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Publicado: Domingo, 17 de septiembre de 2017

El morador boliviano con su morral cultural encima

Por: Ernesto Joaniquina Hidalgo


Hay algo de especial en el boliviano/a, somos una suerte de mortales que nos repelemos en la cercanía y nos atraemos con todo nuestro ajayu en la ausencia, en esa desaforada vivencia de llevar a Bolivia por todas las latitudes de esta vetusta urbe. Somos como aquel estribillo que a temprana edad la percibía musitar a mis mayores y se apoderó de mis sentimientos: “estoy cerca no puedo verte, estoy lejos te quiero más, es por eso que ya me voy …”

Juana Veisaga Quispe junto a la ñusta Stefanny Machicado Veisaga y Ernesto J.H.

Entendimos que nuestra Bolivia no sólo estriba a lo físico y tangible que nos da la geografía boliviana, sino también a ese otro sentimiento que cada boliviano siente y exuda desde su fuero interno y cual ave fugaz e itinerante despliega sus alas al viento y vuela más allá de su cielo, llevando consigo un cúmulo de costumbres y tradiciones y haciendo patria desde donde se encuentre.

Recuerdo que cuando bordeaba la adolescencia, por aquella diáspora a mediados del 1970, Suecia nos cobijaba en su Valhalla juntos a sus valquirias para curar nuestras dolencias del alma y esa justicia confiscada de argentinos, chilenos, uruguayos y paraguayos, que llevaban consigo dejando negros nubarrones en el Sur.

En la ausencia muchos sembramos en un puñado de tierra muestra, aquella flor apuesta de nuestros pueblos, Que la denominamos “El no me olvides”, hermoso lirio que no hacía más que crecer y crecer como nuestros sentimientos en éste periplo de vida. Desde entonces, el puñado de bolivianos que nos ubicamos en el arrabal de Hammarkullen en Gotemburgo, fuimos los primeros en organizar junto a otros latinoamericanos, el Carnaval en Suecia y que hoy es conocido por sus manifestaciones artísticas y ocupa la agenda cultural del Municipio de ésta ciudad con las danzas folclóricas nuestras como el Tinku, los Caporales, la Morenada y entre otros inmigrantes con la Samba y la batucada brasilera.

Hoy en día, después de varios lustros, esta práctica cultural se la ha diseminado en todas las latitudes del planeta, allá por donde llega el habitante boliviano. En Europa fueron surgiendo grupos organisados de bolivianos mostrando nuestras danzas folclóricas en diferenres paises con un desborde de alegría y rostro juvenil como la de Barcelona.

Para esta nota tuvimos el gusto de entrevistarla a una compatriota boliviana, Sipesipeña de corazón que ya radica más de 15 años en España, la señora Juana Veisaga Quispe nos cuenta que desde años atrás se la va celebrando y bailando con nuestras danzas en los carnavales de la Rúa (fiesta y diversión carnavalera) en Barcelona y que posteriormente a esta práctica cultural se la incorporó la réplica de la virgen de Urcupiña, patrona de Quillacollo traída desde Bolivia y desde entonces empezaron a nombrar pasantes, padrinos cada año para solventar los gastos de la atención y su recepción de bailarines e invitados en el mismo evento. Comenta la señora Veisaga que se arman cargamentos en autos, ataviados de aguayos y llevan a la virgen en hombros o los pasantes la sostienen entre sus brazos. En ese día de la rúa, al final del recorrido se les sitúa a los pasantes e invitados de la administración del ayuntamiento en un altar ornamentado con frescas flores y en un ambiente donde se percibe la fragancia de las resinas aromáticas del incienso. Esta actividad se la realiza en la céntrica avenida del Paralelo en Barcelona. Esta práctica religiosa tiene una duración de horas en un mismo día, previa autorización del municipio, dándose cita a este acto de fe y devoción compatriotas residentes, latinoamericanos y la curiosidad de los habitantes del municipio. Sostiene nuestra entrevistada.

El ambiente es festivo con comparsas de grupos folclóricos bolivianos quienes tienen entre sus bailarines invitados de todas las nacionalidades. Otra de nuestras entrevistadas es la ñusta de este año 2017 de la fraternidad y filial de Cochabamba “Tinkus de San Simón”, Stefanny Machicado Veisaga, compatriota universitaria de Barcelona que se siente orgullosa de portar los atuendos del Tinku y bailar con donaire nuestra danza, lejos de nuestras fronteras.

Para doña Juana Veisaga esta práctica cultural es “muy importante porque mantiene vivas nuestras tradiciones y porque no debemos nunca ocultar nuestras costumbres y raíces ni negarlas de donde uno ha venido. Ver estas prácticas, nos alegra el corazón”, sostiene.

En esta misma perspectiva se la va realizando muchas otras manifestaciones culturales como el “Umaruthuku” o corte de pelo en los niños en el primer año de aniversario, asimismo se la va realizando el “Inti raymi” o el solsticio de invierno en las playas de Barcelona exceptuando los sacrificios de llamas que no existen, pero eso sí, con una desbordante energía y bríos de alegría junto a los músicos de música autóctona con sampoñas y bombos, nos manifiesta alegremente nuestra entrevistada.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net