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Publicado: Viernes, 19 de junio de 2015

Poemas de Luis Antonio de Villena (2)


Luis Antonio de Villena (Madrid, España, 1951) es licenciado en Filología Románica. Realizó estudios de lenguas clásicas y orientales, pero se dedicó nada más concluir la Universidad, a la literatura y al periodismo gráfico y después al radiofónico. Además ha dirigido cursos de humanidades en universidades de verano y ha sido profesor invitado y conferenciante en distintas universidades nacionales y extranjeras.


Entre sus libros figuran: Sublime solarium (1971), El viaje a Bizancio (1976), Hymnica (1979), Huir del invierno (1981), La muerte únicamente (1984), Marginados (1986), Poesía 1970-1984 (1989), Como a lugar extraño (1990), La belleza impura (1995), Asuntos de delirio (1996), Celebración del libertino (1998), Afrodita mercenaria (1998), Syrtes (2000), Las herejías privadas (2001), 10 sonetos impuros (2003), Desequilibrios (2004), Alejandrías (2004), Los gatos príncipes (2005), Países de luna (2006), Honor de los vencidos (2008), entre otros.

Su obra creativa -en verso o prosa- ha sido traducida, individualmente o en antologías, a muchas lenguas, entre ellas, alemán, japonés, italiano, francés, inglés, portugués o húngaro. Ha recibido el Premio Nacional de la Crítica (1981) -poesía- el Premio Azorín de novela (1995), el Premio Internacional Ciudad de Melilla de poesía (1997), el Premio Sonrisa Vertical de narrativa erótica (1999) y el Premio Internacional de poesía Generación del 27 (2004). En octubre de 2007 recibió el II Premio Internacional de Poesía "Viaje del Parnaso". Desde noviembre de 2004 es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lille (Francia).

Ha escrito y escribe artículos de opinión y crítica literaria en varios periódicos españoles desde 1973. Ha colaborado en numerosos programas televisivos y sobre todo radiofónicos. Actualmente colabora en El Mundo y en Radio Nacional de España. Ha hecho distintas traducciones, antologías de poesía joven, y ediciones críticas.


Poemas de Luis Antonio de Villena 2






EDUARDO

Según Baudelaire la belleza
es una mezcla impune de voluptuosidad y tristeza
melancólica: Baudelaire era romántico.
Los clásicos ven y levantan
una belleza más fría. No hielo o de hielo, cálidamente
imperturbable, lejana, aunque cerca, viva, tremante
Recuerdo tus ojos como dos lagunas en azul,
tus labios hechos de pasta de flores,
el caballete egregio de tu nariz,
tu cuerpo alto, esbelto, que todo lo decía no diciendo apenas.
Belleza perfecta, inmóvil, inmisericorde,
belleza que yo miré infinitas veces y no alcancé y alcancé nunca.
Belleza que desee fuera del tiempo,
hermosa, tierna, gélida, caliente.
Belleza de carne, flores, gema y sacrificio.
Belleza de la belleza que hoy, viva, siempre viva,
melancólica y voluptuosamente,
me hace lagrimear como un orate
Tú, aún tú:
Impertérrita, impertérrito.




LATAS DE CERVEZA VACíAS

Cuando miro atrás
siento cuánto ha crecido el pasado
¡Qué grande es ya ese viejo territorio!
Días de sol en piscinas azules,
dulces veranos ardientes,
rubios muchachos de muslos largos
Si no lo escribo,
si no hago el esfuerzo de narrarlo y rescatarlo
(sacándolo de la aislada memoria)
nada existe ni queda:
Todo es como acopio de vídeos borrados,
ceniceros colmados de colillas,
montones anónimos de latas de cerveza vacías,
efímeras canciones de ayer:
Nada ha quedado de tanto esplendor
-sino lo escribo-
y hubo tanta, tanta frenética vida!
"Las palabras antaño familiares son ahora locuciones caducas."




NIEVE

Cuando nevaba (es verdad que ahora nieva mucho menos)
yo amaba el mágico silencio de ver caer la nieve
De noche, especialmente, tras el calor de la ventana
veía el lento descender de los copos al jardín
mientras el cielo era todo blanco y el resto un reino
de quieta mansedumbre. Entonces, me ponía el kimono negro
de mi abuela (grandes peonías y flores bordadas en seda)
preparaba papel blanco y barras de tinta negra
y con el grueso pincel de Taipei, y sobre una alfombra
de piel blanca, me disponía en paz a la caligrafía
Caía la nieve, y yo, alumbrado por velas, trazaba
caracteres chinos. Quizá copiaba la primera línea de un
verso de Wang Wei. Era un adolescente que estudiaba chino.
Un día alguien entró y me vio de esa guisa con el fondo
de los copos cayendo. Me dijo: ¿Qué estás haciendo así?
Y respondí: Nada, es la escena de un cuento.
¿Pensaba en Yang Kuei Fei o acaso en Murasaki Shikibu?
La nieve alienta todo sueño y seduce a toda huída.
Yo era el muchachito siempre huidor del mundo oscuro
que, con kimono y pincel docto, soñaba (volando)
un sueño de dragones, grullas taiostas y monasterios
perdidos. Un sueño de paz y dulzura que siempre he querido.


(de Proyecto para excavar una villa romana en el páramo. Visor, 2012)




LA PRIMERA COMUNIóN

Dijeron: no se debe masticar a Dios. No deben rozarlo los dientes,
porque la blanca oblea es el cuerpo de Dios verdadero. Apenas la lengua,
con leve impulso, hará tragar la forma santa con dulzura. La iglesia
estaba atestada de lirios blancos en búcaros de plata y muchos cirios.
Olía a cera derretida y a un perfume sensual y frío como si los mármoles
también trasudaran aroma. Pero el niño creyó ahogarse, a punto de
morir, ángel o pecador, porque la hostia se le quedó pegada a la garganta.
Quizá sólo segundos: pero una feroz agonía de calvario y extinción,
nada de alegría seráfica o coros de azules querubines, tremenda sensación
de muerte, de asfixia, de nunca jamás, de pérdida del mundo, mientras
con asco miraba la estúpida sonrisa de las tontas monjitas catequéticas
Todo horror. Lirios, carne y sangre divinas, más terror, ansiedad, cercanía
de la muerte ¿Y no era mejor que la Muerte buena lo sacara de tanto
espanto? El mundo era turbio y sucio y la felicidad, ¿qué era eso, Señor?
Pero la saliva diluyó la oblea, y el crío rodeado de lujo tornó a respirar.
Siempre detestó ese día. Aunque la foto azul semeje decir cosa distinta.


(Inédito)




BORGES

Conocí a Borges ya viejo. Y quizá como otros tiendo a considerar
que el anciano de sonrisa perpetua, aferrado a su oscuro bastón
no debió conocer la juventud. Es este Borges al que retratamos una
tarde de 1982. El Borges que (con su peculiar acento, su continuo
tentar la ironía) hablaba continuamente de libros y de palabras
Recordaba un verso de Lucano, traducido por Juan de Jáuregui,
y lo repitió varias veces, una mientras yo lo conducía al lavabo:
"Muere el mar y es cristal su monumento" Caramba qué verso!
volvió a reiterar el mítico ciego, acaso para ocultar lo demasiado
humano inevitable. Como algunos grandes conservadores tenía
muchas proclamaciones anarquistas. Había vivido para los libros
y en los libros. Pero ¿no hubo más? ¿Quién era María, quién su
casi infinita madre, quién aquella Estela Canto a quien dedicó
y regaló el manuscrito minucioso de "El Aleph"? Como le hubiera
gustado decir, Borges era muchos y todos misteriosos, como tú,
casi como cualquiera. Pidió, otra tarde, que le leyéramos un fragmento
de un viejo cuento suyo, que no recordaba. Lo hicimos. Y cuando
surgía la frase carismáticamente borgeana, decía: "No está mal eso.
¿Verdad? ¡Caramba! ¿A quién se lo habré copiado yo?". Cuando alguien
le preguntó qué pensaba de quienes decían cosas contra él, acentuó
la peculiar sonrisa indefinida: "¿Qué voy a pensar, che? Bueno, que
tienen razón, ¿no?" Recuerdo cuando, adolescente, leí el primer poema
suyo que me fascinó, "España". Recuerdo miles de posteriores lecturas
deslumbradas: "¿Es posible que yo, súbdito de Yakub Almansur/
muera como tuvieron que morir las rosas y Aristóteles?" Hizo,
con daño oculto, de la ceguera un don y se esforzó en la humildad
de quien sabe con sir Thomas Browne que "el olvido es insobornable".
Su presencia tranquilizaba, pues era igual a lo que imaginaste
y te gustaba saberlo próximo a Quevedo o a Lugones, cuando
leía con voz exacta: "Detrás de los mitos y las máscaras,/ el alma,
que está sola". También ante el espejo en que no podía verse,
resignándose al retrato: "La justa y vasta y necesaria muerte".
Adiós, Borges. Sin usted todos seríamos, en verdad, mucho menos.


(Inédito)

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net