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Publicado: Viernes, 05 de junio de 2015

Poemas de José Luis Díaz-Granados (2)


José Luis Díaz-Granados (Santa Marta, Colombia, 1946). Poeta, novelista y periodista. Muy joven, a los 22 años, publicó su primer libro de poesía El laberinto y ganó el Premio "Carabela", en Barcelona, España (1968). Fue comentarista bibliográfico de "El Tiempo" de Bogotá (1979-20). Su novela Las puertas del infierno (1986), fue finalista del Premio "Rómulo Gallegos" al año siguiente. Ha sido presidente de la Casa Colombiana de Solidaridad con los Pueblos y presidente de la Unión Nacional de Escritores (UNE). Ganó el Premio Nacional de Periodismo "Simón Bolívar" en 1990 por su entrevista al poeta nacional Luis Vidales, y el Premio de Novela "Aniversario Ciudad de Pereira" en 1994 por su obra El muro y las palabras. El gobierno chileno le otorgó la Medalla de Honor Presidencial "Centenario Pablo Neruda" en 2004. Sus libros de poesía se hallan reunidos en el volumen titulado La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003). Otras novelas suyas son: El esplendor del silencio (1997), ómphalos (2003), La noche anterior al otoño (2005), Los años extraviados (2006), Cita de amor al mediodía (2010) y Fulgor de la Calle Grande (2012). Ha publicado también varios libros para niños. El 2008, fue el Poeta Homenajeado en el XVI Festival Internacional de Poesía de Bogotá. En 2014, el Fondo de Cultura Económica publica El Laberinto. Antología poética, 1968-2008.


NOCTURNO

Esta noche triunfal, longura ahogada,
me pertenece con todas sus horas negras.

Esta noche triunfal cubre mi cuerpo
y dibuja la silueta del mapa colombiano.

Esta noche triunfal, soledad anudada,
es noche americana, noche nueva, fresca.

Esta noche triunfal, café de indios,
cobre amargo, es noche universal, renovada.

Esta noche triunfal, silencio abierto,
es mía, de mi patria y de mi tiempo.




LA BRUJA DE DIOS

En el principio, amor, fue la palabra fácil
que mordía nuestros cuerpos paralelos;
luego el sueño, el pensamiento multicolor,
el olvido efímero que nos propusimos
desde la oscuridad de nuestras islas áridas.

En el principio, amor, mi corazón de gato
rutiló atrevidamente sobre tus ojos
y los tiñó de un aroma invisible.

Fuiste apenas un templo, el humo espiral,
el cántico oportuno en el tedio inconfesable,
toda tú, sueño mío, eras apenas eso,
una caricia intocable y altanera,
un duende azul que retocaba mi tristeza,
apenas un mordisco, amor, un aleteo,
un beso muerto que masticaba diariamente
como si fuera una esponja roja.

¡Oh dulce gota de arena!
¡Oh trino balbuciente de sílabas fértiles!
¡Oh perla subterránea y húmeda!

Cuando creí aborrecer tus pasos tímidos
tú me llamabas cálidamente
en las reconditeces de tu cama cómplice
y yo te respondía con el humo nocturno.

Pero eso fue en el principio, amor mío.

Hoy me sorprendes con un jaguar en tu boca
y con un ruiseñor en tus ojos fogosos.
Hoy tu voz se torna vegetal para mis versos
como un rito, como un extraño rito,
como una epopeya, como un río criollo.

Te sorprendí esta tarde con mi lengua bruta
que murmuraba cánticos en tu oído silvestre
y me sentí ebrio de devorar tu carne ausente,
anegado de pensamientos multicolores
que iban penetrando en tu alma ordenadamente.

Hoy tú me perteneces como la Cordillera:
la tarde misma te modeló para mi vida,
para mi alma, para mis canciones,
para mi sibilina vanidad,
tu, amor, toda tú, amazona adolescente!

¡Oh deidad acalorada y húmeda
donde se esconde el imperio de mis cantos
y donde se evaporan las serpientes!

Porque tú serás carne de mi carne joven,
de mi sangre de cuatro mundos ancianos
y allí enterrarás tu bella palidez
y allí abrirás tu boca para sonreír a Dios.

Corona, conquistadora del tiempo,
majestuosa mujer, amorosa niña vegetal,
hoy has esculpido tu bronce didáctico,
has poseído el espeso maremágnum
que alguna vez creyó ser héroe sin tí,
sin tu mirada bíblica y carnívora.

¡Oh ángel épico y profano!
¡Oh amor mío sangrante, estrella diurna!

Ahora aborrezco el llanto que estremeció
mis viejas trovas, mi castillo etéreo,
el tedio ecuménico que entusiasmaba
aquella antigua sed mía ofiólatra,
aquella mente mía de cangrejo gigante.

Ahora amor mío, por ti, por tus palabras,
sé que existe la luz y el sacrilegio
y la espuma gentil de los libertinajes.
Sólo por ti, amor mío, sólo por ti.

Sólo por ti convivo con las fieras
y creo que me sonríen en esta tarde amarilla.
Orquídea mía, sólo por ti la vida
es vida viva, virgen, fresca, cálida,
sólo por ti, amor mío, me atrevo a sonreír.

Y el ayer se borró como lámpara gris...
Niña de carne y piedra, escúchame:
hoy soñamos, hoy asesinamos el tiempo
para mañana mordernos la frontera de carne.

En el principio, amor, fue la mirada fácil.
fue el susurro, el invierno prematuro,
el monótono paso de las cucarachas,
la tímida noche de luceros presentidos.

Pero hoy, es la mañana en ebullición,
la pasión, el destino, las voces confundidas,
el recuerdo de hoy que retendremos siempre,
el soliloquio tibio de dos copas llenas,
el delicioso encuentro de dos cuerdas.

¡Oh tú, máscara dulce, impúber,
soberana de mi pelo, de mi cántico,
de mi mundo futuro, de mis dientes,
de mi garganta, de mis ojos desvelados,
de mi piel, de mi sexo, de mis uñas!

Para ti, costilla mía americana, vino sacro,
solamente para ti abro caminos
y siembro paz y ternura y amistad.

¡Oh bruja de Dios, idolatrada!
¡Oh colosal emperatriz!
¡Oh amor mío, dulce, único, bisagra mutua
para juntar nuestros vahos de sudor!

Para ti, oh amor mío salvaje,
escribí esta canción inmarchitable!




ALBA

Para mi loca vida, al mediodía,
un día más día que todos, el sol regó la lluvia
y el alba al mediodía aún era alba,
más sutil que un minuto transparente
y más minuto que un océano eterno.

Cisterna pura donde cabe mi ser entero,
mar de rocío que me acaricia incesante,
patria perenne de mi corazón,
jaula donde descansa para siempre mi alma.

Alba-luz, alba-sol, alba-marina,
alba-día, alba-siempre, alba-del-alma,
alba-hoy, alba-azul, alba-de-julio,
alba-amor, alba-esposa, alba-dormida,
alba-verso, alba-única, alba-mía.

Navío, vasija, cueva, balandra de mis sueños,
gaveta donde guardo todos mis pensamientos,
cofre donde se esconde mi sonrisa,
donde moran mis ansias y mis recuerdos.

Alba, norte presente, norte eterno,
carne mía, mi sombra, mi gemela,
mi compañera loca, mi pulsera,
mi mágico aposento, mi pequeño castillo,
donde habita el amor...




HUIDA HACIA LA ETERNIDAD

Caminando lentamente,
irremediablemente hacia la muerte,
sólo quiero, entretanto,
ir tocando esta luz, esta semilla,
esta tierra, ir sintiendo el sabor
de esta fruta recién cogida,
de este labio que la novia ofrece
con su profunda delicia,
para cuando llegue la hora de la huida
inventar en la eternidad
el beso y el fruto y el poema.




EL RAPTO DE MIS SUEñOS

¿Dónde estoy? Yo despierto
y no encuentro mis cosas.
¿He perdido las llaves
que me inducen al vuelo?
No me encuentro en mis libros
ni veo mi propio espejo
ni la dolida mesa
de los ciegos papeles
ni las voces de siempre
ni mis zumos terrestres.
No me palpo a mí mismo
pero tampoco he muerto.
No encuentro mis fantasmas
ni veo mi geografía.
Sólo capturo ahora
avenidas inéditas
y una calle sin rumbo
por donde yo me pierdo
sin mis ángeles vivos.
Yo despierto y me duele
el rapto de mis sueños.




HOY
The river is moving.
The blackbird must be flying.

       WALLACE STEVENS

Hoy llegan a mis ojos los ayeres
padres, casa con tías, abuelo, armas
de la infancia que vuelve, calle, amigos,
y el sol asoma apenas inaugurando el alba.

El futuro aún tímido murmura un bello instante
de delirantes versos y besos procelosos.

No sé qué hacer mañana con el ayer de ahora,
no sé qué hacer ahora con el hoy de mañana.

Deme usted la palabra, sol naciente,
tan sólo una palabra y seré día.




ESPíA

Hay alguien espiando por el cerrojo de mi puerta,
detrás de la ventana, sobre el techo,
bajo las tablas de mi alcoba hay alguien que me espía,
que devora mis lápices pero también mis sueños,
alguien espiando muerde mi desdicha.

Hace tiempo siento esa presencia
y me he ido acostumbrando a su pesada sombra.
Me acompaña a la mesa, me prepara los tintos,
bebe a mi lado, duerme, se desvela
porque conoce todos mis secretos.

El que me espía escribe este poema.




ANTES DEL DESPERTAR

Hoy me besó, desnudo, un sueño:
era el resplandor impuro
del día que llega, con miedo.




Selección de Emilio Coco

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