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Publicado: Sábado, 02 de agosto de 2014

Carlos Eduardo Jaramillo


Carlos Eduardo Jaramillo (Loja, Ecuador, 1932). Reside en Guayaquil. Poeta y abogado. Es autor, entre otros, de La trampa (1964), Maneras de vivir y de morir (1965), La noche y los vencidos (1967), El hombre que quemó sus brújulas (1970), Las desvelaciones de Jacob (1970), Una vez la felicidad (1972), Crónica de la casa, los árboles y el río / Viaje al planeta Eurídice (1973), Perseo ante el espejo (1974), La edad del fuego (1977), Tralfamadore (1977), Blues de la calle Loja (1991), Canciones levemente sadomasoquistas (2000) y la antología Poesía junta (vol. 6, 2006). En 2007 recibió el galardón Eugenio Espejo.


CANCIóN PARA LA AUSENTE

Tambaleándome, a punto de caer
en la más negra desesperación,
mordido por los canes de la duda,
por los tremendos dientes de la amargura,
lacerado, quitándome las vendas
de las heridas y el espeso llanto,
tras de tu adiós y su indecible huella
sin trampas ni autosugestiones,
aguanté el sufrimiento como un hombre
hasta que se cansó ya de dolerme.

No he ido a la taberna
ni a la botica por sedantes
ni a los brazos de otras mujeres.
Pero en el cine
al ver que los amantes
se desnudaban para amarse,
casi he llorado.

De Maneras de vivir y de morir (1965)



UNA VEZ LA FELICIDAD

Una vez la felicidad vivió bajo mis hombros
asustó pájaros y vampiros
rompió los dientes y los sortilegios de los brujos
puso el mundo a mi lado como un saco cerrado
juzgado y comprendido
sin abrir una puerta me hizo saber que había transpuesto
la región del secreto
la gran verdad olía como un jardín
mi amada y yo éramos dos ángeles vagamente obscenos
los sexos flores luminosas en la niebla primaveral
de los deseos
la felicidad me separó de mi parentela y de todos los que
gozaban bienestar
pero que no alcanzaron el estado de gracia
la felicidad asimismo me dejó
dándome firmes compensaciones
virtudes solidarias
mujeres en el lecho
y anduve otra vez a caza de la verdad como un ángel
amnésico.
He tratado de reconocer el olor de aquel jardín
el color de ese sueño
hurgarme por alguna señal guardada al fondo
por la cicatriz de las alas.
El mundo me rodea como una cintura.
Un tiempo la felicidad me hizo desear y temer la soledad
el dolor me ha devuelto a la vida
a su esplendor y a sus estercoleros.

De Una vez la felicidad (1972)


NEFERTITI LA BELLA HA VENIDO

3. NEFERTITI DESNúDASE

Nefertiti se saca las sandalias
sin bajar la cabeza
se desnuda
en una danza lenta y silenciosa
Tiéndese luego en el tálamo /perfuman
sus pechos de higo de la estación el sándalo
de sus piernas juncales/
Nefertiti impone con el aletear de sus pestañas
el tono de la luz las variaciones
del estremecimiento
asciende y desciende
se reposa
se mira al fondo de los ojos del que va a morir
extrae de la muerte su dulzura.


4. NEFERTITI SE MIRA EN EL ESPEJO

Nefertiti
dime que al mirarte en mis ojos
no era a ti a quien mirabas sino a mí
dime que yo no era solamente
el animado espejo que te amaba
el instrumento
del amor incestuoso de ti misma
dime que
en el instante de tu gozo
no estuve afuera
aullando
de placer y de furia solitarios
Dímelo aunque no fuera más que en el cifrado
lenguaje de tus ojos sin memoria.

De Nefertiti la bella ha venido (1977)


Y UNA CHICA DE MI PUEBLO LLORARá

Yo debí tener una chica de 17 años con el rostro y la ternura
de la Alice de "Manhattan"
la tuve seguramente en otra edad pero no es lo mismo
Woody Allen
a los 25 que a los 46
para recordar la pureza de ese rostro y esas lágrimas
cuando le dije a Ella por su bien que me había enamorado
de otra
y a Ella le partió el corazón saber que alguien podía
gustarme más que Ella
que su perfume de azahar su consistencia de durazno
madurando en mi boca
así son los adioses así son
así eran por lo menos en mi edad de pureza
aunque seguramente todo ese harakiri sentimental
haya sido por carta
/yo no habría podido resistir jamás la mirada de
Mariel Hemingway
ni de la Verdadera cuya huella se perdió
en los insolados laberintos de mi memoria/
al olvido amor al olvido
para que yo pueda sobrevivir /lo he hecho/
caricatura de mí mismo
falto de honestidad y de rigor para conmigo
para
con lo mejor o lo único bueno de mí pero con garra dura
para asirme a la tabla de vivir
y lo que es peor casi contento
conforme entonces con volver un poco más arriba
a mi antiguo oficio de porquerizo
sintiendo el resplandor del oro de las Indias a mis espaldas
el crujir de los huesos de la fama empinándose para sonar
como un solo de Amstrong
como un viejo largo río de llorar.
Adiós una vez más Eurídice novia adolescente
perdida en el infierno de una vida enervante en otra compañía
que no la mía la de mi propio infierno
adiós hermosa posibilidad
de haber sido humillada desgastada ajada por mi mano
porque así es toda vida
salvada en la ignorancia y el olvido.

De Canciones levemente sadomasoquistas (2000)


ELLA

Ella
a quien no le dedico este poema
sabe mejor que nadie
que no puedo sacarla de paseo
mostrarla en la escritura
darle besos volados
ella sabe muy bien
que no nombrándola
está
que hizo su casa
dentro de mí en algún sitio
donde es penoso y duele
ella sabe que es el unicornio animal fabuloso
sirena desperdiciando su canto
porque yo mismo me he amarrado al mástil
con nudos ciegos
ella sabe además
que se multiplica en espejos innumerables
que ella es
la Otra
inasible
que juega con mi corazón en sus manos
ella sabe muy bien
que es una mariposa nocturna
un sol reminiscente en mitad del verano
ella sabe también
que es tan mudable
que no encuentra su forma
atrapada en la fiebre de su magia
ella no sabe en cambio muchas cosas
que yo ahora sé
y que mañana no sabré
ella siempre detrás de la pared
en el trance de ser
y no asomarse nunca con su rostro
de haberse extraviado en el rostro y la forma
de las otras
de la Otra
ella misma en la sombra
de frente o de perfil
amándome
dejándome
volviendo
detestándome
confundida también en la sala de espejos de mi yo
buscando cuál el verdadero al que se pueda herir
con amoroso daño
ella la Otra
que se inventa los modos de Ella
su sentido de culpa original
su purificación por el olvido
ella la que se acuesta debajo de su sombra
tratando de morir
y no puede.

De Canciones levemente sadomasoquistas (2000)

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