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PANC
Publicado: Jueves, 19 de febrero de 2004

Simbiosis.
Observaciones de un abed煤l


Ya casi sin aliento se dej贸 caer pesadamente sobre un pelda帽o de la peque帽a escala que daba a la puerta de la casa en d贸nde intentaba pedir refugio. Golpe贸 desesperadamente y esper贸 con ansias que alguien abriera para ponerse a salvo, pero s贸lo un silencio espeso le respondi贸. Escuch贸 a lo lejos, los ligeros pasos de sus perseguidores que se acercaban m谩s y m谩s, augurando l煤gubre ma帽ana. Se incorpor贸 con dificultad y volvi贸 a correr entre los callejones de aquella parte de la ciudad hacia ad贸nde lo habian acorralado sus perseguidores.

El coraz贸n le lat铆a con fuerza, pero no s贸lo de cansancio sino tambi茅n de pavor y stress. Al llegar a una esquina, prest贸 atenci贸n a unos chirridos de freno a sus espaldas y volviendo la cabeza hacia atr谩s, percibi贸 con creciente desesperaci贸n que dos poderosos focos lo alumbraron casi por completo desvisti茅ndolo de la seguridad que le ofrecia la oscuridad.

Un motor zumb贸 violento rompi茅ndo la quietud de la noche y unas ruedas quemaron rabiosamente el pavimento que las sostenian, hartas ya de no poder frenar y descansar.
Se detuvo unos cuantos segundos para luego precipitarse en enloquecedora carrera calles abajo, en busca de algo que lo pudiese ayudar a franquear la inminente derrota que ya presentia como tambi茅n, el escabullirse de sus perseguidores.
Se habia metido voluntariamente en ese macabro juego y ya no podia dar paso atr谩s.

La oscuridad de la noche ahoga sus lamentos, y siente con horror los pasos de sus perseguidores cada vez m谩s cerca de 茅l. Es que no se cansan nunca? - pens贸. Su cerebro a煤n trabajaba y era asombrosa la r谩pidez con que lo hac铆a.
En una esquina giro r谩pidamente hacia la izquierda pero inmediatamente se di贸 cuenta de lo errado de tal decisi贸n. La pendiente de una callejuela sin pavimentar se re铆a a mandibula batiente de 茅l y lo invitaba con una mueca ir贸nica a correr por sobre su 谩spera lengua mord谩z: 鈥漃or aqu铆!鈥, 鈥漃or aqu铆鈥 - lo llamaba y le decia 鈥漋en que yo te salvo!鈥, 鈥漋en que yo te salvo!鈥 y solt谩ndo carcajadas diab贸licas, le mal alumbraba el camino con las pocas y raquiticas l谩mparas incandescentes, que habian logrado salvarse de las pedradas que diestras manos de ni帽os pordioseros se empe帽aban en apagar para siempre.

La vereda estaba anegada de orines y aguas sucias y opt贸 entonces por tomar el medio de la calle a煤n cuando esto acentuaba el riesgo de ser descubierto por sus perseguidores.
Uno de los vehiculos ya mostraba su trompa luminosa en el entrecruce por el cual habia doblado y fren谩ndo bruscamente, la enfil贸 hacia su silueta diminuta e indefensa.
El cuerpo mojado de transpiraci贸n, las ropas en desorden, la boca abierta buscando aire para renovar sus cansados pulmones, el sollozo estremecedor de la impotencia infantil ante el castigo del adulto, la callejuela riendose estrepit贸samente de 茅l y los ligeros pasos tr谩s 茅l. Qu茅 m谩s podia pedir? No tenia que envidiarle nada a nadie.

En su loca carrera habia pasado sin darse cuenta frente a una escuela pobre, la cual al verlo pasar, cerr贸 sus postigos-p谩rpados para no ver lo que se avecinaba. Ya habia visto demasiado y el nochero que transitaba por sus tripas simul贸 prender un cigarrillo cuando - en el fondo - tambi茅n quer铆a huir.
Sigui贸 corriendo y pas贸 jadeando ahora por la vereda de una enorme iglesia cat贸lica, la cu谩l con su impunidad decretada parec铆a cerrarle el paso. Pero, no es 茅sta la casa de dios? Se pregunt贸 con desesperaci贸n, titubeando al ver la pesada mampara cerrada. Pero el miedo pudo m谩s que la raz贸n y d谩ndo un peque帽o giro para frenar su carrera, se dispuso a golpear la puerta de los cielos para pedir clemencia. Pero se acord贸 repentinamente y con agustia que la noche era para descansar y que con toda seguridad, dios dorm铆a.

Todo parecia deshabitado y muerto y nadie recurr铆a a sus silentes gritos de ayuda.
Dud贸 un inst谩nte ante el 煤mbral de un conventillo. Era un callej贸n sin salida, aunque porqu茅 deb铆a de ser 茅sta una alternativa peor que cualquier otra? Nada parec铆a indicarle que veria el amanecer de un nuevo d铆a, conque porqu茅 no?
El suelo de la entrada estaba mojado y fangoso y ninguna luz alumbraba su interior. Era como si todos los que alli habitaban, estuviesen conteniendo la respiraci贸n al un铆sono a la espera de alg煤n final definitivo.
Y de improviso tuvo una idea!
Se agach贸 y enterr谩ndo las manos en el barro se embadurn贸 la cara y sac谩ndose toda la ropa, continu贸 con el pecho, los brazos, el vientre, los testiculos, el pene, los muslos, las rodillas, las pantorrillas y tir谩ndose de espaldas sobre el ci茅nago, unt贸 con lodo toda la parte de nuestro cuerpo que nunca vemos, apagando asi la cara oscura de la luna y puso mucha atenci贸n en lo que hacia.
Calculando minuiciosamente su accionar, empez贸 a darse cuenta que su desesperado plan estaba dando frutos. Su cuerpo comez贸 poco a poco, de abajo hacia arriba, a mezclarse con el barro que pisaba revolviendo su masa con la masa de la tierra, mimetiz谩ndose con ella y en ella. Dentro de s贸lo unos instantes seria tambien 茅l parte del pedazo del suelo mojado y barroso que estaba pisando.
A lo lejos sinti贸 que alguien tir贸 la cadena de un ba帽o y el sonido que produjo en el silencio nocturno fue como un eructo subterr谩neo de miles de clo谩cas intestin谩les.

Embadurnado de barro todo el cuerpo y completamente desnudo, se sent贸 sobre la vereda de la callejuela y convertido en bollo de f谩ngo, esper贸.
Un auto se detuvo bruscamente a la entrada del conventillo bloque谩ndo la 煤nica salida de escape posible. Cuatro hombres portando poderosas linternas bajaron del veh铆culo y comenzaron a rastrillar el lugar. Uno de ellos solt贸 una maldici贸n por tener que ensuciar sus zap谩tos nuevos, pero el deber lo oblig贸 a seguir.
Los pasos ligeros de sus perseguidores se acercaban cada vez m谩s a 茅l, y camuflado de mont铆culo embarrado, se dispuso a aceptar lo que viniese.

Observaciones de un abed煤l
Transformado en abed煤l encl茅nque para no desentonar del paisaje m铆sero que lo rodeaba, vi贸 como sus perseguidores alumbraban con sus poderosas linternas todos los rincones del conventillo, convirti茅ndolo moment谩neamente en t铆voli triste de esperanzas perdidas.
Cuando uno de ellos lo roz贸 con su cuerpo, contuvo la respiraci贸n para no ser descubierto ni oido, pero se acord贸 r谩pidamente que ya no era humano sino vegetal y solt贸 todo el aire contenido en su interior para probar el efecto que provocar铆a.
Sus extremidades-ramas se agitaron levemente y una brisa mortecina levant贸 un mech贸n de cabellos de uno de sus perseguidores.
鈥漃arece que se va a poner a llover鈥, dijo y levantando el cuello de su abrigo lanz贸 un escupitajo que qued贸 colgando de una de las hojas de su cuerpo camale贸nico.

Despu茅s de haber buscado en vano por la callejuela embarrada del conventillo, se detuvieron al lado del abed煤l a conferenciar. Ya era m谩s de medianoche y un murci茅lago confundido cruz贸 el cielo, pero como 茅ste no era su cuento su aparici贸n no fue m谩s que un accidente fug谩z que no se volver铆a a repetir.
Uno de los perseguidores propuso allanamiento masivo pues estaba convencido que 茅l se hallaba oculto en alguna de las casas de aqu茅l lugar. Otro plante贸 que lo m谩s probable era que se hubiese escapado salt谩ndo alguna de las tantas empalizadas que separaban ese conventillo de otros iguales de miserables y que lo mejor era seguir la b煤squeda por all谩. Un tercero sugiri贸 rastrear los patios traseros pues a lo mejor se escond铆a por ah铆, esperando que ellos se fuesen para dejar tranquilamente el lugar burl谩ndose de ellos. El cuarto, el que habia soltado el escupitajo, recomend贸 irse a putas el resto de la noche y olvidarse de todo el asunto.
Tales eran las alternativas presentadas en aqu茅l peque帽o ped谩zo del mundo y como si 茅sto no fuese suficiente, a esa misma hora y muy lejos de all铆, alguien recib铆a el premio Nobel de literatura de manos del rey de Suecia y se aprestaba a saborear la exquisita cena con que la casa real sueca acostumbraba congratular a tan proverbial individuo. A parte del grueso cheque, claro est谩.
La 煤ltima proposici贸n fue aceptada por unanimidad y pasando de la raz贸n a los hechos, se marcharon de alli.

Nuestro personaje comprob贸 que su nuevo estado, si bien no era nada de envidiar, lo habia hecho insensible a la empat铆a, a decisiones por otros tomadas y tal vez a otras cosas m谩s que ya tendr铆a tiempo en constatar. Pens贸 en las ventajas y desventajas de su nueva situaci贸n llegando a la conclusi贸n de que, en ese inst谩nte, era lo mejor que le pod铆a haber haber sucedido.
Una luci茅rnaga se pos贸 sobre una de sus ramas y apag谩ndo la luz, se puso a dormir.

Se despert贸 sobresaltado al sentir un ruido familiar que no pudo identificar. Era como si un riachuelo estuviese desliz谩ndose por su lado solt谩ndo leves murmullos al pasar.
La madrugada era tenue y los gritos habituales de los moradores del conventillo llenaron la callejuela embarrada de lo necesario para sobrevivir un dia m谩s. Y contempl贸 extasiado el devenir de un nuevo amanecer a trav茅z de su costra de abed煤l.
Constat贸 de inmediato algunas cosas que le har铆an m谩s f谩cil aceptar su nueva situaci贸n. Pod铆a escuchar pero no hablar, podia oler sin sentir hambre y no se pod铆a mover. Adem谩s podia pensar y si 茅sto era una ventaja o n贸 ya lo comprobar铆a con el correr de las horas, porque estaba convencido que su nueva vida vegetal ser铆a temporal y pronto recuperar铆a su condici贸n de ser humano.
D贸nde estara ubicado el cerebro?, pens贸. Porque pensaba, eso estaba claro y lo estaba demostrando en este preciso inst谩nte, al plantearse esa pregunta. A lo mejor estaba en sus raices protegido por la tierra de los acosos del hombre. Asi deb铆a ser!
Descubri贸 adem谩s que tambi茅n pod铆a mirar y que su percepci贸n visual estaba ubicada en todo su derredor y que en su peque帽o mundo especial, no exist铆a ni adelante ni atr谩s. Y eso era una gran ventaja aunque de qu茅 le podr铆a servir si no se pod铆a mover?
鈥滵ej茅monos de pensar en forma negativa鈥, se propuso y mir贸 a su alrededor para ver el paisaje que lo rodeaba y sintiendo la humedad tibia del caldo amarillento de un perro fl谩co correr por su tronco, se resign贸 a su nuevo situaci贸n.
Algunos nacen, otros mueren y algunos como 茅l (aunque no muchos) logran tambi茅n resumir ambas condiciones, en un solo y rese帽able acto de simbi贸tica existencia peculiar."

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