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Publicado: Viernes, 19 de septiembre de 2014

Mario Meléndez


Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971). Estudió Periodismo y Comunicación Social. Entre sus libros figuran: Autocultura y juicio, Poesía desdoblada, Apuntes para una leyenda, Vuelo subterráneo, El circo de papel y La muerte tiene los días contados. En 1993 obtiene el Premio Municipal de Literatura en el Bicentenario de Linares. Sus poemas aparecen en diversas revistas de literatura hispanoamericana y en antologías nacionales y extranjeras. Parte de su obra se encuentra traducida al italiano, inglés, francés, portugués, holandés, alemán, rumano, búlgaro, persa, catalán y macedonio. Durante cinco años vivió en Ciudad de México, donde dirigió la serie Poetas Latinoamericanos en Laberinto ediciones y realizó diversas antologías sobre la poesía chilena y latinoamericana. Actualmente radica en Italia. A comienzos del 2013 recibe la medalla del Presidente de la República Italiana, concedida por la Fundación Internacional don Luigi di Liegro. En el mismo año aparecen sus libros Ricordi del futuro (Recuerdos del futuro) y Giardino di rovine (Jardín de escombros). En junio del 2014 se publica La morte ha i giorni contati (La muerte tiene los días contados). Es considerado una de las voces más importantes de la nueva poesía latinoamericana.


Mario Meléndez

Historias de la vida irreal



Desde que el mar se golpeó la cabeza
contra unas rocas
ya no recuerda dónde escondió
los huesos de Dios



El cadáver de nadie


Usted verá pasar el cadáver de nadie
por una sinagoga en llamas
Estará parado en la esquina
donde el cortejo se divide en dos
Unos irán a pie
llevando el ataúd por un atajo
Otros en línea recta
escoltando la carroza de rodillas
Llegado al cementerio
la madre y la viuda del cadáver
se quitarán el luto
y las piernas ortopédicas
Podrá ingresar al recinto
sólo si es familiar
De lo contrario
deberá contemplar resignado
al igual que esos curiosos
apostados en los techos
o colgados de los plátanos orientales
Terminada la ceremonia de cremación
las cenizas serán arrojadas
sobre la concurrencia
y usted volverá a la misma esquina
a esperar el siguiente funeral


Historias de la vida irreal


Uno

La muerte entra a la capilla donde velan
los restos de Dios
Porta un ramo de cenizas que deja sobre el ataúd
asoma su calavera por la ventanilla
dice algo en arameo y luego se marcha
ante la mirada atenta de algunos familiares

Un poodle vestido de luto orina las flores
las sillas y todo lo que ve a su alrededor
los niños le dan de beber agua bendita
le arrojan hostias desde el altar
Los padres amenazan castigarlos
y los niños se evaporan en el acto

La muchacha que fumaba en el jardín
ha perdido de vista a su mascota
la busca desesperada entre la multitud
pero el viejo poodle ha desaparecido

Ahora sigue a la muerte por una calle vacía
donde los árboles le ladran para que no se acerque


Dos

Los niños que saltaban
el extraño ataúd
jamás volvieron a casa

se perdieron entre
los candelabros rotos
y las flores que orinaba
el viejo poodle

Sus padres los buscan
desesperados

Se diluyeron en agua bendita
dice la muerte
mientras mira a la muchacha
que fuma en el jardín

El viejo poodle se pasea
con la garganta seca


Tango feroz


La muerte ronda por la plaza
silbando un tema de Piazzolla

Las palomas se muestran nerviosas
como esperando que algo acontezca

Presienten el nudo en la garganta
y el gran zarpazo de la soledad

Anoche visité a don Ramiro, les dice
mientras exhibe un bastón color de trigo

Aquí les envía estas migas desde el más allá
Lo siento por ustedes, muchachas
son las últimas que traía en los bolsillos

Y ante la mirada atónita de las emplumadas
lanzó su vieja peluca a la alcantarilla

y se perdió entre los avellanos
silbando un tema de Piazzolla


Una casa en el inconsciente


Me ofrecen una casa en el inconsciente
sólo piden un pie de garantía
el otro pie deberá recorrer la casa
caminar por los cuartos vacíos
subir los peldaños de la memoria
y salir al patio cada mañana
a esperar que crezca el primer pie
entre los escombros vivos


Sr. Pessoa


Usted está hecho de frutas extrañas
que envejecen cada tarde al volver a casa
Son frutas inútiles como esas cartas
que lleva en la memoria

Así es la vida, señor Pessoa
la mano que mece la cuna
fue cortada por un tren de carga
donde iban sus heterónimos
crucificados

Deberá escribir sus obituarios
Pero quién escribirá el suyo
ahora que Dios sólo pinta grafitis
en las tumbas de los niños muertos


Anuario de letras


Recuerdo el primer día de clases
unas moscas nos llevaron al salón
donde velaban los restos de Cortázar
Abran su libro, nos dijeron
verán un Fama a toda velocidad
seguido de otro en cámara lenta
Ambos portan coronas de flores
ambos eran cercanos al difunto
Luego saldrá una carroza
en sentido contrario
los Cronopios que van en su interior
se lamentan de viajar tan apretados
y cada cinco minutos
se arrojan por la ventana
Un urinario enganchado a la carroza
completa el cortejo
Al dar vuelta la página
los personajes cambian de lugar
hasta desaparecer
Sólo el urinario permanece intacto
vagando con las cenizas de Julio
de un lado para el otro
mientras llueven relojes blandos
desde el más allá


Los eternautas


Nunca nos despedimos de Dios
tampoco lo hicimos de la muerte

éramos arrogantes hasta decir basta
creíamos que al final
las musas se pondrían de rodillas

Pero estábamos equivocados
nadie nos esperaba en ninguna parte
ni siquiera en el más allá


Los niños de Gaza


Los niños muertos de Gaza
son una franja imaginaria
que divide el más allá
en dos partes desiguales

De un lado
juguetes armados hasta los dientes
del otro juguetes sin dientes
y desahuciados

La estrella de David alumbra
un jardín en ruinas
donde extraños fantasmas
devoran escombros vivos
y todo lo que crece boca abajo

La tarde semeja una caricia
de león errante
y Dios es un muñeco de trapo
que sale a estirar las piernas
en la desolación


El circo de la soledad


El payaso hablaba un idioma
que los niños no entendían

Tampoco entendían sus gestos
ni las gracias que inventaba
rodando en el aserrín

Nadie parecía divertirse
aquella tarde

Sólo el número de las fieras
arrancó tibios aplausos

Lo demás presagiaba
una pasión inútil

como el vuelo del trapecista
adentro de su ataúd


Artaud


Asesino en serie de mí mismo
sólo la muerte pidió un minuto de silencio
por esta rabiosa oscuridad


Manicomio de Mondragón

(10.00 a.m.)
A Leopoldo María Panero

Mi soledad lleva camisa de fuerza
y yo ¿qué me pondré?

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net