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PANC
Publicado: Viernes, 27 de agosto de 2004

Vituperio

El poeta y la blasfemia


La blasfemia reniega de los poetas,
cuando enquistados en su torre de
cristal no van mas allá de su narcizo.

Poetas de pico y lanza
que andáis por la alcantarilla,
dejadme sentir tus manos,
dejadme sentir tus pies
que de tanto andar descalzos
se han ampollado sus plantas
en el suelo Americano.

La blasfemia
es el grito de descontento
que se eleva a lo alto,
nos trepa lentamente por los pies
y se convierte en lengua,
en pluma y pensamiento.
Yo soy blasfemo
y pregunto:
Quién lleva los despojos
en este entierro?
Quién los lleva?
El intelectual vendido y carnicero
que por encontrar un sitio
en la entelequia,
hipotecó su alma
y regaló su miedo.
Quién carga este ataúd?
El jefe del partido,
que omnipotente,
no discute la línea
ni con el secretario,
ni con el comisario,
ni con el cocinero.

Quién lleva los despojos,
la conciencia
de la filantrópica institución
la sacrosanta iglesia
o cual de ellas?
la Cruz Roja y sus migajas,
o Amnesty y sus retóricas,
que se limpia la cara
en occidente,
y se limpia la cara en
oriente.

Oye tú carrero cansado,
te han metido en un brete
y te han vendido un cuento.
Ladrillero hambriento
que a mula de mal comer
construyes los rascacielos,
te han embarullado el seso.
Si nadie te lo ha dicho
haremos el esfuerzo.
A pesar de la máquina y el cemento,
hay pocas cosas que de verdad sabemos.
Sabemos del dolor y sus heridas,
pero no hay computadora todavía
que nos pueda decir su peso
y su medida.
Veamos, a pesar de saber mucho
cuando nos roban el sol
y nos mandan al otro lado
del imperio,
algo se nos rebela.

Algo se nos rebela
y nos nace el blasfemo
para decir
con la vieja herramienta
del grito
lo que debemos.
Sin raciocinios
y sin la vieja dogmática ciencia
que me enseñó a contarme
los dedos.
Je, je, los dedos,
que hacen la mano,
que toman el tallo,
hurgan en el suelo
y depositan
el premio del futuro,
que para
cuando nazca la flor,
será verano.
Y esa mano,
que ahora te señala,
desvergonzada y sin modales,
apunta hacia tí
como si fuera un arma,
pero no quiere matarte
sino tomar de tí
la parte acariciable.
Y de la caricia al pueblo,
con Juan, con la mano
en el aire, diciendo su palabra.
con su discurso dónde cada fonéma
era recortado entre los dedos,
antes de ser lanzado
hacia el espacio,
como dirigiendo un juego,
en un mundo flechado de
SENTIDOS, para que el amor,
el viento y el vino
hicieran lo suyo.
Me olvidé del discurso
y en la aproximación,
a aquel instante,
me quedé con su mano
nostalgiando en el aire, como
que quieren escaparse,
en busca del lenguaje
de otros cuerpos.
Se fugan como la libertad
en busca de la rebelión, para
pasar al estado de agresión
y agreden.
Producen lenta y tiernamente,
modelando el barro,
tomando la pluma
y arrancando al papel
el encanto del mensaje
y el canto.
La historia es de manos
y de gritos.
Grita el torturado,
un grito largo que traspasa
los siglos.
Los siglos con nombres propios
desde Agamenón hasta Videla,
y desde el harapiento de Manhatan?
o el de Carabanchel purgando penas.
Grita mi hermano el desclasado
que se quedó sin proyecto de vida
y sin bandera.
Yo también grito,
contra todas las cárceles,
la única amnistía verdadera
es destruir las clases
para que nazca el hombre.
La única amnistía verdadera
es destruir los credos
para que nazca un pensamiento libre
con manos y con dedos.
OBREROS, hijos del pueblo
no más a los poetas de la época
mercachifles y traficantes
de colonialismos culturales trasnochados,
imitadores del premio Nobel
con sangre en las manos.
"Protestatarios" que comistéis ayer
en una fonda de malos hábitos
y hoy tenéis una "ayuda" de plusvalía que te dá el engranaje
del estado.
Quién lleva los despojos?
Qué premio de literatura no tiene
sangre en las manos?
El que otorga Barral o la editorial
Planeta, con pasado reciente
franquista y comprobado?
O el concurso a hoja oficio
con tres fotocopias y sobre lacrado
donde el ganador es siempre
un personaje ilustre de méritos testados.
Vamos, es hora de gritar
de retomar la arcilla
entre los dedos
y de moldear de nuevo.
Se equivocó el vendedor de versos
el que nos hizo a imagen y semejanza.
Se equivocó, porque Cucufa y Pedro
desobedecieron,
y porque Rodríguez, Amaral y el Tero pegaron ese grito
que oscureció los cielos.
Poetas, albañiles y alfareros,
carpinteros,
poetas de pies delcalzos
y manos de cuatro dedos:
a gritar… a gritar
hasta que el grito se haga viento,
hasta que el grito golpee
en las entrañas de este invierno,
y una primavera de manos
construya el mundo nuevo.
A gritar, a cambiar los valores,
los antiguos, los viejos y los nuevos,
no hay que darle tiempo
hay que romperle la cabeza
al dueño de los cielos
y el infierno, a ese dios terrorista
y come mierda,
el dueño de la tortura, el campo de concentración, el cementerio y el miedo.
Y luego al final de la jornada
colectivizaremos el esfuerzo,
seremos socialistas
en todo lo que implica y dice el término.
Haremos la poesía colectiva,
y no tan solo socializaremos el sexo,
lo haremos con la vida
y el respeto,
con la solidaridad y un beso,
Y si después de esto
subsiste el cadalzo y el féretro estaremos de nuevo
para gritar más fuerte
y levantar las olas
de la lucha de los pueblos;
que el grito y la lucha
son hermanos eternos
y que después del miedo
siempre nace otro sueño.


1981 10 26

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