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PANC
Publicado: Martes, 18 de mayo de 2004

Cruzando una montaña, al otro lado hay un rio (2)


IV.-
Conseguimos un buen lugar en un viejo hotel. La puerta de nuestra pieza da a un pasillo-balcón que da a la calle principal de Celendín, muy transitada en estos últimos días. Cuando llegamos, como hace dos días, habían 6 bicicletas en el almacén de enfrente, ahora quedan dos y algunas horas para ser vendidas. Hoy es noche buena, la mañana de noche buena. Y nosotros ¿qué?"

Nos vamos a la plaza de armas, a ver que nos tiene preparado el destino para una noche como hoy. Saco cuentas. Con todo el tiempo viajando y va a ser recién el segundo fin de año que paso lejos de la familia. Hace 5 años, en mi primer viaje, me tocó, o mejor dicho la nochebuena me alcanzó en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Estaba alojando en una casa de locos, con artesanos, ladrones y drogadictos, yo era de los primeros, pero es noche compartimos todos juntos. Mi único regalo aquella oportunidad fue, aparte del recuerdo, un tatuaje a medio mal hacer en mi muñeca izquierda. Un bonito estilo canero sin haber pasado por la cárcel todavía.

La Plaza de armas de Celendín es bastante limpia, cosa que en el Perú puede llamar la atención a veces. Todos los árboles tienen un letrerito con leyenda "soy un ficus, me plantaron en 1995, mi nombre científico es …". Hay uno quemado que dice qué era y cuando lo mataron.

Todos salen a pasear por el parque, un parque amplio, asoleado y muy limpio, detalle que llama la atención. La gente pasea por la plaza sin nada que hacer, con el ánimo típico de víspera. Yo creo que es igual en todos lados, la sensación de festivo y de tensa calma y alegría. Termino de montar el teatrino, termino de exponer el pequeño paño de artesanía, enciendo un cigarrillo INCA y escribo. Ahora, 24 de Diciembre por la mañana, estamos en Celendín.

Las pastoras se acercan cantando de diferentes partes de la ciudad. Son niñas que se disfrazan y van entonando coplas a la virgen y haciendo la música mientras caminan por las calles de Celendín. Se reúnen en la plaza, Junto al árbol que convierten en pesebre con bromelias y musgo que traen de los páramos. El Pesebre parece una gruta húmeda y fría de las alturas de la cordillera. Y las pastoras bailan y mientras cantan. Un señor las acompaña con el violín.

Después de hacer una función, conversar, recibir unos tragos, la gente comenzó de a poco a entrar a sus casas y nos fuimos quedando solos en la plaza, ahora un poco más fría. La iglesia con las puertas abiertas y el lado el centro de llamadas telefónicas están llenas de gente. Todos quieren hablar con alguien demasiado lejos. Yo llamo cinco minutos a chile y siento enorme la distancia que mide el cable y la distorsión de las voces de la familia. Once y media. Se me acerca uno de los que nos había estado ofreciendo vino, uno de los que no se emborracharon. Nos invita a cenar, con todo respeto, a la casa de su familia. Atravesamos las amplias, y solitarias calles de Celendín bajo una llovizna muy cerca la media noche.

No somos los únicos invitados de última hora, pero hay cena suficiente para todos. Un pavo entero y unos pollos, un pedazo de cerdo y otro de vaca para completar. El acompañamiento es un buen trozo de panetón. Por lo visto va a ser imposible declararse vegetariano esta noche. En la mesa somos unos 10 o 12 o más, contando a los niños. Los dueños de casa se sientan tranquilos a esperar, los niños están inquietos (todo el día han estado inquietos) con hambre y sueño, yo estoy sentado tranquilo pero un poco inquieto (no sé muy bien donde poner las manos y con quiern conversar. El plato de tantas carnes asadas y el pan de pascua me intimidan). La que sirve la cena está embarazada de unos 6 meses y acaba de llegar de Centroamérica. El embarazo la hizo devolverse de un viaje ilegal camino a Estados Unidos. La hermana si lo logró y en estos momentos quizá no tenga ni siquiera un pan para cenar en navidad, y seguramente nadie se le va a acercar a invitarla. Brindamos por ella, en la bandeja sobró tanto pavo!
Más allá de la orilla de la mesa están los tíos, tienen sus platos en las manos, muy cerca la boca, y los sombreros de paja metidos hasta las cejas. Comen con los dedos. él mira y se sonríe: es su único contacto con todos los demás. Ella come en absoluto silencio indio.

En fin, Feliz Navidad. En familia, como esperábamos.


v.-
El camino de Celendín hacia Leymebamba es una de las vías más espectaculares que haya visto. Hay que subir las montañas para salir del valle donde está la ciudad lechera, plana y cuadriculada. Hay que subir tanto que se llega la punta de los cerros siempre cubiertos de nube a más de 3000 metros. En ese punto se da la vuelta y comienza a bajarse hacia otro lado bordeando enormes montañas. El camión va aguantándose y saltando por el camino. Baja y baja cada vez más en cada curva, y mientras más baja más calorcito vuelve a hacer.

Viajar sentado arriba del camión es la forma más espectacular de viajar. No hay detalle del camino que se oculte. Se ven las casas a lo lejos y la cordillera que nos rodea por todos lados, las nubes y el sol. De cerca se van los pajaritos en las ramas floridas, las mariposas monarca en su ruta anual, el perro que ladra desde una quebradita. Pero es también la más agotadora. Hay que saber acomodarse y repartir el peso para tener buen equilibrio y para que no se entumezca todo el cuerpo. La parada a almorzar es un buen descanso antes de seguir bajando por el camino de tierra. Dicen que en una hora más llegamos a la orilla del río.

Aunque apenas parte el camión y dobla la primera curva aparece al fondo del cañón una serpiente café que se mueve entre las faldas de montañas impresionantes. El Río Marañón forma uno de los cañones más profundos de Sudamérica. Al otro lado del cañón se ve la enorme zeta que dibuja el caminito que tenemos que subir después de cruzar el río. El camino vuelve a subir más de 3000 metros.

Demoramos una hora bajando hasta la orilla del río Marañón, un río color barro y espuma de unos 100 metros de ancho que atravesamos lentamente por un puente de metal. Se ve que al conductor le gusta el paisaje. Las montañas se han elevado y estamos encerrados en medio de la cordillera, a 900 metros de altura. El río suena fuertísimo. Más adelante nos vamos a volver a encontrar con el río Marañón, cuando se junte con el Huallaga, pero ya ningún puente podrá cruzarlo.

Al otro lado del río huele a mango y comenzamos a subir la enorme zeta que se ha ido cubriendo de nubes amenazadoras. En Achupas también hay una niebla constante y para cargar medio camión de leña mojada corren unos cigarros y unos tragos de cañazo de unos 80 grados para remojar el bolo de coca y cal que me deforma la mejilla. Por última vez en mucho tiempo siento el frío y la atmósfera tenue de la altura andina. Vuelve el camión a bajar, tortuosamente.

No sólo a mi me gusta viajar mirando el paisaje. Y no tengo el aguante que tienen algunos viajeros en el Perú. A pesar del frío y de la lluvia que nos hizo entrar y abrigarnos en la oscuridad del camión, dos compañeros siguen sentados sobre la cabina. La oscuridad es casi absoluta y la leña está fría y húmeda. Me siento junto a liza y nos abrazamos para entrar en calor. Casi da igual tener los ojos abiertos o cerrados y vamos conversando sin vernos las caras.
-Bótensebótense… dijo uno de los que iba mirando el paisaje, y desapareció fuera del camión. Sentí como nos ladeamos y mi espalda se apoyó contra una de las paredes. Fuimos saltando todos al suelo. La noche estaba negra y la lluvia había desprendido un trozo de camino. No podría contar todo esto si, en vez de haber quedado medio colgando, el camión se hubiera ido cuesta abajo.

Papo Kallfutrehua, desde el eden de leticia.
wayruros@yahoo.com


En João Pessoa, punto más oriental de nuestro continente, conocimos a unos titiriteros que nos invitaron a participar en su teatro especial para bonecos.
Amigos del mundo todo, en esta dirección http://www.geocities.com/cerridween/brujula.htm
pueden ver nuestro trabajo y despues mandar comentarios.
Muchísimos saludos desde una esquina del continente, donde bate el sol y el mar.

Papo Kallfutrehua, pela estrada brasileira

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net