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Publicado: Miércoles, 18 de junio de 2014

Pablo Thiago Rocca

Serie: Poesía latinoamericana (1965 - 1980)


Pablo Thiago Rocca (Uruguay, 1965). Escritor, crítico e investigador de arte. Director del Museo Figari (Montevideo). Vive en Salinas en la costa del Río de la Plata. Como poeta ha publicado cinco libros, un disco compacto y participado en diversas antologías, así como en los festivales de Asunción, Berlín, Buenos Aires, Montevideo y Rosario (Argentina). Con Nada (Premio 2008 del Municipio de Montevideo) inicia la trilogía heraclitana Las Vicisitudes del fuego. Textos suyos han sido traducidos al inglés, francés, italiano y alemán.


el escultor

no podría si quiera
soñar tu cara de esmeralda partida
y pulida con brutal esmero
ni limar silente las aristas de tu cuerpo
hasta que una delgada brisa
parecida al tiempo
esparciera ese aserrín perfecto de carpintero viejo
ese trabajo de dioses juntapapeleros
aunque fuese un verdadero escultor
escultor de la muerte que heredé
picapiedras pica papeles inamovibles como cadenas
aunque tuviera
la prueba de tu infamia
y los golpes los besos de un mar de desencuentros
me ayudaran a reconstruir
la fatiga de nuestro único sueño
y así sin embargo con el cincel de la imagen
como labrar el agua
no podría

(de Poemas y otras mentiras, 1989)





edad del cuerpo

llueve sobre el mar
como una redundancia

estamos descalzos en el aguacero
hambrientos para la tarde
que es agua

fuimos hechos para cosas así
supongo
la arena se disuelve en la arena
el tiempo no guarda palabras

(de El cuerpo y su sombra, 1997)





la visita

con los primeros rumores llegan / a cobijarse junto
a la mesa de siempre: / a cada cual le toca su
hogaza de pan / a cada cual la cuchara / el cielo
oscuro de la copa

en la tarde tibia / bajo una luz incierta / sus ojos
tienen hambre / sus bocas tienen sed de lo nuestro

pero los muertos no hablan
reunidos como cardenales en torno a la mesa

alguno por un instante recuerda / la vieja mancha
en el mantel / el brote de laurel en la cocina
alguno quisiera decir / simplemente decir
y la pupila se le llena de día

desde los cuadros / otros muertos inmóviles
los miran sin ver / y todo pasa bajo una escarcha
de fuego y espasmo

pero pasadas las seis / algo cala hondo en sus espigas
algo que no puede ser luz / cala hondo
en las espigas de sus huesos / y la pregunta asciende
entonces / inútil como una grieta / hasta el filo
de las gargantas:

dónde?
dónde estamos?

yo espío detrás de las cortinas de la conciencia
y el velo de las cortinas respira





suburbana

vivimos al margen de una ciudad / en retirada
una ciudad que se ha ido hacia vagones
tardecinos / en ferrocarriles que ya no pasan
nunca

vivimos en esta incandescente primavera / de los
muertos / consternados por el merecimiento
de los vivos y el anuncio / de su brevedad

y vamos sin casa y sin objeto / deambulando por la
ruta ajena / malgastando las monedas de la dicha
en 3 ó 4 palabras inútiles / como por túneles
sangrientos / como por bocas despiadadas

que preguntan y preguntan y preguntan / por qué
vivimos así / desalmados / en los suburbios de dios
como si nunca antes / como si tal cosa

(de Los suburbios de dios, 2000)





recuerdos de hospital

veo cicatrices
largas como avenidas
en sus parques se detiene a pensar el recuerdo

la señora de la sala 400 enseña su tajo ancestral:
una cesárea más antigua que su cuerpo
y el niño extiende la mano y toca:
la cicatriz es un túnel por donde pasan silencios

toda la noche manaba sangre y luego
fue de día:
el hospital es más blanco
que lo negro peor

entonces vi asomarse el sol en la ventana
y el mundo giraba
sentado en su silla de ruedas

y vi Señor
que estaba
todo todo todo
lleno de ombligos

(de Túneles para viajar por la carne, 2004)






Codo a codo

Escribe en su diario: "Parto a las cinco menos cuarto, con cielo cubierto, amarillo por encima de las aguas amarillas". Una hora más tarde lo reciben funcionarios de la embajada. Duerme, come, fuma. No sabe qué hacer Albert Camus en Montevideo. Esa ciudad simple le hace soñar con una felicidad fácil. Conoce a Susana Soca, conversa con Bergamín, soporta a las mujeres del "gran mundo" que después del tercer whisky se le ofrecen con descaro. Pronto se escabulle entre las palomas de la Plaza Constitución. Es la noche del 20 de agosto de 1949: mi padre tiene 18 años y sale del cine luego de ver Ladrón de bicicletas. A la altura de la calle Ejido los que no se conocen caminan codo a codo. Un amigo espera a mi padre para conducirlo al burdel de la calle Miguelete -una vieja casona aún en pie-, donde debutará con "la francesa". Camus marcha al hotel paseándose con un periódico bajo el brazo. Mi madre no existe. Camus fuma. Ambos fuman después de una noche amarga. A las ocho de la mañana parte el avión para Río de Janeiro. La playa está desierta. Duerme el padre con lo que queda de su primer sueldo en el bolsillo. El río es una pizarra rota bajo un cielo de escarcha.

(de Nada, 2009)





epistolario

los domingos intercambiamos parientes
como cartas / esos trajecitos ocres
que nos ponen para ir de visita
son como sobres de manila
y nuestros ojos / lamidas
estampillas

así atravesamos el fuego de los siglos
hasta llegar a una chacra de melilla
comer dulce de higo y dejarnos besar
por tías hermanas de algún
diluvio

yo no sé qué hago al pie
de un muro / con los bolsillos llenos de
manos y los puños cerrados
sobre una legión de hormigas

la tarde sofoca las palabras
del domingo / las tías incendian
un té benigno
los perros tampoco saben
lo que pasa

(de La Hoja Nr 1, 2010)





Selección de Mario Meléndez

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