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Publicado: Miércoles, 08 de julio de 2015

Damaris Calderón


Damaris Calderón (Cuba, 1967). Poeta, narradora, pintora y ensayista. Graduada de Letras por la Universidad de La Habana. Magíster en Lenguas y Culturas clásicas por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), Santiago de Chile. Ha publicado, entre otros, los poemarios: Con el terror del equilibrista, Duras aguas del trópico, Se adivina un país, Guijarros, El Túnel, Duro de roer, Babosas: dejando mi propio rastro, Sílabas. Ecce Homo, Los amores del mal, El Arte de aprender a despedirse y La extranjera. Es compiladora de la antología de poesía cubana Cercados por las aguas. Ha participado en bienales de poesía en Irak, París, Rotterdam, Montevideo, Chile y Cuba, entre otras. Poemas suyos aparecen incluidos en diversas antologías sobre poesía cubana y latinoamericana actual. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, holandés, portugués, francés y servo-croata. En el 2014 obtiene el premio Altazor de la crítica por su libro Las pulsaciones de la derrota.


Poemas de Damaris Calderón







LA SOñANTE

Larva hombre mujer
barrida por el viento sur
va la muerte portando su fanal.
En los patios con olor a lejía
hunde su cetro
cierra los ojos
sueña un capullo
para sí.

El cuerpo
una mortaja
crisálida
de bien morir.

Quien trafica con vísceras:
el cuerpo no obedece
se desvanece
y se convierte
en sombra.

No el aullido
la sutileza
de la sombra.

La soñante:
sin otra tierra que el país de los párpados.

Henchida por el sueño
rompe la red de sus propias visiones.

Las venas descarnadas
el árbol, que se te parece
y la caída de las hojas
la conversación silenciosa
la claridad de morir.
Venga la noche.
Venga la madre y lance su carnada
al remoto país imposible.





LOS áRBOLES, LA PATRIA

Entrever el país nonato
soñarlo con los ojos de Adán y una mudez
que obliga a llamar ácana
jobo, jiquí, madera
de los mayores y menores.
Cuando falta el terrón
que llevarse a la boca: ceiba,
guásima, tomillo, palma real.
Crisol y bosta en el humus.
(Darle un sayo de palabras a la pobreza).

Pero los árboles preparan el paisaje.
Los árboles preparan la independencia.
La corteza guarda la raíz, la vena madre.
El gallo de los sacrificios anuncia despavorido
al escualo surgiendo de las aguas.

-y los huesitos de tus hijos
se disputaron los cangrejos--


Pueda yo nombrar otra vez mi huerto
y alguno reconozca la antigua cicatriz.
Cobijarme bajo la sombra de la palabra jag ey.





LA EXTRANJERA

Tus cartas terminaban siempre:
A ti que estás en un país
extraño y lejano. Cuando todavía podías escribir,
cuando tu mano aún era tu mano (un látigo)
y no un manojo de nervios, un temblor.
La primera navidad fue también la última, reunidos
bajo el árbol que ya no veías, apiñados como hojas.
Salí al patio a limpiar las hojas.
(Tú escuchabas el rumor).
Dijiste que no era necesario
que la maleza volvería a inundar la casa.
Pero yo me aferré a ese gesto inútil.
Te veía avanzar dibujo de Ensor, calavera de
Guadalupe Posada.
Estuve años con la plantilla de tu pie en el bolsillo
para los zapatos fúnebres.
Pero en la muerte no hay grandes pies ni zapatos.
En la manera de negarte la tierra, soy tu hija.
Soy ahora el lejano y extraño país.





LAS PULSACIONES DE LA DERROTA

Los hijos de la época bastardos de la época
vimos héroes enemigos en los techos vecinos.
Amigos descolgándose colgándose
paracaídas pantalones de camuflaje
piernas brazos pedazos hombres
abonando campos minados.
Vimos rodar la cabeza de Lenin
en el desierto de áfrica
en las estepas de Moscú.
La historia vació
nuestros platos nuestros ojos
nuestras costillas
(Le daban en el lugar roñoso
no pedía
le daban
le)
ofrendándose
haciéndose uno con la tierra
humus con la tierra
bosta con la tierra
tierra con la tierra
el terruño clamando reclamando
sus huesos sus articulaciones
el terruño tragando y escupiendo
(pedía
le daban
le)
hasta que la madre se secó los ojos
en la única camisa superviviente.

(de Las pulsaciones de la derrota, 2013)

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