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Publicado: Jueves, 28 de agosto de 2014

Leonardo Varela

Serie: Poetas mexicanos


Leonardo Varela (Ciudad de México, 1970). Reside en La Paz, Baja California Sur, desde 1984, donde se graduó como licenciado en Humanidades. Autor de una docena de libros de poesía, de los cuales destacan "Prohibida azul distancia", "Comala Blues", "Palabras para sobrevivir en el desierto" y "Perihelio/Elefantia". Autor, también, de la antología poética "Voz de la estirpe: poemas y poetas de BCS en el siglo XX", el volumen de cuento "Desiertos" y la novela "El miedo a las imágenes". Ha recibido diversos premios nacionales e internacionales de poesía, como el Jaime Sabines en 2003 y el Gilberto Owen en 2010. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del CONACULTA.


Poemas de Leonardo Varela



Bucólica

a Leopoldo María Panero


Algún día
nos cansaremos de errar
por estos valles de comedia
Pastores sin rebaño. Ovejas negras
La marea de los pastos
peinados por la sed de los alisios
recorriendo la erguida
estepa de la muerte. Dejaremos entonces
a un lado las zaleas
y vendremos los lobos
de uno en mil, cantando





Lanzarote



Sobra decirlo todo, pesa
como lluvia la música
y el incendio se aleja exasperado
por las voces que hurtó
de la memoria. Este, mi aprendizaje
a golpes de molino, a trechos
de espada sin saber
si valía la pena tanto gozo
El cuerpo insiste en su caída,
busca en el vértigo su bandera
y en la desolación
los cantares de siesta
de tu nombre. Tal un amargo vino
que pulsara la boca derramada, las venas
tristes por un mar del Norte




Herir



Es un lugar común
describir la faena que protagonizan los amantes
y al final no se sabe
cuál de los dos es el toro
La novia
empitona sus pechos
para las armas del hombre
El diestro
juega a no ser tocado
Ambos embisten,
Alguno
es el primero que sangra




Vencer al Minotauro



De la valiente Ariadna no pude retener sino el oro más fino de sus cabellos
Celoso por el padre que la desposaría con la muerte,
me adentré en la ciudad
sin saber qué recodo de mi sombra ayudaría a vencer al Minotauro
Consciente de haber sido una esperanza nada más, fruto
de la inconsciencia heroica,
a seiscientas doncellas que serían sacrificadas
las hice mis esposas. Discretamente ungido
por sus besos, me deslice en la noche, tembloroso
y ebrio, desvelado
por las arpas que el viento tañía entre sus muslos
y la miel que vertieron en sus labios
Llegué hasta aquí, pero me siento solo y aburrido
Extraño vuestros mantos, los peines delicados
con que ordenáis el tiempo, vuestros raros perfumes
Sería tan hermoso
ser el más miserable de todos los esclavos




Paradiso



De todo esto quedará para ti la memoria de un árbol
Hoja que se desprende para dejar el tacto gastado de raíz
Ausencia que habitamos con los huesos ennegrecidos por el fuego
Agua del torso, desnuda flexión del brazo
que sostiene a la estatua
En espera del reino por venir, fluye tu gracia confundida con el oro
Al margen de la niebla, mi olvido es un relámpago
equivoca
el sitio donde cae
He aquí los nombres comunes al invierno:
He aquí la canción del gavilán extasiado en la belleza del Diluvio



Los poemas pertenecen al libro Palabras para sobrevivir en el desierto, 2007.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net