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Publicado: Viernes, 17 de octubre de 2014

Poemas de Luis Fernando Chueca


Luis Fernando Chueca (Perú, 1965). Ha publicado los poemarios Rincones (Anatomía del tormento) en 1991, Animales de la casa en 1996, Ritos funerarios en 1998 y Contemplación de los cuerpos en el 2005.

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Está incluido, entre otras antologías de poesía peruana, en La letra en que nació la pena (1970-2004), de Raúl Zurita y Maurizio Medo, La mitad del cuerpo sonríe, de Víctor Mendiola (México: FCE, 2007) y Fuego abierto, de Carmen Ollé (Santiago: Lom, 2007). Estudió Literatura en la U. Católica del Perú, donde también cursó la Maestría. Ejerció la docencia allí y en la Universidad de Lima. Actualmente termina un doctorado en la U. Católica de Chile. Ha escrito diversos textos sobre poesía peruana. Entre los más recientes están los libros Umbrales y márgenes. El poema en prosa en el Perú contemporáneo (U. de Lima, 2010) y Espléndida iracundia. Antología consultada de la poesía peruana 1968-2008 (U. de Lima, 2012), escritos junto con Carlos López Degregori, José G�ich y Alejandro Susti. En el 2009 editó Poesía vanguardista peruana (PUCP). Fue editor de Odumodneurtse, periódico de poesía y de la revista Intermezzo tropical.





OCASO DE SIRENAS

ocaso de sirenas, esplendor de manatíes
-José Durand-


No sirenas, sino horrendos manatíes
mamíferos obesos que la ansiedad y la distancia
volvían provocativos cuerpos de mujer


Y sin embargo, cuando de tarde en tarde,
alguna noche o al amanecer de mis desveladas jornadas
oigo que atraviesa la ventana un canto agudo
y dulce que pronuncia nombres al azar
y siempre son
el mío el mío el mío
¿No eres tú, sirena?
¿No es tu voz la que me llama en cada palabra que pronuncias?
¿No es tu mágico chillido el que se escucha?

Entonces yo, ¿qué espero para dejarlo todo y
seguir tus huellas en la mar?

¿Será una duda razonable que me impide dar crédito total a mis oídos?
¿Un resto de cordura?
¿Un frío impulso que me advierte de un futuro irreversible y desquiciado?

¿O tan solo estas amarras que me detienen en mi lecho,
estas gruesas sogas con que he pedido que me aten
tarde a tarde,
alguna noche o al amanecer de mis desveladas jornadas
cuando la fiebre invade mis sentidos
y presiento el engaño de tu canto?
¿Estos lazos, digo, que me sujetan en la cama,
a otra sirena,
o más bien, a otro obeso manatí igual que tú?

(de Animales de la casa, 1996)





MONóLOGO DE NILIA

A estas alturas todo habla de ti
los restos de tus trajes las huellas
extraviadas en la arena los muros manchados de
dos o tres dibujos de trazos incompletos
Todo
mientras tú sigues empeñado en ese terco escondite
donde los murmullos ya ni se oyen
donde tu figura se confunde con tu voz casi inaudible

A esta hora todo habla de ti
de tu memoria detenida en la memoria de los otros
de tus informes garabatos
amontonados al borde de la espera

¿Quién escucha ahora la expresión de tus silencios?
¿quién acaricia el redor de tu garganta
vibrantemente insana
muda
de terror
por una sombra que nadie nunca ha visto
salvo tú
y que oscurece tus contornos?
¿A qué imagen representas con tu violenta
ausencia
con tu áspera manera de alejarte
con tu carrera huidiza y tus pies sobre una tierra hirviente
que se extiende y recompone?

A esta hora todo lo que podía hablar de ti se apaga
y se esconde en un nudo de sonidos
desesperantes
desesperados

Como de quien no cede a los recuerdos
y abusa de un falso rumor para creer en su presencia
insospechada

A esta hora
todo se esconde en una niebla exagerada
todo es parte de un juego de repeticiones absurdas
de ruidos engañosos

Todo es parte o anuncio de la nada
y nada es lo único que se oye

(de Ritos funerarios, 1998)





TODAS ESTAS MUERTES las llevo escritas en el cuerpo

Todas grabadas a fuego como heridas tenuemente
dibujadas
o crecidas cual verrugas sin que apenas
me dé cuenta

Muertes
tatuadas con azufre o alcanfor en un único campo
de hermosas flores negras

que me habita

y que intuyo o que no intuyo
en la voz azulina de la mosca
que aletea a mi costado

Todas muertes acechantes
como reflejos inflamados
de mí mismo

frágiles insignias cosidas a mi piel
pálpito agudo
que se anuncia con la paciencia de una erupción latente
amenazante

Cicatrices trazadas con destreza
de cuchillo





CONTEMPLACIóN de los cuerpos
Visiones nebulosas y constantes
transcritas en una lengua que no se deshilvana
aunque debiera
ni masca su carne hasta el espanto

Y entonces cómo escribir si el hálito de vida
se adelgaza violentamente
cómo no perder la voz o hundirme
en la locura
cómo pretender que la armonía reorganice la existencia
si el verbo exacto es solo engaño ante la muerte
montada sobre el lomo


sin embargo aspira la certeza de los póstumos latidos
dibuja sobre tu piel las marcas de los cuerpos contemplados
canta canta canta
que el canto redime del horror
y de la fría voz de la impaciencia

acaricia el pecho desgarrado
el cuerpo canceroso
el agujero en el omóplato
como al desvelo de un sexo que se hunde sobre otro
en la más extrema perfección

golpea rasga desentierra

o arráncate los labios

pero canta

(de Contemplación de los cuerpos, 2005)

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