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Publicado: Viernes, 16 de abril de 2004

Es Harry Potter buena literatura infantil?


El fenómeno del niño mago, éxito de ventas sin precedentes, se debe sin lugar a dudas a ingentes campañas de marketing y publicidad. Para cualquier crítico avisado, como Bloom, la escritura de Potter está llena de lugares comunes, vulgares, del lenguaje de la calle, de todos los días y sus temas son tópicos, gastados. Uno no pudiera comparar sinceramente a la autora con Ana Frank, ni con R. L. Stevenson, o con El libro de la selva, de Kipling, ni aun con autores actuales como el maravilloso Michael Ende, por citar un título, su Momo, verdadera paradoja de la modernidad, o La aventura interminable.

Ni con C. S. Lewis y sus Crónicas de Narnia. Siquiera de Gran Lobo salvaje, que es una tierna historia de perritos. Pero, a nuestro modo de leer, Corazón, del humanista melancólico Edmundo de Amicis, es una prueba de cómo conmover a los niños con historias de la vida real de los propios pequeños, que dejan suaves pero firmes lecciones, en los infantes.

Y qué decir, Selma Lagerlöff, una de las más altas cumbres del género con su ‘Viaje maravilloso de Nils Holgersson’, volando en un pato por la tierra lapona con una poesía preciosísima, llena de delicadeza, además de sano patriotismo. Aún los cuentos de Perrault, Andersen, Grimm y Hoffmann. El mismo Colodi con su Pinochio. Ni los viajes fantásticos de Julio Verne, los Cuentos de Navidad, de Dickens, Alicia en el país de las maravillas o en el país del espejo, de Lewis Carrol. De un relato como La vendedora de cerillas. Tom Sawyer, de Twain y la Posada de Uckleberry. La desgracia que causa el dinero, de Grazia Deledda. José Martí y La edad de oro… Luisa S. W. Belloc, Roberto Arlt o La balada para los niños que serán poetas, de Marechal. Papelucho, de Marcela Paz, la escritora chilena, es el amigo cómplice de los menores. Tal vez de los primeros registros de literatura infantil, sean las parábolas de Jesucristo dirigidas a los niños cuando acudieron al rabí de Galilea.

Buena literatura es aquella que funda, desde el lenguaje mismo. Nada de eso existe en Harry Potter, que no crea nada nuevo, su lectura es aburrida, latosa, de deglución chatarra, light, como tomarse una Coca cola más o jugar los tontos y aburridos juegos de video o de internet, que están matando los cerebros de los párvulos y algunos adultos, llenos de violencia y agresividad, donde generalmente hay que matar a un enemigo, vengarse y ese tipo de cosas.

Cabe preguntarse quiénes están detrás de lo que se podría llamar manipulación demoníaca de nuestros púberes.
Luis Sepúlveda se luce con su Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar, aunque imperfecta, es un buen relato, susurrada con ternura al tierno corazón del hijo.

Rowling, es un fenómeno comercial, como todo hoy en día, de cantidad, no de calidad, eso es indesmentible. El comercio ha inundado los templos del saber, la educación, todo es un negocio más en el unimercado global. Las criaturas están perdidas, narcotizadas, podemos hablar ya de las generaciones de idiotas que vienen a bostezar al futuro. ¿Cuál es la herencia que se entrega? La verdad es que se crían cobayos de consumismo, donde comprar un libro es sinónimo de esnobismo, no de cultura, de los nuevos ricos o de quienes presumen de tener libros por metros en sus estantes, boberías de best sellers, absolutamente vacíos. En Chile les llamamos ‘huecos’ a esa gente, desde los años 70. Cabezas de chorlito, serían para los norteamericanos.

Mientras estos hijos del consumo se aburren con su último hard dream ware, millones mueren de hambre o asesinados por guerras, porque mister Dólar necesita saciar su codicia.

¿Están enseñando a los infantes que la vida humana es preciosa y sagrada, tras un hipócrita santiguamiento? O sólo es nuevamente la sangre chorreando…

Harry Potter, el ‘mago’, qué está enseñando a los pequeños, qué está fundando, sino venganza, porque no se puede confundir la justicia con la primera. No crea nada nuevo, a pesar de los juegos en escobas, que toda la vida los púberes humildes han montado en su miseria de juguetes. ¿Pero es J. K. Rowling una mujer pobre? ¿Lo fue alguna vez? Cuando se realizan fastuosas campañas de publicidad por todo el globo, con la famosa ‘saga’, y se van llenando los bancos de la señora ‘escritora’ de tesoros de papel moneda u otras acciones, -considerada como una de las mujeres más ricas del orbe- los padres que dan de leer la chatarra con papas fritas, debieran preguntarse responsablemente, ¿cuál es mi herencia intelectual y espiritual para mis hijos?

En este siglo de plástico, donde un Chaplin con sus Tiempos Modernos palidece de vergüenza, y Matrix, se instala como un referente de las fantasías de los clonados llenos de virus mutantes en las mentes enchufadas a las máquinas, ¿acaso no estamos creando al monstruo que nos destruirá más temprano que tarde? La evasión de la realidad no soporta más porros, el planeta va mal y hay que cambiarlo ahora, antes de que sea demasiado tarde, con ejemplos de un mañana mejor, de hombres libres con mentes preclaras que puedan entregar a la humanidad las ganas de vivir con valores y altos ideales, de caballeros, y no de rufianes que quieren arrancarnos dinero y para los que nada valemos como seres humanos.

Aconsejable escribir como Swift, una paradoja, Los Nuevos Viajes de Gulliver, es urgente. Falta un poco de ironía, ejemplarizadora.

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