Buscar
PANC
Publicado: Sábado, 26 de agosto de 2017

Marisa Martínez Pérsico


Marisa Martínez Pérsico (Buenos Aires, 1978). Poeta, crítica literaria y profesora universitaria. Como poeta ha publicado Las voces de las hojas (1998), Poética ambulante (2003), Los pliegos obtusos (2004) y La única puerta era la tuya (2015). Se encuentran en prensa su quinto poemario, El cielo entre paréntesis, que saldrá por Valparaíso España y su antología Después de la ceniza, que saldrá por El surí porfiado en Argentina. Como investigadora ha publicado cinco monografías sobre literatura argentina, española y ecuatoriana del siglo XX y más de setenta artículos científicos. Ha editado a Leopoldo Marechal, a Luis García Montero y se encuentra preparando una edición de la poesía escogida de Joan Margarit. En 1995 obtuvo el primer premio de ensayo conferido por la UNESCO en conmemoración del centenario de la caída en batalla de José Martí, en 1996 el premio de poesía de Ediciones Baobab/Subsecretaría de Cultura de la Nación Argentina. En 2003 y 2004 fue seleccionada por el gobierno bonaerense entre los diez poetas representantes de la provincia en el certamen interdisciplinario Arte Joven. En 2008 obtuvo la mención Poeta Revelación en Plebella. Revista de Poesía Actual y ese mismo año recibió la beca del Fondo Nacional de las Artes. Codirige la revista Cuadernos del hipogrifo y es colaboradora ocasional del periódico La Nación. Es doctora en Filología Hispánica y está radicada en Italia desde 2010. Más poesía suya en: www.marisamartinezpersico.com 


FRANCOTIRADORES DE SARAJEVO

¿Por qué no vamos
de vacaciones a Bosnia?
Ha sido tu pregunta
de estos años.

Hojeabas la revista Bell´Europa
y andabas por la casa
con un cuadro
del antiguo cementerio judío.
 
En la foto de la tienda
que reza Cvjecara
las flores germinan en la roca
a través de los impactos
de mortero.

 
Hay orquídeas en venta,
para los amantes
y los muertos, me decías.
 
¿Por qué no organizar 
un viaje a Herzegovina, 
este verano?
 
Estabas triste a destiempo.
 
Por entonces 
eras solo un muchacho
de familia opulenta
que franqueaba el confín
de los Balcanes
por tumbarse en las playas
sin bombas del Egeo.
 
Pero es fácil ser lírico
con la tragedia ajena.
 
Pavonearse entre los símbolos
con temas prestados
sin usar las rodillas
como patas de perro
por burlar a los maquis 
del Bulevar Selimovica.
 
¿Por qué no vamos a Mostar,
aunque sea unos días?
 
Yo tenía trece años.
El padre de mi amiga
amanecía pegado 
a una emisora europea
para oír del asedio,
de su hermano en Markale,
de esa Miss Universo
coronada en un sótano.
 
Yo escuchaba The Cult 
en la otra sala.
 
La pureza no duele
cuando el mal no nos toca. 
Después de Sarajevo
no es posible mirar una criatura
sin vendarse los ojos.
 
No volviste a insistir. 
La llevarás, ahora, de la mano
al osario de tórtolas
del cuadro.
 
Y todo está en su sitio,
amor,
no te disculpes.

Yo tendré otras montañas.




LENITIVO II

No hay
Como leer cartas de amor de otras épocas.

Esto también pasará.





LENITIVO II
 
Dejar esa fractura expuesta a la mañana.
Sin compresas.

Que el poema respire por la herida.





BOLETÍN BLANCO

De día, en el trabajo,
en el rumor feliz de una cafetería,
mientras suenan cascabeles en la calle,
tacones, collares, estornudos,
casi nada perturba el corazón
o eso parece,
todo marcha en la luz.

Hay hombres
que usurpan mi aliento 
cuando pasan.

Los dejo indagar en mi mirada
esas sucias palabras
que me trepan tan limpias 
por la boca.

Y si me quedo a oscuras con mi espejo
en el dedal vacío de mi cuarto
no hay guarida,
no hay ombligo ni abrazo
flor de metal más honda que estar lejos,
saber que vas cambiando
sin que yo sea testigo.

La estación envejece sus coronas.

El pedregoso ovillo de tu pelo
prueba un paso de danza en el pasillo,
esos gestos ambiguos de empezar a vestirme
para hacerte más largo transitar el deseo
que me arroje a la brecha
de otro olvido.

El futuro no es tiempo
que pueda llevarnos de la mano
y aun así el espíritu se aferra
a quien le dio de latir.

He crecido contigo.

Hemos saltado juntos a otro lado,
del que no se regresa.





ESTACIÓN DE CAPRANICA

Las ideas tienen sus paisajes.
Juan Ramón Jiménez

La ventana se frena en un grafiti.
Mi sposerai?
La tinta está borrosa
por la trama de lluvias sucesivas.

Qué será del presente
de aquel fuego con médula y ardor.

El tren arranca,
se apaga una pregunta.





FAREWELL DOS
 
Adiós a la poesía burda, aquella absurda
maravilla inescrutable.
Maremágnum sintagmático del siglo,
metástasis de versos troquelados.
La vanguardia del erizo y del carpincho,
alegrémonos que no entendemos qué bárbaro,
te quiero pero estoy bien light alone,
qué oprobio ese vestido de la abuela.
Marketin’ del verso adiós,
adiós.





DUNAV SAVA

Pasan los pinos azules de Belgrado.

Desde su último invierno,
a través del ramaje de otra lengua,
me saluda mi padre.

No habré cambiado mucho en estos años,
más allá de una hija
cuya vida no acertó a murmurar.

Debajo del collar de las bocinas, 
por el vidrio que esboza un pentagrama,
el ayer es un libro que comienza.

Quién dijera:
convocar dos recuerdos que no pueden hablarse
en mi mesa de tres del pensamiento.

El viajero de enfrente me sonríe,
por sus ojos desfilan memorias del futuro.
Mi hija observa, también, por la ventana. 
¿En qué distante mundo 
se ha sentado a evocarme
mientras mira los pinos de otro cielo
que transcurren, copiosos de avutardas?

Hemos llegado a la estación. Se desvanece
el coloquio familiar. Nada es distinto.

Tal vez lo que importa del paisaje
es merecer un asiento en la memoria
de alguien que nos quiso
cuando estamos ausentes.





LJUBLJANICA SAVA

Se esfuman ciertos gestos
del crucero que hicimos por Ljubljana.
Las sensaciones aéreas,
cómo el viento jugaba con mi falda,
cómo el agua cantaba en movimiento.
Allí toqué,
por un segundo,
el alfiler agudo de la dicha,
pero fue tan leve al tacto
que lo perdí al doblar el primer puente,
donde aprieta el pasado
como un zapato antiguo y defectuoso
que aún quisieras ponerte.





DESARRAIGO

Aquí me rindo, tendida a tu derecha.
De todos los rincones del planeta elijo tu hombro,
sin más norte que el sur de mis recuerdos
a pesar de esos pájaros de leche
que me arrojan de fauces al futuro
como se echa una piedra
en un estanque sin fondo.




EL ORÍGEN DEL MUNDO

Cierra los ojos.
Viaja conmigo en el extenso
territorio del instante.

Quiero sentir las hojas que crepitan   
bajo el peso ondulante de tu cuerpo. 

¿Cuáles fueron
tus rutas y tus árboles? 

La forma triangular de las encinas
se remonta a los ciervos
que salen a pastar por las mañanas.

Si cada libro que se abre 
se parece a los muslos
de una mujer desnuda en un museo, 
lo que tengo de fuente
lo he aprendido en tus labios.

Ese modo apacible de beberme.





LA TRAPECISTA DE ESCHER

Tambalea
en la acrobática cuerda del deseo.

Langostas de papel pegadas a los muros
que rompió a arañazos para sostenerse de algo
mientras él la quería.

Amar es caer.

Se vive fingiendo el equilibrio.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net