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Publicado: Miércoles, 27 de mayo de 2015

Poemas de Lucianna Argentino

Traducción al español de Flavia Vendittelli


Lucianna Argentino nació en Roma en 1962. Desde los años noventa su amor por la poesía - vivida como camino humano, espiritual y también lingüístico - la hizo dedicarse activamente a ella organizando reseñas, lecturas públicas, presentaciones de libros y participando en diversas revistas literarias. Está presente en varios blogs de poesía, como "lapoesiaelospirito", "Imperfetta Ellisse", "liberinversi", "oboesommerso", "Amigos de la Urraka". Ha publicado los siguientes libros de poesía: "Los frenos del tiempo" (ed. Totem, 1991); "Biografía al margen" (Fermenti Editrice, 1994), prólogo de Dario Bellezza y dibujos de Francesco Paolo Delle Noci; "Mutamento" (Fermenti Editrice, coleción "Il tempo ansante" dirigida por Plinio Perilli, 1999), prólogo de Mariella Bettarini; "Hacia Penuel" (Edizioni dell Oleandro, 2003), prólogo de Dante Maffia (Premio Mujer Poesía 2006); "Diario inverso" (Manni Editori, 2006), prólogo de Marco Guzzi; "El huésped indócil" (Passigli, 2012), prólogo de Anna Maria Farabbi.


Ella sabía del silencio que llegaría después
por esto le pedía que "bajara la voz"
pensaba que si las palabras se volvieran
parecidas al silencio su ausencia hubiera sido
más leve, como un bisbiseo detrás de una puerta cerrada
o el moverse de alguien oído en la habitación de al lado.

"Cambia de tono" le decía él que no entendía,
y confundido iba más despacio, buscaba un amparo
de ese verano repentino, del asalto de lo inesperado.
Pero fue en esa luz desteñida donde empezó a sentir
que las cosas a veces implotan, sin implorar nada más,
y vuelven en sí mismas estando afines al silencio.
Así cedió y bajó la voz tanto que se calló.


***

Cumplido es el año, invertida la ruta
y ya es resaca que descompagina el tiempo
es cuidado de un dolor contento
es linimento tardío de un recatado navegar
es desaliento de la ola que vuelve en alta mar.

***
Mimetizada entre las cuatro sílabas de mi nombre
- obscurecida la luz, suspendida la gracia -
intento una valerosa defensa de su mirada maniquea
y me imito a mí misma, pero sin ironía
más bien como un insecto que imita a una hoja.

***
A Damiano

Llega el esplendor del primer día
después de la oscuridad cerrada en el grito
de toda mi vida reunida allí para acogerte.
Llega el instante del "sea la luz"
en el abrirse de tus ojos
al dilatarse los pulmones en el pasaje
del agua al aire y el llanto inconsolable del desgarro
después de millones de años mal preparados aún frente al nacer
así como al morir.

***
Bajo la lengua de musgo de la noche
la intimidad de la mañana es un abrazo
sin el calor de los brazos
sin embargo tintinea y lleva un tiempo nuevo
a lo que hace avanzar al mundo
y a ese aunque que nos hace bellos.


***

Una raíz breve es lo que nos ha unido
y luego dividido - semilla tirada entre las zarzas
fruto sin infancia.


***
Yo soy el blanco y él el negro
y desde el blanco me acerqué a su negro
para que se destemplara un poco
para que se esfumara en una claridad devota
Mas su negro tiene la calidad del blanco:
refleja la luz y se defiende de ella
emparedando vivo el sol y mi blanco es
como el negro: absorbe la luz y se nutre de ella.

***
Hubiera querido una mentira o una verdad inventada
que diera paz y un rostro accesible a cuanto se negaba
rebelde en sus palabras sin cielo ni mirada.
Palabras dichas con el aliento suspendido sobre una verdad
velada por un dios vil - un dios del cual no tener nada
que temer y nada que esperar.


***
Con el tiempo este dolor será la medida
de mi paciencia, será la voz adentro
que mantiene atenta la mirada, será la esperanza
que ampara el destino forzado por mi terca fe
será la vela a la añoranza por mantener viva porque
triste es también no tener nada que añorar.

***
Las cosas no suceden, ocurren
Sucede, quizás, que yo alce la mirada
de la hoja y vea en el cielo legañoso
un pájaro pasar, que se me caiga
un vaso de la mano, que olvide un nombre,
que pierda el paraguas
Pero ocurre que yo, gacha sobre la hoja,
vea al mimo a sus espaldas mimar
el gesto de quien se queda, pero huyen las manos
dos liebres blancas acosadas por su propio miedo.

***
Me arrastra el silbar de un tren
me arroja en una distancia escasa ya próxima
al llegar mientras que la voluntad del corazón
es que se prolongue el viaje en las líneas de su mano:
binarios en desuso del palidecido destino.
Mas la destinación está más allá de nosotros,
está al margen de un desierto
donde la mirada custodia el inminente

***
Es agotante atender, esperar,
vivir arrancado de uno mismo
ser como vino nuevo en cubas viejas
con el temor que la madera ceda
y nos eche a tierra y la tierra nos trague
y el tiempo prescinda de nosotros.

***
Empieza en migajas el buscarme dentro una poesía
en redención de todas las ofensas del mundo
o sólo un lugar de mí misma donde se reponga el cansancio
de vivir múltiples existencias, donde redimir
una vida partida en pequeños horizontes
aunque la quería lúcida y admirable
la veo parecida a un charco en el cual se refleja el cielo
con su pasaje de nubes y de alas
pero más cielo del cielo cuando en su agua
algunos pájaros van a saciar su sed.

***
Pararnos, buscar la justa distancia
entre nosotros y las cosas que hacer
y las que nos hacen y nos deshacen
las que confunden nuestras fisionomías
de cartón mordisqueado por las ratas
mas ahora el incipiente otoño es quien
descose el cielo y sus fibras místicas
para remendar nuestro tiempo de paso
desde una orilla a otra de la existencia.


(De "Diario inverso")

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