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PANC
Publicado: Lunes, 30 de agosto de 2004

Mi tío y las reminiscencias futboleras


Uno de los tíos, para no dejar morir la noche y como ahuyentando la nostalgia empezó a hablar de Flavio.

"...tenía costumbres un poco díscolas, ya hombre como era, le gustaba treparse a cuanto árbol podía; le llevó mucho tiempo acostumbrase a dormir en la cama y ninguno de los exquisitos y bien aderezados almuerzos de la opípera y culinaria cocina de Calatraba le satisfacían. Gracias a los prodigiosos cuidados de todo el vecindario se logró, no con poco trabajo, averiguar que tipo de alimentos le agradaban. Se le observó. En los primeros tiempos se le encontraba en las bocas tormentas, dedicado a la tarea de cazar ratas. En mas de una ocasión se lo descubrió ingeriendo estos animales en vivo."

Flavio y el juego de la aparición

Un día de golpe, allá en la escollera, desde la hilera de piedras que se entra en el mar como cerrando la bahía y que en el fondo tiene el Cerro con el que se hace en parte el contorno de la ciudad, allí se lo vió por primera vez. Era de un porte así, y señaló con sus manos unos centímetros por encima de nuestras cabezas. Sin animarse a desenvolver su andar, con la elegancia de los que no tienen apuro, se fue acercando al predio, me refiero al potrero del Guaraní, tradicional y gastado piso de tierra, donde las juventudes del barrio Sur y Palermo departían el futbol dominguero. Según distintas fuentes, fue descubierto en un día de sol radiante, de esos que la gente usa para cargar la fantasía. Y en ese día de fiesta deportiva, el equipo de casa se iba imponiendo al Yacumenza no sin dificultades. Un dos a uno reñido, en un encuentro todavía no definido. El cauteloso Flavio encendió los ojitos al ver que en el equipo del conventillo del fondo habían unos cuantos morenos. Se le agolparon los recuerdos; vaya a saber desde que latitudes o desde que barco se había caído para aparecer en forma anfibia trepando al borde del viejo murallón. Que mezcla de tambor y Africa lo impulsaban. Supongo que esas nostalgias lo llevaron a perder la cautela inicial y saltando de uno en uno los pedruzcos, quiso exteriorizar un abrazo de raza, un reencuentro. Pero eligió un momento difícil, nunca se supo si tuvo buen o mal tino, porque estaba en esa intención de afectos retroactivos, cuando el balón dirigido desde la derecha cayera en su cabeza. Un incidente fortuito. El grito de gol desde los laterales, y negro de mierda desde todos los rincones, ganó la alegría del viejo barrio Sur. El árbitro, desorientado ante este imprevisto y confundiendo a los morenos, otorgó el empate. Los hechos se desencadenaron por si solos, nadie se preocupó de promoverlos, nadie se preocupó de suministrarle ideas a los demás, cada uno hacía lo que creía mas conveniente. Botellas, piedras, y objetos contundentes perseguían al sedicioso por todo el ámbito terreno. Flavio un tanto confuso, aparte de contuso, no llegaba a entender como su presencia había desencadenado una serie de hechos hasta ese momento inexplicable para él. Los epítetos de: colado, portugués, negro vendido, seguían acariciando sus virginales oídos. La gente del tambor lo rescató del medio de la refriega, en el momento que las fuerzas del orden público irrumpían en el esplendor de la contienda. A lo que quedaba de Flavio se lo llamó de diferentes maneras: Campeón, héroe de la jornada, paladín del brillo negro, estratega y táctico genial, solo comparble a las glorias del gran Leandro.

El triunfo de Flavio

El presidente del Club quiso saludarle personalmete, Flavio no supo que decir, esto fue atribuído mas tarde a su gran modestia. El presidente estudió al héroe de la jornada, su aspecto exterior no era muy recomendable, portaba un solo diente, aunque no se podía determinar si la dentadura la había perdido en el reciente debut, o si venía así de origen. Nadie se animó, a pesar de la curiosidad, de preguntar por la procedencia, pero mas tarde se supo que venía de lejos. Rápidamente ganó el apodo de: "Flavio, el mellado sin terminar", porque los monosílabos que emitía nunca llegaban a nada, y por mas esfuerzos colectivos que se hicieron en el conventillo tardíamente empezó a soltar la lengua. Claro que cuando lo hizo ya no se detuvo nunca mas. Pero eso fue en otras historias, no sé si posteriores o anteriores a ésta y sí que demostró que era versado en varias lenguas, usos y costumbres de los pueblos, polemista sobre magiía negra y economía espacial. De todas formas, el presidente, hombre conocedor de sus intenciones, no hizo ninguna pregunta indiscreta, pero en lo que sí insistió fue en que Flavio debutase en el equipo, pero no de incógnito, sino en forma oficial. Flavio no hizo ningún ademán que implicase nada, lo que se interpretó como entendido de que el Vidrioso aceptaba sin condiciones. La participación del Negro de Oro en las filas de la vieja institución de la calle Cuareim, trajo una contagiosa alegría al barrio. Lo adoptaron como a un hijo. Pero las dificultades no fueron pocas, tenía costumbres un poco díscolas, ya hombre como era, le gustaba treparse a cuanto árbol podía; le llevó mucho tiempo acostumbrase a dormir en la cama y ninguno de los exquisitos y bien aderezados almuerzos de la opípera y culinaria cocina de Calatraba le satisfacían. Gracias a los prodigiosos cuidados de todo el vecindario se logró, no con poco trabajo, averiguar que tipo de alimentos le agradaban. Se le observó. En los primeros tiempos se le encontraba en las bocas tormentas, dedicado a la tarea de cazar ratas. En mas de una ocasión se lo descubrió ingeriendo estos animales en vivo. Otra manía particularísima era la de seguir, no sin nostalgia el vuelo de las aves; vaya a saber uno cuales eran son pensamientos. El debút del domingo fue de lo mas inesperado; durante la semana se le trató de informar de los mínimos detalles. Se le mostraron láminas, dibujos del tiempo ido y literatura del mas popular de los deportes. Sólo una lámina iluminó fugazmente sus ojitos, aquella en que el Negro Jefe, el Negro de Oro y el Negro Chico, componían la línea media del "glorioso", que en el quinquenio triunfal conmovieran las multitudes del país y del mundo. "El Mellado sin Terminar" empezaba a dar muestras de inteligencia inaudita, parecía entenderlo todo. Llegó el domingo y cuando comenzó el encuentro el Vidrioso se mostró apático y desinteresado; quizás ciertos nostálgicos recuerdos del domingo anterior, lo tenían atemorizado. Quedó en posición adelantada algunas veces y en algunas situaciones claras de GOL, flaqueó. Deshechó las instancias y dedicóse con esfuerzos renovados a perse-guir unas hormigas coloradas. Fue la gota que rebasó el vaso, los epítetos de negro colado, paracaidista, portugués, que se vaya a reír de su abuela y otras sugerencias de la cultura popular no se hicieron esperar. En el intervalo, mas de una voz se alzó airada en contra del presidente, exigiendo la exclusión de Flavio del equipo. Pero, la autoridad moral del presidente, conocedor del mas allá de las cosas y de los seres permitió que el Vidrioso pudiera participar de la segunda parte del encuentro. Y entonces el delirio… Una de las hormigas que con mas discreto disimulo llevara Flavio a la boca, clavó sus pinzas en la campanilla del lustroso. Sudor, sangre, expresión acerada en el rostro de un sublime cristo para negros, le permitio de descomunal golpe de pié introducir el balón en el arco rival desde aproximadamente unos cuarenta metros de distancia. La multitud quedó persuadida, unánime, unida en la espontaneidad de la exclamación…GOOOOOL. Esa fue la exteriorización en el ámbito terreno de esas rémoras ancestrales de las tribus salvajes, tan saludables para sacudir el agotamiento en nuestro mundo "civilizado"". Esta conquista, que además difiniera este segundo encuentro fue el gran TRIUNFO de Flavio, el que por lo menos le permitiera sobrevivir. El tío había logrado los maravilloso del silencio, en su mundo de mentiras piadosas, de lo real maravilloso a la fantasía, logró en el aquietamiento del jolgorio de fin de año haciendo vivir la posibilidad del mito. Se había vencido el sueño, estábamos en el amanecer del primero del año 1954 a pocos metros de la transparente. Como siempre hay un momento de reflexión, como en todo fenómeno colectivo, una espera, luego la explosión, la cascada de comentarios, muchos años mas tarde la memoria y el intento de describir la fantasía que empezó a tener viajes propios.

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