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Publicado: Jueves, 13 de agosto de 2015

Jorge Torres Ulloa


Jorge Torres Ulloa (Valdivia, Chile, 1948 - 2001). Poeta, profesor normalista, actor y director teatral. Editor del sello Barba de palo, que recogió parte de los más importantes autores del sur de Chile. En poesía publicó los siguientes libros: Recurso de amparo (1975), Palabras en desuso (1977), Graves, leves y fuera de peligro (1987), Poemas encontrados y otros pre-textos (1991), Poemas renales (1993) y La dicha vacante (2001). También incursionó en la música popular, sobre todo en el bolero. En 1993, recibió el Premio Municipal de Literatura de la Municipalidad de Santiago.


Poemas de Jorge Torres Ulloa







No abra esta jaula

Al abrir esta jaula,
Habrá dejado escapar un poema.
Ese que pensemos, mas, no escribimos
Porque medrosos de las palabras
De nuestro entorno,
Revolotean como cernícalos
Sobre nuestro testa.

Alcáncelo pues, y enciérrelo
No suceda que en cercano tiempo
Nos le encontremos cantando
Cual pájaro de mal agüero
Los desatinos de nuestra renuencia.




Estos amigos míos

Estos amigos míos
llegarán atrasados a mi funeral
todavía con dolor de cabeza
y acidez en el estómago.
Aparecerán cuando el sacerdote
esté cerrando su biblia
y de la Biblia caigan gotas
de lluvia incierta,
luego cuando el panteonero lance
el primer terrón
se pondrán el sombrero
subirán el cuello de sus abrigos,
o abrirán sus paraguas
y se irán haciendo comentarios
sobre este tiempo de carajo,
que ya estaría bueno
que saliera el sol
para sacarse esta ropa de lana
y abrazar
definitivamente
a la primavera.




Cuando llueve en julio

A Jorge Teillier, natural de Arcadia.

Cuando llueve en julio
me preocupo por el bosque de mi infancia.
Ese bosque del que no recogí
ni moras, ni murtas,
del que no traje
ni el olor de los eucaliptus,
los sorpresivos hongos.
Ese bosque de dudosa fisonomía
en el que tal vez nunca estuve
y del que trato ahora de salir
buscando algunas marcas en los árboles,
las piedras que guiaron mi posible entrada,
temeroso de sus aviesas sombras,
empapado de lluvia,
enterrado en el lodo,
soy un árbol más.




Los viajes

Atrás sólo el polvo.
Nos vamos mi hija y yo
reventando guijarros
recorriendo esta ciudad sin sentido
a diestra y siniestra
insultando peatones
mi hija y yo
eludiendo policías
y semáforos vacilantes
en fin,
silbando canciones más o menos sospechosas
negando algunos saludos
regalando otros
deslizándonos por esta ciudad de utilería
en busca de pretéritos fantasmas
mi hija y yo
a horcajadas en esta bicicleta
sin ruedas ni pedales.




Declaración de guerra

Arráncate si no quieres ser herida
por mi diatriba ponzoñosa.
Retírate,
te lo aconsejo por tu bien!
Aún tienes luces que encender,
aún puedes servir en otro frente,
no trates de convertirte en mártir
porque no tendrás adoradores.
("Soldado vivo, sirve para otra guerra")
La vida necesita de ti.
Escogiste mala manera de suicidarte
soy un buen tirador
y tú un blanco demasiado ostentoso.
Anda
Huye
Corre
Mientras toma aliento
y cargo mi arma,
te lo suplico,
amor.





Status de náufrago

Cuando víctimas todos del mismo naufragio
Vosotros,
los que moristeis de muerte total
Vosotros,
contumaces
ya no sois más mis compañeros deste juego.
Bien lo sabíais;
tratábase de una cuestión de palabras
(y de su fe irrenunciables en ellas).
Eso sí,
de mixtura y proporción exacta.
Ustedes,
los ufanos verborreicos
no bastáronles el desangre de esos días
en que campeaba la anemia
tanto y tan perniciosa.
Desatendisteis las palabras que importaban
dandoos con gula al festín parlante.
(Dilema de facultativos el atender
las veleidades de la semiología).
Recordaréis a las blancas susurrantes diciéndoos:
No le escuchéis!
Haced oídos sordos!

Guardia de mi propia vigilia
que es donde mora mi cordura
y este desvarío mío se consuela,
Os dije:
Utilizad las palabras adecuadas!
No os desgastéis en las vacuas!
Utilizad las palabras pertinentes!
Pero, nada.
Bien sabíais que no se trataba de exorcismos ni taumaturgias.
Sólo alimentar el verbo.
SIMPLEMENTE ALIMENTAR EL VERBO.

Se explicarán ahora mis frecuentes ataques de mudez,
una cierta lentitud en el hablar:
Buscaba la precisión del adjetivo.

La conjugación cabal.
y ahora,
que ya no sois más mis compañeros deste juego
junto a tácita convicción
yazgo
distrayéndome en nuevos ocios,
mementando vuestras vocinglerías:
YO
el dialítico
el dialéctico

especulando qué hacer
para cuando la barca de Caronte zozobre y
aferrado a la mísera condición destas palabras,
mantener el exiguo
status de náufrago
para, socorrido por las potestades, tener
libre acceso a la vastedad de todas esas playas.





Recado para eventuales lectores
y a todos aquellos que de él fueron


Puesto en el trance de tener que reconocer
que aquél, el de la imagen de solapas de este libro
soy yo, recurro a la solicitud del poeta
Labrunie, frente a similar evento y
ruego a mis amigos:
Decid a todo el mundo que es un retrato
parecido pero póstumo...
Yo soy el otro,


ése que las argentinas sales aún no se animan.
Aquél que no logrará revelar la noche del fotógrafo.
Y ahora, en la cómoda situación de este paréntesis
y siempre con el buen Gérard, afirmo:
Mi situación es buena
pero todo pertenece al futuro
.

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