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Publicado: Domingo, 19 de septiembre de 2004

Tribilín y su amor platónico

...y una pequeña perla poética: Montevideando y vuelta.


Tribilín era un notable narrador, romántico, afecto a la lectura, amante de los griegos clásicos. Calzaba enormes zapatos, que lo tenían siempre con los pies en la tierra. Tribilín le temía a las mujeres. Las amaba en silencio y suplía esa carencia con el amor platónico.
Tribilín siempre usaba una palabra nueva, como para dejar descolocado al auditorio. Afirmaba que tenía sueños oníricos. Ciruja lo interrumpía sarcásticamente, diciéndole que eso era una redundancia. Por lo general se generaba una discusión. A veces pasaba tiempo antes de que alguien descifrase el enigma con un diccionario.

Un día nos confesó que estaba enamorado, sorpresa general. La timidez de Tribilin lo llevaba a hablar en voz baja.
- Ella fue apareciendo de a poco. Al comienzo con distintas formas, aveces morocha blanca de formas proporcionadas, sonrisa de dientes blancos y ojos muy oscuros. O rubia de piernas largas, cabellera hasta la cintura y casi siempre de espalda.
Yo no sé si yo soy yo. A ustedes esto les parecerá raro. Hace tiempo que ellas me llaman a mí, o al otro. Esto sucede en lo sueños. Me despiertan a media noche para conversar. Dejan que yo las observe. Hablamos de todos los temas. Una de ellas empezó a simpatizar más que las otras, quería saber sobre mi taciturno mundo. El porqué me sublimaba en una revolución autoritaria, si la única gran herramienta de cambio era el amor. Se quedaba más tiempo que las demás. Yo me mantenía silencioso. Me hacía saber que ellas tenían ciertos poderes, pero que a la luz del sol éstos se diluían. Eso significaba, lo fuí sabiendo de a poco,que ellas desaparecerían de mi mundo. Nunca supe como aparecían, despertaba y las tenía sentadas sobre mi cama, hablaban de mí con total naturalidad, como si les perteneciera. Una noche me animé con una pregunta: -¿Porqué no cuentan algo de ustedes? Se miraron sorprendidas y desaparecieron una a una por el espejo. A la mañana palpé el espejo para ver si era una puerta y en algún intento de entrar en él me dejé más de un chichón en la frente. A la noche subsiguiente apareció una sola, la que más simpatizaba conmigo. Estaba profundamente dormido cuando sentí su mano. En entresueños olí su perfume. Me indicó con el dedo índice sobre los labios, que hiciera silencio. Se metió debajo de las frazadas con total confianza y comenzó a hablar. Me contó que habían tenido una asamblea para abordar mi caso. Y habían resuelto, dado que había nacido la curiosidad, sentimiento propiciatorio para el desarrollo del amor, que ella se sincerase conmigo. -Entre las condiciones, me dijo, está la de ser totalmente honesto. Esto tiene un precio, yo te cuento mi historia a cambio de que tú te vengas conmigo a hacerme compañía en mi mundo. ¿Estas de acuerdo? De lo contrario esta es la última noche que nos veremos. Confieso que estoy perdidamente enamorada de tí. Como en todos los amores, no sé porqué, quizás por tu abandono, tu mutismo, tu timidez, tu dulzura a descubrir, o quizás sea por tus enormes zapatos. Un hombre con esos pies no puede ir muy lejos sin cansarse y una siempre puede tenerte a mano. El gran problema de nosotras es el de la soledad y creo que el de ustedes también, entonces lo importante sería aprender a estar juntos. Mi nombre es Berta, soy de otro siglo, no llegué a conocer el amor, porque en mi reino estaba destinada a ser la reina. Algunos de los nobles de mi reino, me quisieron casar siendo aún niña, con un viejo rey del país vecino. Otros de los nobles de mi país quisieron convertir en rey a mi hermano menor del cual yo misma muchas veces me tenía que hacer cargo. Ni yo, ni mi hermano sabíamos nada del reino ni de reinar, nuestra relación era maravillosa y tengo de él el mas maravilloso de los recuerdos. Mis padres murieron en guerras contra los moros y el resto de la familia vegetaba en un conflicto sangriento que nosotros no podíamos entender. Sin saber porqué me secuestraron, nunca más vi a mi hermano ni supe de la vida de mi reino. Viví en un torreón de ventanas tapiadas donde además de un viejo camastro, el único elemento que dejaron a mi disposición fue un espejo, posiblemente con la idea de que me viera envejecer. Los primeros años, padecí mucho, perdí la idea del tiempo y casi enloquecí. Pero un día mi cuerpo descubrió el amor, la necesidad, a pesar de los pesares, de proteger a alguien, la necesidad de cerrar los ojos y crear hacia adentro un mundo distinto del que ya había vivido hacia afuera. Descubrí la fuerza del amor y con esa fuerza pude abrir el espejo. Entonces aprendí a conocer distintos siglos, pude observar que cruel ha sido la sociedad de los hombres en general con las mujeres. Miles de historias, injusticias y crímenes aseveran y confirman lo que estoy diciendo. Aprendí que sin amor no se puede vivir y teniendo el poder de pasearme por los siglos pude demorarme donde quise y elegir lo mas conveniente a mis pretenciones. Y luego de varios siglos de recorrido, el elegido eres tú. Si es que tu eres del mismo parecer.
-Está de más decir que acepté en el acto. La pregunta vino sola. Pero, yo vivo en este tiempo, un tiempo con amigos, costumbres, familia y no puedo abandonarlo todo sin ninguna explicación.
-De eso no te preocupes, me contestó, he aprendido a fabricar un doble; un doble que queda en este siglo hablando del AMOR PLATONICO, y tú y yo nos vamos por el espejo en busca de un lugar en el tiempo donde se pueda refugiar tu timidez y mi soledad.
El problema, continuó narrando Tribilín es que no se si el que les habla esta noche soy yo o el que se fue por el espejo, lo que sí sé es que uno de los dos se fue y que se llevaron el espejo.




Montevideando y vuelta

Fantaseabamos,
en la búsqueda
de un local
a la europea
para tomar
un café.
Ya que ni el viejo
Tupinamba,
se adaptaba
a las exigencias
de nuestros
exteriotipados
deseos.

Fantaseabamos
con viajar,
disparar
de la
miseria
moral,
disparar
de nosotros mismos,
mientras
el país
se iba
muriendo
lentamente.

Y
se murió,
fue un velorio
conmovido.
Funerales
de diez años
largos,
donde
nosotros
fuímos
diez años
más viejos,
buscando un local
latinoamericano
donde tomar
un café.

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