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Publicado: Domingo, 18 de octubre de 2015

¿Qué sucede en la escuela de hoy?

Por: Hernán Montecinos


"Contratos inestables, profesores temporales, flexibilización laboral, sobrecarga de trabajo, salarios injustos, escasa participación de la comunidad universitaria en la toma de decisiones, aumento de puestos administrativos y burocráticos, autoritarismo y exclusión, jóvenes sometidos a la presión de los créditos y las deudas, cursos superfluos, precios cada vez elevados, estudiantes que se limitan a tomar apuntes y a recitarlos de manera literal a la hora de la evaluación. Todo esto sucede cuando las universidades se convierten en empresas, como ha venido ocurriendo durante las últimas décadas, cuando el neoliberalismo ha ido tomando por asalto cada una de las dimensiones de la vida"
(Noam Chomsky)


"¿De qué modo se vinculan los estudiantes a la universidad?, es la pregunta que se hacía en su época el filósofo Federico Nietzsche. Respondiéndose, a sí mismo: "Por la oreja".

En el aula asistimos a un ritual en donde mientras una boca habla, muchas orejas escuchan y la mitad de las manos escriben. Es este el círculo del aparato académico, una doble autonomía ensalzada bajo la denominación de libertad académica. Se cierra el ciclo con la presencia del Estado, quien con su rostro de supervisor, nos recuerda, que él es el fin de toda esta actividad, la quintaesencia de estos procedimientos de audición y oratoria.

Estos son conceptos de Nietzsche, en una de sus cuatro conferencias sobre "el porvenir de nuestros establecimientos educacionales" una abierta crítica a la filosofía "académica" de su época que, por extensión, se sostiene hoy para todos los ámbitos de la pedagogía ya sean en las materias científicas y de las humanidades.

Como sabemos, Nietzsche fue fuertemente influenciado por Shopenahuer, a partir de la lectura de "El mundo como voluntad y representación". Esta lectura animó a Nietzsche para fundamentar que el pensamiento no debe ceder su autonomía ni frente a instituciones que aparentan favorecerlo, ni ante la afluencia de intelectuales de cátedra y de salón que han dejado de lado la indagación, aceptando la verdad establecida y proclamada por los estatutos que organizan la educación.

Con la mirada de hoy, Nietzsche no deja de tener razón, puesto que, en el aula lo que importa es cubrir las materias del programa, para finalmente examinar a los estudiantes, de modo tal, que el requerimiento principal perseguido por la pedagogía es la memorización de la información por parte de los alumnos. Una educación en donde el pensamiento creador y la investigación se relegan a sitios muy secundarios, que pueden o no ser tomados por una reducida élite, casi siempre, por iniciativa propia.

Pero no sólo Nietzsche y Schopenahuer criticaron los principios fundamentales en que se basaba la pedagogía occidental., Joseph Jacotot, un pedagogo verdaderamente peculiar, que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, reacciona fuertemente contra el modo de concebir la labor educativa porque entiende que los individuos así instruidos y modelados, por una relación donde prevalece la imposición de una determinada doctrina o concepción del mundo, lejos de conseguir un sujeto autónomo, que piense y se desenvuelva por sí mismo, lo transforma en un tonto vitalicio.

El planteamiento filosófico y pedagógico de Joseph Jacotot provocó, en su momento, una fuerte conmoción en la educación europea, al abordar sin eufemismos el tema de la emancipación intelectual al sostener que quien enseña sin emancipar embrutece. Y más aún, cuando incita a que dado el sentido de domesticación que acarrea quien se pliega y adhiere a los modos en que se desarrollaba la pedagogía del momento, era preferible a que cada cual se hiciera cargo de su propia capacidad para instruirse como autodidacta.

Sin duda, estos y otros juicios, tuvieron a la vista, los conceptos primarios que organizaron el proyecto moderno de la burguesía que tuvo su origen en la Ilustración. Proyecto que, en su primer momento, sirvió como reacción para combatir el orden feudal, en el que apenas la burguesía si podía desarrollar su incipiente poder económico y desplegar el acrecentamiento de su actividad comercial, y, desarrollar el incipiente nuevo orden capitalista. Este nuevo orden (Modernidad), desde un principio, creó nuevas formas y relaciones para afianzar su poder, dentro del cual cabe destacar, el trazado de una figura mitificada, idealizada, casi sacralizada de la figura moderna del "Educador", como sujeto y actor que permanece en el sustrato de la "ideología pedagógica occidental".

A partir de entonces, se internalizó en la sociedad moderna el concepto de educación, con el convencimiento de que a través de ésta vía, estábamos trabajando para la emancipación y libre desarrollo de cada cual. Esta idea que apuntaba formalmente a la expresión de la libertad de discernimiento y juicio, no necesariamente se pudo desarrollar bajo sus fundacionales presupuestos, pues tal como lo señalara Bacon, a través de sus célebres "ídolos", la educación resulta ser una guarida de prejuicios y falsas nociones heredados a las que es preciso remover y desalojar para lograr su pleno ejercicio.

En efecto, el desarrollo del proyecto modernizador auspicia la crítica radical de los fundamentos que sustentaron el orden anterior, pero de ninguna manera es ésta una crítica radical a todo tipo de orden instaurado, sino que su impulso está acotado al desenmascaramiento y refutación de uno viejo a efectos de propiciar el pasaje a otro que inaugura una nueva etapa del proceso civilizatorio. Pasaje que requerirá una ciudadanía a la que se le habrá de inculcar nuevos valores, un nuevo marco epistemológico y hasta una nueva ontología a efectos de generar una sociedad basada sobre pilares distintos.

Vemos, por un lado desplegarse una incitación al uso de la razón; pero, librada ésta de todo dique, podría llegar a ser profundamente cuestionadora del nuevo statu quo y sus privilegios. De inmediato se hace preciso limitar entonces su despliegue estableciendo la necesidad del nuevo orden como necesario y superior, sin más.

Cualquier formación social humana lo suficientemente compleja como para requerir de la división del trabajo necesita miembros con habilidades específicas para su mantenimiento que, a la vez, sepan generar relevos a efectos de asegurar su reproducción o, posteriormente, la generación de instituciones especializadas que apunten a una escolarización masiva. He aquí, entonces, otra de las funciones claves y simultánea a la de construcción de ciudadanía que desarrolla la instrucción en una comunidad compleja: introducir al aprendiz en el manejo idóneo de aquellas habilidades convenientes a la buena marcha de (lo que algunos entienden debe ser) el complejo social, lo que incluye, claro está, la propia sistematización de su reproducción; lo cual, a su vez, augura para el "capacitado" una futura inserción laboral. Clausura del círculo. Todo lo que se considere sobrante, superfluo y ni que hablar dañino o subversivo, será desestimulado o severamente sancionado.

Ahora bien, de lo expuesto anteriormente parece inferirse que, desde esta perspectiva (en extremo simplificada a los efectos de su exposición) la educación tiene por objeto principal la simple reproducción al futuro de las condiciones presentes o la generación de las condiciones de posibilidad de un proyecto. "Atontar" o, mejor, recortar de algún modo la capacidad reflexiva de los nuevos miembros que se instituye como discípulos a efectos de generar seres funcionales a determinadas estrategias y proyectos políticos. La educación así entendida operará, entonces, como simple correa de trasmisión de ideas, principios o doctrinas preconcebidas que propenderán o bien a reproducir el orden existente, o bien trabajarán para asegurar una homogenización en vista de un futuro proyectado.

Como sabemos, la universidad de la modernidad fue la institución del saber, de la formación de intelectuales, científicos, ideólogos. En cambio, la universidad posmoderna ha devenido en formación de técnicos. Así, lo que tenemos en la universidad son centros que modelan técnicos estandarizados -o un proletariado letrado- bajo un modelo de mercado. Este mercado, sin embargo, está regido más por la oferta que por la demanda; de otro modo no serían necesarias las ingentes inversiones publicitarias. No son los futuros estudiantes o el campo laboral el que orienta este mercado; son decisiones comerciales, acaso de gestión, al interior de las propias instituciones. La saturación de profesionales en tantas áreas de la producción es una muestra de la distorsión de este sector.

A su vez, las instituciones privadas se presentan como la escalera de ascensión social, la que permitirá al estudiante universitario ingresar en las elites de la producción, más que en las del propio saber.. ¿Publicidad engañosa? Si nos rigiéramos por las estadísticas lo que tendríamos sería una hueste de egresados transformados en proletarios asalariados, alienados y enajenados, y no aquel hombre libre y autónomo que soñaron cuando se inscribieron en los recintos universitarios. No sólo nos topamos con una trampa publicitaria, sino que, más grave aún, el mercado desnaturaliza los principios fundacionalistas que dieron origen al sentido y ser universitario.

Para comprender y comparar el meollo para donde se orienta este asunto, tomemos como ejemplo el de la salud, hoy en manos de un oligopolio conformado por 3 grupos económicos farmacéuticos. éstos han batido con la competencia detentando hoy el 95 por ciento de las facturaciones. Control total sobre el mercado y, por cierto, sobre los precios de los medicamentos y de los mismos pacientes y profesionales médicos. Esta misma lógica, aplicada a la educación, llevará a los mismos resultados. Ya existen antecedentes con la saturación de algunas carreras y con las debilidades financieras de algunas instituciones. Sólo falta que ingrese el capital internacional y también saque del escenario a los más frágiles. Como en todo sector, expuesto al libre mercado, tarde o temprano tendremos una concentración, un virtual monopolio que se apropiará de los centros universitarios y de los colegios.

Pero, si en salud el mercado ha sido nefasto, en educación sería funesto. No sólo por los efectos sobre los precios, sino por el sesgo ideológico que ya expresan los financieramente más poderosos.

Por eso, afirmar hoy que la educación chilena y la enseñanza superior en particular-, está en crisis se ha transformado en un lugar común. Los constantes conflictos del Estado con los profesores y las movilizaciones estudiantiles que desde 1997 se vienen produciendo en el país así lo confirman.

Ahora bien, pero da el caso que todo el proceso de formación de los estudiantes actúa como un proceso invertido como el que se da al mirarse en un espejo. El universitario, esclavo estoico, sujeto a un proceso performativo antes que formativo, se cree tanto más libre cuanto más lo ligan a las cadenas de la autoridad. él es su hijo sometido y agradecido. Siguiendo la misma lógica del hijo sumiso, participa de todos los valores y mitificaciones del sistema, y los internaliza en sí mismo. Así, lo que eran ilusiones impuestas se retrotrae a una ideología interiorizada y conducida por la masa de futuros pequeños cuadros.

El estudiante universitario, ese subproducto de enseñanza superior, no se percata de que la historia ha estado altera su irrisorio mundo "cerrado". En efecto, la famosa "crisis de la Universidad" parte de una crisis más general; sigue siendo el objeto de un diálogo de sordos entre diferentes especialistas en la sociedad posmoderna. Los residuos de la vieja ideología de la Universidad liberal pierden importancia en el momento en que desaparece su base social. La Universidad ha podido disfrutar de un poder autónomo, en la época del capitalismo librecambista que le dejaba cierta. libertad marginal. De ahí el desface de los profesores nostálgicos, amargados por haber perdido su antigua función de perros guardianes, de los futuros amos por esa otra, mucho menos noble, de perros de pastor, Son ellos quienes oponen sus "arcaísmos" a la tecnocratización de la Universidad y continúan suministrando imperturbablemente las sobras de una cultura llamada general, a futuros especialistas que no sabrán qué hacer con ella.

Las diversas facultades y escuelas, todavía adornadas de ilusiones anacrónicas, son transformadas de dispensadores de la "cultura general" a la medida de las clases dirigentes en fábricas de enseñanza rápida de cuadros inferiores y medios. Lejos de oponerse a este proceso histórico que subordina directamente a uno de los últimos sectores relativamente autónomos de la vida social, a las exigencias del sistema mercantil, nuestros progresistas protestan contra los retrasos y desfallecimientos que sufre su realización. El sistema mercantil y sus modernos servidores, he aquí al enemigo

Lo que se publicita no es un conocimiento o una técnica; es un gran simulacro que es lo más falso de lo falso- del saber. Los alumnos son clientes que adquieren un producto o servicio y ambos actores están regidos por las leyes del mercado. La universidad es una frase publicitaria, un eslogan. Las estrategias de venta no difieren en mucho de las de un plan de salud, un seguro de vida, un cementerio privado un automóvil.

Quizás la más evidente de las manifestaciones de esa crisis es que nuestras universidades se han ido llenando de propuestas profesionales "especializantes" que tienden a satisfacer las necesidades de la sociedad chilena en la perspectiva del neoliberalismo excluyente, que por exigencias del mercado obliga a las instituciones de enseñanza superior Centros de Formación Técnica, Institutos Profesionales y Universidades y los pre y post grado correspondientes- a ofrecer contenidos avasallados por el pensamiento lineal de corto alcance, donde hay ausencia de desarrollo de nuevos conocimientos sobre la base de un pensamiento global, sistémico y crítico. Son profesionales "eficientes" y hábiles en la solución de problemas locales, pero dan vuelta la espalda a los problemas sociales que la introducción de los nuevos paradigmas tecnológicos le imponen a nuestras sociedades.

Es en este contexto, que la educación en nuestro país se presenta cualitativamente más deficitaria que nunca. No de otro modo se explica que los egresados de las escuelas, en sus diferentes niveles, presentan serias deficiencias en su formación académica. De partida hay encuestas muy decidoras al respecto. Concluyen que los jóvenes no saben comprender lo que leen, ni escribir correctamente lo que piensan. Aún más, no saben expresar y argumentar verbalmente sus ideas, se muestran incapaces de pensar por sí solos creativamente. Magros resultados para una educación que desplaza el estímulo a la creación por la mera memorización y su consecuente posterior repetición.

Pero la crisis en la educación no sólo se da en el estamento universitario, sino que la misma no es más que el punto de cristalización respecto de una crisis que viene desde mucho más atrás. En efecto esta crisis ya se manifiesta en la educación parvularia, formación deficitaria que deviene ya patente en dicho estamento.

En efecto, desde muy temprana edad, el niño, ese alumno recipiente de información, tiene poco o nada que ver con el niño que llega al pre-escolar, con ojos brillantes y curiosos, imaginativo e indagador. Sólo por un muy breve tiempo de su vida logra retener esas maravillosas cualidades para luego, gradualmente, comenzar una declinación de sus energías intelectuales, y la pérdida de la curiosidad y la exploración. Poco a poco, ese niño párvulo, por naturaleza activo e inquisidor, en los momentos que está abriendo los ojos al mundo, poco a poco deviene pasivo en la escuela. De este proceso se tiene que la escuela desarrolla y mantiene vigente un proceso de aprendizaje no pro-activo, sino pasivo e irreflexivo a la vez.

Todos nos hemos enfrentado, alguna vez, con situaciones que carecen de sentido y podemos atestiguar cuan perturbadora experiencia puede ser ésta. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a algo sin sentido, si estamos en imposibilidad de hallar indicaciones, lo evadimos o pedimos ayuda, en cambio, ante la misma situación el niño no sabe a quién volverse, simplemente porque él es enviado "allí", y debe permanecer en aquel lugar junto con los otros. La escuela se convierte así en fuente de frustración de una necesidad importantísima. Pero da el caso, que por su naturaleza el niño desea una vida con experiencias significativas.

Si hasta Rousseau, en su época, se dio cuenta de la situación desmedrada en que se encontraba el niño enfrentado al aula y el profesor. Estaba convencido de que educar era una forma de ejercer poder sobre quien carece de defensas o escapatoria. En la relación del profesor con el niño se trataría de modelar a éste último según las ideas del enseñante. Debido a que el niño es visto como un adulto en potencia, se lo subordinará a un proyecto de desarrollo que distribuye los papeles de la situación pedagógica: el que sabe y el que llegará a saber, el que tiene la verdad y quien debe aprender esa verdad. Todas las presiones pueden parecer justificadas si se parte de estos prejuicios. Rousseau parece querer revolucionar los supuestos sobre los que se funda la educacional tradicional.. Hay que reconocerle una nueva condición al niño: está más cerca de la naturaleza, es más auténtico que el adulto, él es la verdad del hombre.

Es preciso estudiar al niño, pero no para establecer lo que necesita para convertirse en hombre, sino para medir lo que éste ha perdido por haberse desarrollado de cierta manera inconveniente y perversa. La naturaleza quiere que los niños sean niños antes de que se conviertan en hombres. La niñez posee maneras de ver, de pensar de sentir que son propias suyas. Nada es más insensato que querer reemplazarlas por las nuestras.

De otra parte, no es difícil observar que, en el aula, los docentes dedican mucho de su tiempo a "mantener la disciplina", sobre todo en la enseñanza básica y media. Un grupo de alumnos callados, que no hagan muchas preguntas, que estén atentos y casi sin moverse, se considera como un grupo ideal de aprendizaje. Los supuestos subyacentes a este escenario son claros: al docente se le encarga que enseñe y tiene la responsabilidad que los alumnos aprendan. Los estudiantes tienen que atender permanentemente al profesor, quien es el poseedor del conocimiento, como algo externo y terminado, que el alumno debe "adquirir" a través de los sentidos: el oído predominantemente.

Así, en el aula, mientras los alumnos se sientan en sus pupitres, son inundados por una copiosa información sobre distintas asignaturas. Algunos minutos de matemáticas, otros de castellano para continuar con biología y así sucesivamente. De este modo, durante el día son sometidos s un intenso bombardeado de información sobre una y otra cosa, desconectado todo ello de la vida real.

Tenemos que reconocerlo, la enseñanza, tal cual se imparte en nuestro país adolece de serias deficiencias que caen dentro del ámbito descrito. No por casualidad los resultados de las últimas pruebas "Simce", muestran estancamientos y retrocesos respecto de anteriores pruebas, no sólo en lo que respecta a los resultados de conocimientos y habilidades propiamente dichos, sino que, más grave aún, la distancia de rendimientos entre los sectores pobres y los opulentos se profundiza.

Y no podría ser de otro modo, porque las reformas que se han hecho a la educación han sido sólo eso, meras reformas que no atacan los fallos estructurales habidos en las orientaciones de los sistemas pedagógicos. No se fomenta la curiosidad para que el alumno aprenda por sí solo y logre ser más creativo. El niño se remite a apuntar y memorizar, sin que piense o analice para sintetizar la información. El uso de internet, que pudiera ser una gran ayuda, siempre se usa en el sentido puramente mecanicista para encontrar tal o cual dato que se le pide en la escuela. Pero es el caso que ese dato sólo se copia y se pega para presentarlo al profesor, muchas veces sin siquiera leer su contenido y para que decir, sin reflexionarlo, sin recrearlo, y tampoco sin criticarlo ni menos para dar curso a la creación a partir del dato obtenido. Toda la información que se entrega o recibe el alumno ya se encuentra cocinada, suprimiendo así la iniciativa de éstos a aprender a inferir y a relacionar los datos por su propia cuenta.

De este modo, la manera de hacer aprender es la repetición: copiar, escribir, tomar apuntes del profesor todopoderoso; el lema ya no es "la letra con sangre entra" sino "la letra, por repetición entra". La creatividad queda amputada dejando paso al individualismo, la competitividad y la obediencia. Son los primeros pasos que se inculcan desde la infancia para que el niño devenga en un ser alienado, amputado de la posibilidad de sus propias dotes creativas, En este orden, los halagos y premios no son pocos para los "niños buenos", que son los más sumisos, hasta hay un porcentaje de la nota para castigar a los rebeldes y premiar a los que obedecen sin rechistar.

Ahora, si bien es cierto, aportar más recursos económicos, construyendo más escuelas y comprar más computadores, es una necesidad que requiere nuestro sistema de enseñanza, la crisis de la enseñanza en los colegios de nuestro país tiene raíces más profundas. Esto quiere decir que no basta tal o cual reforma, sino un cambio radical en los parámetros fundamentales que la sustentan. Por de pronto, volver al antiguo modo de formación del profesor, es decir a partir de un sentido verdaderamente vocacional, la que se impartía a través de las "escuelas normales" y los institutos pedagógicos. Ahora, existe una proliferación de universidades particulares que imparten pedagogía, muchas de ellas entregando una dudosa formación profesional en lo que importa es la rentabilidad. Proliferan las universidades de pura tiza y pizarrón en que la vocación poco importa, y la formación se reemplaza por la "enseñanza de repetición".

Y no sólo están los problemas propios que hacen deficitario los sistemas de enseñanzas; eso es sólo la punta del iceberg de un problema mucho mayor que está constantemente presionando sobre ella. En este punto necesariamente tenemos que denunciar el sistema capitalista que nos enmarca dentro de las profundas diferencias sociales intrínsecos a dicho sistema. Para nadie es misterio, que en las escuelas de nivel básico muchos de los niños asisten sólo bajo el interés de acceder a un desayuno y un almuerzo; en lo tocante a la enseñanza propiamente dicha, "no están ni ahí". ¿Cómo incorporar realmente a estos niños?... ¿Cómo encantarlos? A decir verdad, si provienen de hogares destruidos, en que los padres son alcohólicos y drogadictos, y más aún se encuentran cesantes, y peor aún, si han caído en el mundo de la delincuencia, no hay sistema educacional alguno que pueda incorporarlos realmente en el actual sistema. Un proceso educativo para que pueda ser entregado, efectivamente, dentro de un concepto de igualdad de oportunidades, requiere para ello que el problema deficitario económico, social y cultural en las familias chilenas se atiendan y resuelvan radicalmente y no formalmente con meras reformas.

Sabemos que las exigencias provenientes de los sub-sistemas sociales, comenzando por el económico, han planteado demandas precisas de tipo cualitativo al egresado de la educación. Se hace hincapié en la necesidad, cada vez más apremiante, de contar con individuos reflexivos y creativos para la toma de decisiones cada vez más complejas que impone la cada vez más aguda competencia entre países y bloques económicos. Los problemas de carácter global, por su carácter, imponen y exigen la reflexión y la creatividad para enfrentar a gran escala temas como el daño ambiental, la sobrepoblación, y sobre todo, las expectativas crecientes frente a los recursos en disminución, y la competencia económica con énfasis en la calidad.

Esto quiere decir que las exigencias sociales externas presionan al sistema educacional en todos los niveles, siendo el más sensible el universitario, seguido del técnico profesional intermedio, pues son niveles terminales en relación directa con las exigencias del mercado de trabajo. La universidad y la escuela técnica presionan sobre el nivel secundario intermedio con exigencias precisas de calidad y el eco resuena alcanzando a la básica, donde descansa la formación de habilidades básicas para la lectura, escritura y matemática. Los errores y déficit en el nivel primario se pagan a lo largo de toda la enseñanza, aunque sean suplidos posteriormente.

Así, en América Latina la tarea educacional tiene un doble carácter; por una parte, se necesita resolver los problemas de injusticia social, derivados de las condiciones socio-económicas vigentes, y de otra, avanzar hacia el objetivo mundial de desarrollar la calidad de la educación. En este empeño gran parte de los intentos de corrección de las deficiencias educativas, que han actuado con un carácter remedial, deben su menor éxito a la parcialidad y asistematicidad de las modificaciones introducidas. Cambios ejercidos de manera fragmentada sobre distintos componentes del proceso.

Claro está, que estas premisas señaladas para el proceso educativo van a encontrar su gran dificultad por la forma en que se encuentra estructurada la sociedad actual, y con ello el modo como influyen los organismos e instituciones creadas desde los grupos de elite que se encuentran en el poder. Ya Michael Foucault (2000) sostenía la existencia de una sociedad disciplinaria que desarrolla una tecnología más que una ideología, y ello instaura una identidad homogénea entre sus miembros. La sociedad disciplinaria ha instalado máquinas de producción de sujetos, las instituciones modernas, las cuales disciplinan a hombres y mujeres generándoles hábitos, respuestas inconscientes a normas abstractas y positivas, a un deber ser que los marca y los crea. En lugar de reprimir, forma, conforma y habitúa. El principio de esta sociedad es la norma, y cuando el sujeto se desvía de la misma, aun sin conocerla, es castigado configurando así su aprendizaje e interiorizando la normatividad en su propio cuerpo. Los sujetos se tornan en instrumentos dóciles, obedientes, aptos para trabajar, al disociar las fuerzas corporales, aumentarlas en su sentido económico y disminuirlas en su sentido político. El cuerpo será, así, un objeto útil, ya que todas sus fuerzas estarán dedicadas a la producción y el trabajo, lo que le restará potencia para oponerse y resistir.

El control y el aprendizaje comienza en la familia, continúa en la escuela, se extiende a la fábrica, la colonia, las zonas de esparcimiento, de diversión y de juego y puebla las calles de la ciudad. Es casi imposible no estar sometido a algún tipo de normalización e institucionalismo; es poco probable que logremos ser entes individuales con identidad propia. Según Foucault: el individuo "no posee un pensamiento propio, ya que es el lenguaje que otorga la red a través de la cual piensa, red que lo atraviesa y lo obliga a pensar en cierta forma; tampoco tiene palabra, la palabra siempre es ajena; no posee un cuerpo propio, sino que fue inventado por la sociedad disciplinaria" . Y de esta realidad -al que acertadamente apunta Foucault-, la escuela y el profesor difícilmente pueden desaprenderse, por el contrario, se encuentran prisionero de ese fatal círculo.

Esa es la cruda realidad, y aún más! En la escuela los burgueses aplacan uno de sus peores miedos: la lucha de clases. En efecto, al niño se le enseña a respetar la autoridad, a ser amigo del que le oprime; el profesor sería como el patrón, como el burgués y el alumno como el obrero. Si de pequeño nos enseñan a ser amigos de los que nos joden, si de pequeños nos enseñan que la rebeldía es mala, si desde pequeños aplacan nuestra curiosidad, nuestra creatividad y nuestra libertad mental. Entonces, es hora ya de empezar a pensar en un cambio radical en el modo de impartir las enseñanzas en los colegios. Una reformita por aquí, y otra por allá, un computador por aquí y dos computadores más allá, son meros paliativos y nada más que eso

"A la crítica de la figura moderna del Educador pretendo contribuir, mostrando su pertenencia a una lógica tardo capitalista de la dominación que se manifiesta en las más diversas esferas sociales: mundo del trabajo, prisiones, relaciones familiares, etc. Lógica que oculta o disfraza el ejercicio del poder, dulcifica las relaciones de explotación y convierte al objeto de la opresión en sujeto de la misma, en garante de su propia subordinación.

Es evidente el valor que la educación tiene en la promoción de una cultura democrática. En particular para nosotros los chilenos esto es algo más que una elucubración teórica. Por el contrario, es nuestra propia experiencia, nuestra historia, nuestra tradición, la que nos ha demostrado el vínculo estrecho e indisoluble que existe entre educación y democracia. Nuestro país sostuvo durante décadas una educación democrática e integradora, que supo ser de vanguardia, y que forjó, ciertamente lo mejor de nuestra propia identidad. La tolerancia, el respeto, la convivencia pacífica comenzaban a internalizarse en las aulas de nuestras escuelas y llegaron a constituirse en verdaderas señas de identidad como Nación. A tal punto la educación promovió los valores y contribuyó a desarrollar las prácticas democráticas que aún cuando sobrevino la dictadura y todo estaba prohibido y nada podía hacerse ni decirse en lugares públicos, la llama se mantuvo encendida en cada familia. Décadas de educación universal, laica, gratuita, obligatoria y raigambre democrática habían ganado su batalla en nuestro país.

Como sabemos, la universidad durante la modernidad fue la institución del saber, de la formación de intelectuales, científicos, ideólogos. La universidad posmoderna devino en formación de técnicos. Lo que tenemos en la universidad privada son industrias que modelan técnicos estandarizados -o un proletariado letrado- bajo un modelo de mercado. Este mercado universitario, sin embargo, está regido más por la oferta que por la demanda; de otro modo no serían necesarias las ingentes inversiones publicitarias. No son los futuros estudiantes o el campo laboral el que orienta este mercado; son decisiones comerciales, acaso de gestión, al interior de las propias instituciones. Es un producto sin satisfacción garantizada que puede, como todos aquellos artefactos de plástico desechables, generar externalidades negativas. La saturación de profesionales en tantas áreas de la producción es una muestra palmaria de la distorsión de este sector.

La publicidad universitaria se nutre de un imaginario colectivo que no tiene asidero en los cambios de la sociedad. Las instituciones privadas se presentan como la escalera de ascensión social, la que permitirá al futuro estudiante ingresar en las elites del saber, acaso de la producción. ¿Publicidad engañosa? Si nos rigiéramos por las estadísticas laborales, lo que tendríamos es una hueste de proletarios asalariados. No sólo tenemos una trampa publicitaria. El mercado puede también ser intrínsecamente perverso. Tal como sucede en la salud, sector liberalizado que hoy está en manos de un oligopolio. Tres grupos económicos farmacéuticos barrieron con la competencia y hoy detentan el 95 por ciento de las facturaciones. Control total sobre el mercado y, por cierto, sobre los precios de los medicamentos. Son los amos y señores de nuestra salud.

Esta misma lógica aplicada a la educación llevará a los mismos resultados. Ya tenemos antecedentes con la saturación de algunas carreras y con las debilidades financieras de algunas instituciones. Sólo falta que ingrese el capital internacional y también saque del escenario a los más frágiles. Como en todo sector expuesto al libre mercado, tarde o temprano tendremos una concentración, un virtual monopolio. Si en salud ha sido nefasto, en educación sería funesto. No sólo por los efectos sobre los precios, sino por el sesgo ideológico que ya expresan los financieramente más poderosos.

Por eso, afirmar hoy que la educación chilena -y la enseñanza superior en particular-, está en crisis se ha transformado en un lugar común. Los constantes conflictos del Estado con los profesores y las movilizaciones estudiantiles de las diversas universidades tanto particulares como públicas que desde 1997 se vienen produciendo en el país así lo confirman. Ello también se ve reflejado en las elecciones de autoridades en las distintas universidades, donde nuevamente el tema central es el tipo de universidad que se quiere construir y el rol que deben jugar en el desarrollo cultural del país.

A su vez, el estudiante universitario, esclavo estoico, sujeto a un proceso performativo antes que formativo, se cree tanto más libre cuanto más lo ligan las cadenas de la autoridad. Al igual que su nueva familia, la Universidad, se tiene por el ser social más "autónomo" mientras que representa, directa y conjuntamente los dos sistemas más poderosos de la autoridad social: la familia y el Estado. él es su hijo sometido y agradecido. Siguiendo la misma lógica del hijo sumiso, participa de todos los valores y mitificaciones del sistema, y los concreta en sí mismo. Lo que eran ilusiones impuestas a los empleados, se convierte en ideología interiorizada y conducida por la masa de futuros pequeños cuadros. Si la antigua miseria social ha producido los mayores sistemas de compensación de la historia (las religiones), la miseria marginal estudiantil no ha encontrado consuelo más que en las imágenes más desfiguradas de la sociedad dominante, la repetición burlesca de todos sus productos alienados.

Las diversas facultades y escuelas, todavía adornadas de ilusiones anacrónicas, son transformadas de dispensadores de la "cultura general" a la medida de las clases dirigentes en fábricas de enseñanza rápida de cuadros inferiores y de cuadros medios. Lejos de oponerse a este proceso histórico que subordina directamente uno de los últimos sectores relativamente autónomos de la vida social a las exigencias del sistema mercantil, nuestros progresistas protestan contra los retrasos y desfallecimientos que sufre su realización. Son los defensores de la futura Universidad cibernetizada que ya se anuncia aquí y allí. El sistema mercantil y sus modernos servidores, he aquí al enemigo.

Lo que se publicita no es un conocimiento o una técnica; es un gran simulacro -que es lo más falso de lo falso- del saber. Los alumnos son clientes que adquieren un producto o servicio y ambos actores están regidos por las leyes del mercado. La universidad es una frase publicitaria, un eslogan. Las estrategias de venta no difieren en mucho de las de un plan de salud, un seguro de vida, un cementerio privado -un automóvil.

Quizás la más evidente de las manifestaciones de esa crisis es que nuestras universidades se han ido llenando de propuestas profesionales "especializantes" que tienden a satisfacer las necesidades de la sociedad chilena globalizada en la perspectiva del neoliberalismo excluyente y marginalizador, que por exigencias del mercado obliga a las instituciones de enseñanza superior -Centros de Formación Técnica, Institutos Profesionales y Universidades y los pre y post grado correspondientes- a ofrecer contenidos avasallados por el pensamiento lineal de corto alcance y estrecho con predominio en la repetición de lo ya sabido, donde hay ausencia de desarrollo de nuevos conocimientos sobre la base de un pensamiento global, sistémico y crítico.

Es en este contexto, que la educación en nuestro país se presenta cualitativamente más deficitaria que nunca. No de otro modo se explica que los egresados de las escuelas, en sus diferentes niveles, presentan serias deficiencias en su formación académica. De partida hay encuestas muy decidoras al respecto. Concluyen que los jóvenes no saben comprender lo que leen, ni escribir correctamente lo que piensan. Aún más, no saben expresar y argumentar verbalmente sus ideas, se muestran incapaces de pensar por sí solos creativamente. Magros resultados para una educación que desplaza el estímulo a la creación por la mera memorización y su consecuente posterior repetición.

Pero la crisis en la educación no sólo se da en el estamento universitario, sino que la misma no es más que el punto de cristalización respecto de una crisis que viene desde mucho más atrás. En efecto esta crisis ya se manifiesta en la educación parvularia, formación deficitaria que se asoma ya patente en dicho estamento.

En efecto, desde muy temprana edad, el niño, ese alumno recipiente de información, tiene poco o nada que ver con el niño que llega al pre-escolar, con ojos brillantes y curiosos, imaginativo e indagador. Sólo por un muy breve tiempo de su vida logra retener esas maravillosas cualidades para luego, gradualmente, comenzar una declinación de sus energías intelectuales, y la pérdida de la curiosidad y la exploración. Poco a poco, ese niño párvulo, por naturaleza activo e inquisidor, en los momentos que está abriendo los ojos al mundo, poco a poco deviene pasivo en la escuela. De este proceso se tiene que la escuela desarrolla y mantiene vigente un proceso de aprendizaje no pro-activo, sino pasivo e irreflexivo a la vez.

Todos nos hemos enfrentado alguna vez con situaciones que carecen de sentido y podemos atestiguar cuan perturbadora experiencia puede ser ésta. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a algo sin sentido, si estamos en imposibilidad de hallar indicaciones, lo evadimos o pedimos ayuda, en cambio, ante la misma situación el niño no sabe a quien volverse, simplemente porque él es enviado "allí", y debe permanecer en aquel lugar junto con los otros. La escuela se convierte así en fuente de frustración de una necesidad importantísima. Pero es el caso, que por su naturaleza el niño desea una vida con experiencias significativas.

De otra parte, no es difícil observar que, en el aula, los docentes dedican mucho de su tiempo a "mantener la disciplina", sobre todo en la enseñanza básica y media. Un grupo de alumnos callados, que no hagan muchas preguntas, que estén atentos y casi sin moverse, se considera como un grupo ideal de aprendizaje. Los supuestos subyacentes a este escenario son claros: al docente se le encarga que enseñe y tiene la responsabilidad que los alumnos aprendan. Los estudiantes tienen que atender permanentemente al profesor, quien es el poseedor del conocimiento, como algo externo y terminado, que el alumno debe "adquirir" a través de los sentidos: el oído predominantemente.

Tenemos que reconocerlo, la nseñanza tal cual se imparte en nuestro país adolece de serias deficiencias que caen dentro del ámbito descrito. No por casualidad los resultados de las últimas pruebas "Simce", muestran estancamientos y retrocesos respecto de anteriores pruebas, no sólo en lo que respecta a los resultados de conocimientos y habilidades propiamente dichos, sino que, más grave aún, la distancia de rendimientos entre los sectores pobres y los opulentos se profundiza.

Y no podría ser de otro modo, porque las reformas que se han hecho a la educación han sido sólo eso, meras reformas que no atacan los fallos estructurales habidos en las orientaciones de los sistemas pedagógicos. No se fomenta la curiosidad para que el alumno aprenda por sí solo y logre ser más creativo. El niño se remite a apuntar y memorizar, sin que piense o analice para sintetizar la información. El uso de internet, que pudiera ser una gran ayuda, siempre se usa en el sentido puramente mecanicista para encontrar tal o cual dato que se le pide en la escuela. Pero es el caso que ese dato sólo se copia y se pega para presentarlo al profesor, muchas veces sin siquiera leer su contenido y para que decir, sin reflexionarlo, sin recrearlo, y tampoco sin criticarlo ni menos para dar curso a la creación a partir del dato obtenido. Toda la información que se entrega o recibe el alumno ya se encuentra cocinada, suprimiendo así la iniciativa de éstos a aprender a inferir y a relacionar los datos por su propia cuenta

De este modo, la manera de hacer aprender es la repetición: copiar, escribir, tomar apuntes del profesor todopoderoso; el lema ya no es "la letra con sangre entra" sino "la letra, por repetición entra". La creatividad queda amputada dejando paso al individualismo, la competitividad y la obediencia. Son los primeros pasos que se inculcan desde la infancia para que el niño devenga en un ser alienado, amputado de la posibilidad de sus propias dotes creativas, las cuales son opacadas, minimizadas por un sistema educacional que se vuelve mecanicista, eminentemente repetitivo. En este orden, los halagos y premios no son pocos para los "niños buenos", que son los más sumisos, hasta hay un porcentaje de la nota para castigar a los rebeldes y premiar a los que obedecen sin rechistar.

Ahora bien, si bien es cierto, aportar más recursos económicos, construyendo más escuelas y comprar más computadores, es una necesidad que requiere nuestro sistema de enseñanza, la crisis de la enseñanza en los colegios de nuestro país tiene raíces más profundas. Esto quiere decir que no basta tal o cual reforma, sino un cambio radical en los parámetros fundamentales que la sustentan. Por de pronto, volver al antiguo modo de formación del profesor, es decir a partir de un sentido verdaderamente vocacional, la que se impartía a través de las "escuelas normales" y los institutos pedagógicos. Ahora, existe una proliferación de universidades particulares que imparten pedagogía, muchas de ellas entregando una dudosa formación profesional en lo que importa es la rentabilidad. Proliferan las universidades de pura tiza y pizarrón en que la vocación poco importa, y la formación se reemplaza por la "enseñanza de repetición".

Y no sólo están los problemas propios que hacen deficitario los sistemas de enseñanzas; eso es sólo la punta del iceberg de un problema mucho mayor que está constantemente presionando sobre ella. En este punto necesariamente tenemos que denunciar el sistema capitalista que nos enmarca y las profundas diferencias sociales intrínsecos a dicho sistema. Para nadie es misterio, que en las escuelas de nivel básico muchos de los niños asisten sólo bajo el interés de acceder a un desayuno y un almuerzo; en lo tocante a la enseñanza propiamente dicha, "no están ni ahí". ¿Cómo incorporar realmente a estos niños?... ¿Cómo encantarlos? A decir verdad, si provienen de hogares destruidos, en que los padres son alcohólicos y drogadictos, y más aún se encuentran cesantes, y peor aún, si han caído en el mundo de la delincuencia, no hay sistema educacional alguno que pueda incorporarlos realmente en el actual sistema imperante. Un proceso educativo para que pueda ser entregado, efectivamente, dentro de un concepto de igualdad de oportunidades, requiere para ello que el problema deficitario económico, social y cultural en las familias chilenas se atiendan y resuelvan radicalmente y no formalmente con meras reformas.

Sabemos que las exigencias provenientes de los sub-sistemas sociales, comenzando por el económico, han planteado demandas precisas de tipo cualitativo al egresado de la educación. Se hace hincapié en la necesidad, cada vez más apremiante, de contar con individuos reflexivos y creativos para la toma de decisiones cada vez más complejas que impone la cada vez más aguda competencia entre países y bloques económicos. Los problemas de carácter global, por su carácter, imponen y exigen la reflexión y la creatividad para enfrentar a gran escala temas como el daño ambiental, la sobrepoblación, y sobre todo, las expectativas crecientes frente a los recursos en disminución, y la competencia económica con énfasis en la calidad.

Esto quiere decir que las exigencias sociales externas presionan al sistema educacional en todos los niveles, siendo el más sensible el universitario, seguido del técnico profesional intermedio, pues son niveles terminales en relación directa con las exigencias del mercado de trabajo. La universidad y la escuela técnica presionan sobre el nivel secundario intermedio con exigencias precisas de calidad y el eco resuena alcanzando a la básica, donde descansa la formación de habilidades básicas para la lectura, escritura y matemática. Los errores y déficit en el nivel primario se pagan a lo largo de toda la enseñanza, aunque sean suplidos posteriormente.

Así, en América Latina la tarea educacional tiene un doble carácter; por una parte, se necesita resolver los problemas de injusticia social, derivados de las condiciones socio-económicas vigentes, y de otra, avanzar hacia el objetivo mundial de desarrollar la calidad de la educación. En este empeño gran parte de los intentos de corrección de las deficiencias educativas, que han actuado con un carácter remedial, deben su menor éxito a la parcialidad y asistematicidad de las modificaciones introducidas. Cambios ejercidos de manera fragmentada sobre distintos componentes del proceso.

Claro está, que estas premisas básicas señaladas para el proceso educativo van a encontrar su gran dificultad por la forma en que se encuentra estructurada la sociedad actual, y con ello el modo como influyen los organismos e instituciones creadas desde los grupos de elite que se encuentran en el poder. Ya Michael Foucault (2000) sostenía la existencia de una sociedad disciplinaria que desarrolla una tecnología más que una ideología, y ello instaura una identidad homogénea entre sus miembros. La sociedad disciplinaria ha instalado máquinas de producción de sujetos, las instituciones modernas, las cuales disciplinan a hombres y mujeres generándoles hábitos, respuestas inconscientes a normas abstractas y positivas, a un deber ser que los marca y los crea. En lugar de reprimir, forma, conforma y habitúa. El principio de esta sociedad es la norma, y cuando el sujeto se desvía de la misma, aun sin conocerla, es castigado configurando así su aprendizaje e interiorizando la normatividad en su propio cuerpo. Los sujetos se tornan en instrumentos dóciles, obedientes, aptos para trabajar, al disociar las fuerzas corporales, aumentarlas en su sentido económico y disminuirlas en su sentido político. El cuerpo será, así, un objeto útil, ya que todas sus fuerzas estarán dedicadas a la producción y el trabajo, lo que le restará potencia para oponerse y resistir.

El control y el aprendizaje comienza en la familia, continúa en la escuela, se extiende a la fábrica, la colonia, las zonas de esparcimiento, de diversión y de juego y puebla las calles de la ciudad. Es casi imposible no estar sometido a algún tipo de normalización e institucionalismo; es poco probable que logremos ser entes individuales con identidad propia. Según Foucault: el individuo "no posee un pensamiento propio, ya que es el lenguaje que otorga la red a través de la cual piensa, red que lo atraviesa y lo obliga a pensar en cierta forma; tampoco tiene palabra, la palabra siempre es ajena; no posee un cuerpo propio, sino que fue inventado por la sociedad disciplinaria" . Y de esta realidad -al que acertadamente apunta Foucault-, la escuela y el profesor difícilmente pueden desaprenderse, por el contrario, se encuentran prisionero de ese fatal círculo.

Es en este contexto que el profesor viene a ser un eslabón más constituyente de un cuerpo social que se encuentra alojado en la escuela. Por más que lo desee, el profesor no podrá desembarazarse de la realidad estructural asfixiante que lo rodea. Por eso, y excúseme el profesor, esa autoridad al que el niño y adolescente debe seguir ciegamente, no sería ninguna mentira decir que casi la totalidad de los profesores están aborregados pedagógicamente. Y no es que ellos conscientemente quieran estarlo, sino que las estructuras del sistema capitalista, quiéranlo o no, lo determinan en tal condición.

Es decir, que el profesor, como un eslabón más que forma parte de las instituciones societarias creadas a modo de reproducir las condiciones existentes en la sociedad de clases, poco o nada podrán hacer para romper ese acerado corsé sobre el cual se encuentran prisioneros. Con todo, lo poco o más que se pueda hacer para romper esta condición, está en manos del profesor poder así hacerlo quien por su situación privilegiada (intelectualmente hablando), es el que puede hacer el aporte mayor, si es que orienta su quehacer no sólo en el sentido estrictamente pedagógico educativo, sino que priorizando el proceso formativo del educando.

Por último, y excúseme el profesor, esa autoridad al que el niño y adolescente debe seguir ciegamente. No sería ninguna mentira decir que casi la totalidad de los profesores están aborregados pedagógicamente. Y no es que ellos conscientemente quieran estarlo, sino que las estructuras del sistema capitalista, quiéranlo o no, lo determinan en tal condición. ¿Para qué va a pensar de una forma para que los alumnos investiguen y estimulen toda su capacidad creadora si van a cobrar igual? Si el humano cuando nace es libre y creativo por naturaleza, cual paradoja, la escuela tiende a anular esos valores.

Esa es la cruda realidad, y aún más! En la escuela los burgueses aplacan uno de sus peores miedos: la lucha de clases. En efecto, al niño se le enseña a respetar la autoridad, a ser amigo del que le oprime; el profesor sería como el patrón, como el burgués y el alumno como el obrero, si de pequeño nos enseñan a ser amigos de los que nos joden, si de pequeños nos enseñan que la rebeldía es mala, si desde pequeños aplacan nuestra curiosidad, nuestra creatividad y nuestra libertad mental. Entonces, es hora ya de empezar a pensar en un cambio radical en el modo de impartir las enseñanzas en los colegios. Una reformita por aquí, y otra por allá, un computador por aquí y dos computadores más allá, son meros paliativos y nada más que eso.

A manera de conclusión termino con una reflexión de Pedro García Olivo, introducida en "Reflexiones en torno a la figura moderna del Educador", en la que señala lo siguiente: "A la crítica de la figura moderna del Educador pretendo contribuir, mostrando su pertenencia a una lógica tardo capitalista de la dominación que se manifiesta en las más diversas esferas sociales: mundo del trabajo, prisiones, relaciones familiares, etc. Lógica que oculta o disfraza el ejercicio del poder, dulcifica las relaciones de explotación y convierte al objeto de la opresión en sujeto de la misma, en garante de su propia subordinación.


FUENTES:

El azote de la esfera intelectual. Reflexiones en torno a la figura "moderna" del Educador (De Pedro García Olivo). Publicado en www.lahaine-clajadep.org

** Sobre la miseria en el medio estudiantil. Varios autores. (Barcelona, Icaria, 1977)

**¿Qué sucede en la escuela hoy?. Versión original (De Hernán Montecinos)

** El porvenir de nuestros establecimientos educacionales (Federico Nietzsche).

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