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Publicado: Lunes, 05 de abril de 2004

España y América una sola carne: ¡Rosa de amor!


Explicamos algunas cosas. Hay tantos egregios testimonios del amor latinoamericano por la Europa castellana en un lazo indisoluble y saludable de una sangre y cultura común, que dejaron su marca histórica de alianza en cantos de nuestros más grandes vates: Cuando España se derramaba de tomates repetidos hasta el mar, preguntabais dónde estaban las lilas y la metafísica cubierta de amapolas?; se vivía en un barrio de Madrid, y la casa era llamada la casa de las flores, y una mañana todo estaba ardiendo, las hogueras salían de la tierra devorando seres, entonces surgió el grito de auxilio de los internacionalistas: había que ir a ved la sangre por las calles, en esa guerra vil y pérfida en que Neruda y César Vallejo pedían al antifascismo para que España no cayera, la madre nutricia, historiada.

La que hizo brotar el habla al mundo americano, superando el dolor y el odio, esta nueva estirpe mestiza que legaran idéntico destino, dándonos el alfabeto y el ejemplo de la cultura de todos sus siglos de oro, de sus academias, de las ‘ñ’ y ‘s’ y dulces íes andaluzas y zéjel lírico que llevaba las mil y una noches en los velos del tiempo y las sedas más finas del delicado ánfora de mágicos maestros que moraban en desiertos de matemáticas y astronomía, que no era sino una raíz, que no iba a ser vencida entre hermanos. Las mismas madres y la piel no podían odiarse por decreto.

El dolor que nubla los corazones de España, ha sido ya anunciado en la más sensata medida por el Presidente electo Rodríguez Zapatero, puesto en los zapatos de la gente del pueblo, de amable y generosa vocación por la paz. Primera decisión exitosa de muchas a que el nuevo socialismo democrático español está llamado desde su humanismo esencial. España ha dado ahora esta señal, en medio de su aflicción, con el corazón llagado por los recientes sucesos.

Pero el gesto no ha sido la venganza, como era digno esperarse en un pueblo de bien: esta reacción popular espontánea dijo basta, no podemos seguir en una guerra injusta como todas donde no fuimos convocados ni consultados. Aznar ha pagado caro su error, y el sabio país lo evaluó con justeza. Ha perdido la derecha tradicional en España y se inicia una nueva era de social democracia que se puede convertir en el farol que ilumine a toda América por los caminos de la concordia y el progreso en tolerancia y equidad.

Roberto Matta, mi genial compatriota surrealista, hizo el más lúcido realismo al plantear la estrategia: España y América Latina, un solo continente unido. Es el momento de dar la señal de la cooperación y de las rutas que debemos seguir con el polo sur, con una alternativa de estabilidad y cambio para el mundo entero. España nunca debía rechazar a sus hijos, fueran donde estuvieran asentados; era contra natura, contra el amor, la misma sangre regada, los ideales, y el sentido de justicia.

España vuelve al corazón de los americanos, con sus sonrisas amables y dispuesta a recibir los refrescantes vientos que se dan en América desde Darío, Martí, Vallejo, Huidobro, Girondo, Lezama, Paz, Reyes, Guillén, Mistral, Neruda, Rulfo, Asturias, Roa Bastos, Díaz-Casanueva, García Márquez, Edwards, Carpentier, Sabato, Cortázar, Juarroz, Gonzalo Rojas, Parra, Donoso, Bolaño, Brice Echenique, Martín Adán, Belli, Cardenal, Bello, Nervo, y la lengua se hace corta para nombrar la hermandad y el legado siempre fértil.

Soy tan español como chileno, soy tan chileno como español, como me heredara el amor mi abuelo gallego, que sintonizaba con lágrimas en los ojos las radios para enterarse de cómo se desangraba su dulce tierra con otras bombas que caían de otras infames guerras, con Guernicas y Migueles Hernández cantando en el viento del pueblo el dolor de un duende acribillado por la espalda. Neruda no se sentó a llorar, ni lo hizo Vallejo, ese llamado antifascista internacional a salvar a España fue el libro abierto para ser llenado por los cariños solidarios en el mismo corazón americano. Winnipeg a la libertad y la paz, con flores y pañuelos blancos agitados en un viento nuevo, que ardían en manos de otros mártires, hoy con voz recuperada, en La Moneda, donde rondaba el fantasma de un dolor familiar.

Son tan innúmeras las coincidencias, que España y América no podían seguir separadas. La raíz de habla, sangre y cultura, estaba en la carne, y esa carne clamaba por retomar al camino mutuo, eran senderos que se habían bifurcados en otros jardines de cuentos policíacos, de otros Borges, de otros Lugones, ese Minotauro que tempranamente había derrotado el joven Cortázar. La mesa estaba servida y alguien había retirado el Barco en que cabríamos todos. La mesa fraterna y alegre en que se sentara Hernández, Lorca, Neruda, Vallejo, Alberti, y Aleixandre, que estaba aún, a pesar de que parecía que se había ido, prodigándose los más sentidos poemas, del pan y el vino, del toro y la sangre ‘Que no quiero verla, que no quiero verla.’ ‘Y ya no estábamos solos desde que habías muerto, estábamos con los que te buscaban’, le llora en razón de vida al pastor de cabras asesinado, que llegaba ‘con tres heridas, la del amor, la de la muerte y la de la Vida’, sobre el canto de la voz de luto eterno.

Había golpes en la vida tan fuertes, como el odio de Dios, no sabía, y esos Heraldos negros anunciaban una negra araña, inmóvil, pero sobre todas las cosas, eran dos renuncias, dos avances de amor que se tendían y ruegan infinito, eterna vida, cante y eche a volar Verbos Plurales. Porque si es por tu sangre, ay, España, aparte de mí este cáliz. Pues de dolores de pueblos con esperanzas de hombres, sólo nacerá amor en unos mismos zapatos del que asciende, cuando trabajarán todos los hombres para que sólo la muerte muera.

Ya la nana de la cebolla pide a los niños del mundo que si España caía, era un decir: estaba la madre España con su vientre a cuestas: será nuestra maestra. ¿Cómo ibais a cesar de crecer? Porque llegabas con la boca cubierta de raíces, y yo he tenido siempre los orígenes, un antes de leche en mi cabeza. Bajo la luz plural de los azahares. Dónde esté, estoy contigo, amor de mi carne y mi lengua y mi sed, cantará por ti, cuando me necesites, rosas de amor para España, una sola.

Osorno, Chile

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