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Publicado: Lunes, 01 de junio de 2015

Robert Desnos: Un visionario en los infiernos

por Rodolfo Alonso*


Hace setenta años, el 8 de junio de 1945, a los pocos días de haber sido liberado de su calvario infernal por los campos de concentración nazis de Auschwitz, Buchenwald y Fl�ha, uno de los más singulares y míticos poetas del surrealismo, Robert Desnos, enfermo de tifus, moría en el abarrotado hospital ruso improvisado en otro siniestro eslabón de esa misma cadena, Terezin. No sin admirada sorpresa, en su cadáver se descubrió un último poema de amor seguramente destinado a Youki, la mujer de su vida, de modo extraño similar a otro escrito mucho antes ("Tanto he soñado contigo"). Otro blasón del surrealismo, "el amor loco, el amor único", se había hecho en él carne palpitante.


Concluía así, en forma tan emblemática como había vivido, el singular, más que trágico destino de Robert Desnos. Nacido con el siglo, el 4 de julio de 1900, y nada menos que en el barrio des Halles de París, desde muy joven su suerte se liga con la del grupo de quienes iban a revolucionar la poesía del siglo XX: Benjamin Péret, André Breton, Louis Aragon, Tristan Tzara, Georges Ribemont-Dessaignes, Paul éluard, Philippe Soupault, René Crevel. Con ellos, le tocó vivir la etapa heroica e "inocente" (al decir de René Bertelé) del surrealismo, aquella que en la década de los veinte del siglo pasado creía hacer realidad a la vez todos los sueños y todos los deseos. Y en la cual participó no sólo con algunos de los libros más significativos de ese período fulgurante (en 1924: Deuil pour deuil; en 1927: La Liberté ou l Amour!; en 1930: Corps et biens), sino también hasta exponiendo su cuerpo y su psiquis en inolvidables sesiones de ensoñación hipnótica que lo conducían a un auténtico trance. Por eso, sin duda, pudo decir con justicia André Breton: "Nadie como él ha cargado con la cabeza baja en todas las vías de lo maravilloso".

Pero también le tocó a él percibir y manifestar--, llegado el momento, que el surrealismo había caído ya en el "dominio público" (título que se daría póstumamente, en 1953, a un volumen con la mayor parte de su obra poética: Domaine public), y que estaba en consecuencia "a disposición de los heresiarcas, de los cismáticos y de los ateos". Después de romper con el exigente casi puritanismo au rebours de André Breton, aquel ortodoxo de la heterodoxia a quien no pocos de sus adeptos terminaron tildando de Papa del surrealismo, Robert Desnos volcó en el periodismo, la radio, la canción, el cine y, aunque fugazmente, hasta en la publicidad, su genio y su ingenio.

Heroico participante en la Resistencia francesa contra la ocupación nazi, fue arrestado una mañana de febrero por la Gestapo. Internado primero en Buchenwald, conoció luego la siniestra serie de los campos de concentración del hitlerismo. Que lo ofrecería a la muerte.

Exponente de las mejores virtudes, no sólo estéticas, por supuesto, que emergieron con la rebelión surrealista, la poesía de Robert Desnos nos inquietó con las experiencias inefables de Rrose Sélavy (un personaje imaginario creado por telepatía con el pintor Marcel Duchamp), se anticipó con mucho a las inquietudes de la lingüística sin dejar nunca de ser poeta en L Aumonyme o Langage cuit, y nos deslumbra en textos como los de A la mystérieuse y Les tén�bres con un lirismo límpido y poderoso, entrañable y fraterno, siempre enamorado de las fuentes más hondas y fecundas de la vida.






TANTO HE SOñADO CONTIGO

Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.
¿Es tiempo todavía de alcanzar ese cuerpo vivo y de besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que me es querida?

Tanto he soñado contigo que mis brazos habituados a estrechar tu sombra, a cruzarla sobre mi pecho no se plegarán ya al contorno de tu cuerpo, quizá.

Y que, frente a la apariencia real de eso que me frecuenta y me gobierna desde hace días y años, me convertiré sin duda en una sombra.

Oh balanceos sentimentales.
Tanto he soñado contigo que no es tiempo ya sin duda de que me despierte. Duermo de pie, el cuerpo expuesto a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta hoy para mí, podría menos tocar tu frente y tus labios que unos labios y una frente cualquiera.
Tanto he soñado contigo, tanto he andado, hablado, tanto me he acostado con tu fantasma que no me queda ya, y sin embargo, más que ser fantasma entre los fantasmas y más sombra cien veces que la sombra que se pasea y se paseará alegremente sobre el cuadrante solar de mi vida.



(De A la mystérieuse, 1926)




EL úLTIMO POEMA

Tanto he soñado contigo,
Tanto he caminado, hablado tanto,
Tanto he amado tu sombra,
Que no me queda ya nada de ti,
Me queda ser la sombra entre las sombras
Ser cien veces más sombra que la sombra
Ser la sombra que retorna y retornará
En tu vida asoleada.



(De Domaine public, 1953)


(Traducción de Rodolfo Alonso)

* Poeta, traductor y ensayista argentino.

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