeya (Santiago, 2012) entre otras. Fue Subdirector de Revista Rayentrú, Editor de reseñas del periódico Carajo, colaborador de Revista Pluma y pincel, suplemento Literatura & Libros y semanario El Siglo. Actualmente dirige el proyecto editorial Santiago Inédito.





EJERCICIOS PARA ENCENDER EL PASO DE LOS DíAS
(Selección)


Construcción de una pira

Levantas la frase, rama seca del sentido.
Hueso a hueso compones la pira
donde arderán ciertos signos, letras
cayendo de un bolsillo roto.
Enciendes el fósforo
raspándolo contra un poema de Magrelli.
Llama diminuta es la escritura:
incendio o cabeza quemada.
Llama diminuta entre palos secos.
Así debe arder el poema:
del poderoso tiempo
a la ceniza.


Combustión interna

Es hoguera. Debes
hacerla y venir.
Mirarnos así: leño
y piel. Por dentro,
por fuera. Días y
años. Hoguera el
tacto, la mano. Pubis
y corteza. Arder del
sueño a la noche.
Sin horarios ni
minutas. El sol está,
pero cuándo.
Todo lo que arde
es amor, el resto
ceniza.


Cono sur: women

hay demasiados gatos en esta lluvia women
tú dirás que olvide los mercados de Bostón
y si acaso es siempre así en Santiago

yo te digo aún, pero hoy más que otros relámpagos
sólo yo conozco la distancia entre el primer verso que escribí
y cuanto dolor costó mirar este cielo

ni taxis ni black coffee en el horizonte
cono sur: women, pie, barro y mariposas al alcance
de las sombras

arenas negras como el mensajero de lo todo lo perdido
arenas negras y un poco de madera para abrigar la mirada
un cigarro que arrastra sus versos por el humo
como S. Plath la llamada del que vive muerto

por supuesto la tesis está casi terminada
y en Chile jamás hubieras dormido con la espalda tranquila

ya tienes un ofrecimiento en Connecticut o algo
parecido a otro lugar -yo tengo los gestos de otra huida
junto a esta costumbre de dormir tarde

tienes razón con los gatos, me dices, desnudándote


Durante algún tiempo amé una mujer de pelo largo

Dejábamos la ventana entreabierta
para que la música tuviera el mismo volumen de la lluvia

para que el mundo quedara fuera del tiempo como los gatos
para que la oscuridad nos sorprendiera
cubriéndonos con el sudor salado del sexo

durante algún tiempo cimbraba la calle con su pelo
y yo amaba cuanto pudiese caminar

comencé a escribir nuevamente sobre la ciudad
como si el origen de los deseos fueran sus noches

como si reconocerla fuera lo mismo que trenzar un cielo

Y algunas veces
(y todavía)
dejábamos pasar el viento


Sin elección

Tú y yo necesitamos un lugar
donde colgar nuestra lluvia

un clóset con suficiente espacio
para regresar de ningún lado e ir
a ninguna parte

el lugar de los recuerdos infelices
y las comidas cubiertas con papel aluminio

necesitamos que los perros ladren su luna
tras un fondo de ciudad

luego podremos hablar de amor y vino tinto

tañer la tarde

secar los cuerpos


Boceto

Alguien dice que esto no se entiende,
por qué no enciendo la luz en las palabras.
Yo humedezco mis dedos en lluvia
apagando aquella vela que no encendí.
Alguien insiste sobre el lenguaje
de las cosas comunes, la canción del amor.
Le muestro mi hueso de calle angosta,
la vieja escoba con que barrimos los días
mientras el vecino se pegaba al televisor.
Le digo que hoy no, que vino la sombra
y me nombró, que vino la camisa por mis
sueños, que soy lo que alcanzo a distinguir,
soy lo que no pueden ver. Les digo
que este lápiz es un fósforo quemado
antes de ver el sol.


Globo de cumpleaños

Tocas el otro lado de tu ser, la punta que lame con aquella reseca
ésta que posee una pelea perdida con aquel golpe de suerte en las carreras

allí mismo, casi a punto de darse la mano agitan sus dedos el primer amor y
la compañera que abraza tu regreso cada día

tocas el delicado espacio que dejamos tras nosotros
mientras llegamos a una esquina que ya no está

ciertos codos gastados se ordenan junto a la corbata de hoy
cierta pereza de tarde limita con las obligaciones del día

tocas el otro lado de tu ser: y revientas.


Wurlitzer

Cuando entro a esta casa veo un hombre escuchando canciones
que dejaron de existir, letras cuyo baile está perdido

ciertamente la radio no tiene electricidad
y sus clavijas apenas se sostienen en el polvo
pero el hombre sigue sintonizando
canciones que dejaron de existir

me inquieta esa porfía
(trato de razonar con él, tarareo un hit de hoy, ensayo algún paso de moda)
pero el muy terco se obstina en mover el dial sin ninguna dirección

aunque el problema no es su existencia
ni la soledad ni lo terco que puede ser un hombre
escuchando canciones que ya dejaron de existir

el problema es que al cerrar la puerta comienzo a oír suavemente, apenas
una canción sin nombre.


He preparado mis huesos con suficiente ceniza.
Amado con todo el ardor


Lo demás, un disco de Miles Davis
que sigue sonando fuera de ningún lugar,
el tránsito entre una casa y su habitante insomne,
algunos ladridos que rechinan cuando abro la puerta,
el soplo de algo que podría llamar viento, pero no.
Puedes despedirme esta tarde. He visto la velocidad
perdida del terco tiempo en el crecer de dos hijas,
la risa mojada de risa, el llanto secado al sol.
Sólo podría aconsejarte nadar contra la corriente
sin perder de vista aquella mirada, ciertas páginas de Onetti,
un vino escanciado bajo el parrón. No tengo más
que tinta de herencia, estos libros, sus poemas,
pues, como reza el título, sólo hice dos cosas en mi vida:
preparar mis huesos con suficiente ceniza, amar con todo el ardor.


Bonzo para una escritura suicida

No es por rabia que unto en bencina la situación
de mi rostro, no son estas lágrimas las que apagarán mi cuerpo.

No es por rabia que me incendio ni por orgullo
que ilumino lo claro del día, lo trémulo
del viento que aviva este chamuscar. Nadie debe creer
que soy la ceniza que dejé, sino este segundo de luz.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net