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Publicado: Martes, 08 de julio de 2014

Mario Antonio Rosa

Serie: Poesía latinoamericana (1965 - 1980)


Mario Antonio Rosa (Puerto Rico, 1966). Poeta, Periodista Cultural, Crítico Literario, Editor y Profesor de Literatura. Ha publicado Misivas para los Tiempos de Paz (1997), Editorial Isla Negra; Tristezas de la Erótica (2003), Editorial Isla Negra; y Duelo a la Transparencia (2005), Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía Guajana 2010 auspiciado por el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico, Premio "Turpial de Oro" de Poesía Sociedad Venezolana de Arte Internacional (2011), Premio Internacional de Poesía auspiciado por The Latin Heritage Foundation (2011). Es Delegado Cultural para Puerto Rico conferido por la Unión Hispanoamericana de Escritores con sede en Perú-Madrid-Israel.


PASAJE O ALMA

En la carretera un silencio
un arpa de hojas, alguien que se siente y solo es sombra;
esa lejanía desconocida sin transeúntes
esa voz de luz, indescriptible de todo.
El subir quebrado y perfilado de los robles secos
como el rostro de un patriarca dormido
la ausencia del agua, y lo que la imaginación duerme

como un corazón, a mapa de muchos ojos.

Miro al silencio,
toco el silencio y es el aire en panderos vivos
chasquea en los dedos sus auras nocturnas
se suben a la frente, no avisan su vacío,
oh la voz de la luz me va naciendo lejos
o tú, paisaje, en esa cortadura tibia de tu cercanía
vas abriendo artesanos surcos de ecos,
y nadie te ofrece, yo no te ofrezco, mis ojos se han ido,
contigo en otra noche sin encontrarnos,
alma y no sé qué cosa de tu desnudez, de tu valija,
donde siempre un eclipse guarda milagros

mientras voy en el auto, esta invasión solemne
se callando conmigo, todo es alma, en luces y desgarres,

o todo pudo haber sido yo

lejos de la palabra.



MAR DE VERANO

El mar amarillo del verano
con su fuego mojado y sus pronombres
la sensación de soledad bajo morada
y una ola pequeña consolándose en los pies

el mar herido con el sol
las nasas que se extravían al escándalo de resplandores
y los peces de otras noches cierran el escalofrío

en el mar amarillo de una mujer desnuda,

el viento que llega ciego en sus cruzadas,
se va en extranjería y amanece en tu cara
con ese ropaje dulce de náufrago rendido
porque las barcarolas que perecen tienen dueños en el alma

quizás tu propia astronomía,

esta es una flaca canción del mar,
puede ser esa acuarela que intentaba pintarme arrepentido,
en ese abuso de quemarme marinero en tierra

y no mirar atrás,
imaginado por tu único amor

imaginado sin nada,

rebelde y tuyo.



BOINA GRIS

Boina gris, es el último pájaro que conozco,
que trae pedazos del alba hasta mi ventana y los picotea
como si estuviese adivinando un cuerpo para astros
o echándole el rostro a la hierba

viaja a contraluz con el aire del campo
es dueño de las cosas pequeñas para el mundo
no tiene amigos; solo esa mansedumbre del aire que escribe sus abrazos,
que llegan hasta algún latido del mar,

para que el milagro del vuelo prevalezca.

Día a día le he ido escribiendo este poema,
lejano de los hombres, y hecho a su idioma puro,
coloreado con los racimos de sus vuelos y cantos desvariados
a veces desnudo en rebeldía, semisoleado de visiones,

a veces como yo, de frente a la noche
olvidado del tiempo, casi fuera de mí, en navegación ciega,

hacia cualquier tránsito,
como él, llegando con la aurora,
dios contrariado y tierno,

hermoso en sus eclipses.



VENTANA NOCTURNA

Dejo que el aire habite su costado,
las islas rotas desangradas por el sueño
el después de esa música donde cada quien se desnuda,
y va con su sudor, bajo lámparas calladas,
misa para desterrados, otros fuegos sin lenguajes

dejo que el aire sea tu ventana,

escucha,
lo lejano llueve sobre lo lejano
se acerca un aliento, unos pasos, un invisible,
escucha y esconde nuestra herida,
es mejor que tus manos sean esta noche
donde cada voz toca su despojo, agrede con ciudades,
imagina camas sitiadas de estatuas,
escúchame si estás enamorada, o fuiste enamorada
quédate de espaldas al mundo, nadie llega,
la noche nos derrumba en rebeldes invasiones,
es mejor que te escuches en el sublime oscuro
es alta la oscuridad en la suma de los seres,

deja que el aire te imagine,

escucha por el aire,

la fuerte herida del infinito.



DE KILóMETRO SUR

VIII.

Este hombre, este pájaro interior
este milagro degollado de viajes hermosos
levanta su nueva marejada del desierto.

Ahora sientes el verano blanco y en pendientes
colinas hechas con agua de ciegas huellas
anacondas vigilan el próximo salto de la noche
deseando de la sed los mejores pantanos de amor
ya calcinadas de hambre
regulan el puerto de las estrellas,
hasta nunca saber qué muerte es cierta, reyerta de vacíos
al paso que nunca sabrá el tiempo.

Camino sin pensar en una pisada fiel
nada más con mi mochila, un cigarro y ron
apretándome el recuerdo de unos senos pequeños.

Llena de desvelos se enciende una cigarra
la noche es otro ojo que parte un océano de negación

¿yo?

De pronto nuevos robles se brindan en las alturas
una niebla para extraños sesga la cosecha de los sueños:

duermo.

(de Kilómetro sur, 2013)




Selección de Mario Meléndez

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