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PANC
Publicado: Viernes, 05 de noviembre de 2004

Papo Kallfutrehua, pela estrada brasileira

Con su Teatríteres, continúa su andar por sudamérica


La primera capital del Brasil, fundada en los 1500 y algo, fue Salvador en la bahía de todos los santos. Eso no sólo se ve, se siente, caminando por las calles y viendo a la gente pasar, vender, comer, conversar, pedir limosna, enamorar en la puerta de una de las 365 iglesias, dormir la sucia y alcóholica locura de la cachaça en alguna linda y vieja empedrada calle del centro histórico, o a orillas del mar. Es algo indescriptible que transmiten las ciudades en cuanto uno las conoce y las recorre

Salvador es una capital levantada con la fuerza de la sangre negra. La capital después se cambió a Río de Janeiro, pero los negros se quedaron en su ciudad, con sus costumbres, su comida, su magnífica vista a la bahía. Ahora, casi 500 años después de su fundación, Salvador se ha convertido en una extraña mezcla de tradición y modernidad, turismo y pobreza, belleza y bellezas. Y muchos que han llegado a esas tierras (y aguas) se han quedado, supongo que para siempre, hasta que la muerte los separe. Entre estos muchos hay varios chilenos que atracaron en este puerto, algunos hace más o menos 30 años, otros hace menos tiempo y gente de las más variadas naciones que decidieron vivir entre las baianas y el olor a acarajé.

A mi como que me dan ganas, no de vivir hasta que la muerte nos separe, pero si de quedarme un tiempo para conocer las calles, las playas, la isla de Itaparica, el morro de São Paulo, las iglesias etc. Ahora no fue esa vez.
Pero antes de irme de la linda capital, pasé por la iglesia del Señor de
Bonfim y le prometí que iba a volver, o más bien me prometí intentárlo.
Como dice Caetano "eu não estou indo-me embora, estou só preparando a hora de voltar?"

Nos fuimos de Salvador, rumbo a la otra capital, a la actual y moderna, a la emblemática Brasilia (no si antes pasar por uno de los lugares más hermosos del Brasil, la Chapada Diamantina, llena de cristales de cuarzo y cascadas). De "carona", o a dedo, con un camionero del los que invitan almuerzo y hablan de todo llegamos al DF y a lo lejos se vió en el planalto la bandera más grande del Brasil. Me emocioné y me puse nervioso y me resigné a lo inevitable (el camionero no me iba a llevar de vuelta a la Chapada), sentimientos de viajero expuesto a lo desconocido. Lo que me tranquilizaba es que teníamos una dirección segura donde llegar.Pero quien entiende una dirección del plano piloto de Brasilia? (la urbanización principal con forma de avión, dicen, o de pájaro, creo) Teníamos que encontrar la SCLN 212 Bloco A apto. 107. Lo de apto. lo entendía, todo lo demás era un misterio. Ahora, después de más de una semana en Brasilia me parece super sencillo y práctico el sistema de "superquadras".

Brasilia también me suena a una canción de Caetano (*) como muchas otras cosas en el Brasil. Como una rocola, muchas situaciones y cosas de este país me activan botones y palancas mentales. Entonces comienza a sonar una musiquita conocida. Al llegar a una esquina, al ver un edificio o una casa, al ver el mar o el sertão, escuchando otras canciones. Peor si enciendo la radio.
Brasil puesto en abismo, canción sobre canción, toda música es una intermúsica.

Decía que Brasilia me suena a tropicalia porque es el marco cero, o sea el centro de donde parten todas las distancias a los cuatro puntos cardinales.
Las distancias entre ricos y pobres también parten aquí; para ver la desigualdad no hay que caminar ni un kilómetro. Bajo el viaducto más importante de Brasilia, el que une los dos ejes, el Monumental y el Rodoviario, junto a la rodoviaria por donde pasan miles de brasilienses y brasileiros de todas las regiones del país todos los días, la miseria armó casitas con cajas de cartón (los más sofisticados) o simplemente delimitando el territorio con ríos de orina.
Por sobre el viaducto pasan a gran velocidad autos de último modelo, parte importante de la arquitectura de la ciudad, reflejando el reflejo del cielo azul y amplio y edificios de vidrio que reflejan el reflejo del reflejo.
Brasilia puesta en abismo.

Cada superquadra es un intento de resolver las necesidades básicas de cada superquadra. Cada calle es una supercalle con pasos peatonales que los automóviles respetan... Ay! del que se le ocurra cruzar por otra parte.
Otras calles no tienen esquinas, sólo tréboles y supertréboles. El eje monumental es en si mismo un monumento. Un amplio parque central absolutamente abierto permite ver, con una mirada panorámica, los edificios (cartão postal?): la torre de TV y la rodoviaria, el sector bancario, la catedral metropolitana de impresionantes vitrales y acústica con sus tres ángeles bajando del cielo (se deben llamar dios, patria y familia), la explanada de los ministerios, el palacio de Itamarati (con su espejo de agua), el parlamento con sus torres gemelas (con su espejo de agua azul de amaralina) y atrás el Panteón de la Patria y la plaza de los Tres Poderes, el Palacio de Justicia con sus cascadas (y su espejo de agua), de vuelta la explanada de los ministerios y el Teatro Nacional, la pirámide de cultura con espectáculos aptos sólo para faraones o burócratas. TODO, producto de las mentes maquiavélicas de
Lucio Costa y Oscar Niemeyer. Brillante maqueta, extraña ciudad.

Brasilia esta altamente arborizada, otro enorme contraste frente al concretismo de la urbanización. Lo rico es que está comenzando la temporada de mangos y uno se los puede comer verdes con sal. Dentro de poco se van a caer de maduros y van a manchar el asfalto. Caminar por entre las superquadras es como pasear por una enorme villa portales, pero llena de árboles que refrescan el calor del cerrado brasileiro.

Brasilia, casi 50 años después de su fundación se ha transformado en una cuna de contradicciones en el país mas heterogéneo (híbrido, mezclado, diverso, múltiple, desigual, etc.) que he conocido.

Me parece que aburro y todavía no puedo definir lo que me produce esta ciudad.
En fin.
Marco cero.



(*)
Tropicália
Caetano Veloso

Sobre a cabeça os aviões
Sob os meus pés os caminhões
Aponta contra os chapadões
Meu nariz
Eu organizo o movimento
Eu oriento o carnaval
Eu inauguro o monumento no planalto central
Do país

Viva a bossa-sa-sa
Viva a palhoça-ça-ça-ça-ça
Viva a bossa-sa-sa
Viva a palhoça-ça-ça-ça-ça

O monumento é de papel crepom e prata
Os olhos verdes da mulata
A cabeleira esconde atrás da verde mata
O luar do sertão
O monumento não tem porta
A entrada de uma rua antiga, estreita e torta
E no joelho uma criança sorridente, feia e morta
Estende a mão

Viva a mata-ta-ta
Viva a mulata-ta-ta-ta-ta
Viva a mata-ta-ta
Viva a mulata-ta-ta-ta-ta

No pátio interno há uma piscina
Com água azul de Amaralina
Coqueiro, brisa e fala nordestina e faróis
Na mão direita tem uma roseira
Autenticando eterna primavera
E nos jardins os urubus passeiam a tarde inteira
Entre os girassóis

Viva Maria-ia-ia
Viva a Bahia-ia-ia-ia-ia
Viva Maria-ia-ia
Viva a Bahia-ia-ia-ia-ia

No pulso esquerdo bang-bang
Em suas veias corre muito pouco sangue
Mas seu coração balança a um samba de tamborim
Emite acordes dissonantes
Pelos cinco mil alto-falantes
Senhora e senhores ele põe os olhos grandes
Sobre mim

Viva Iracema-ma-ma
Viva Ipanema-ma-ma-ma-ma
Viva Iracema-ma-ma
Viva Ipanema-ma-ma-ma-ma

Domingo é o Fino da Bossa
Segunda-feira está na fossa
Terça-feira vai à roça
Porém
O monumento é bem moderno
Não disse nada do modelo do meu terno
Que tudo mais vá pro inferno, meu bem

Viva a banda-da-da
Carmem Miranda-da-da-da-da
Viva a banda-da-da
Carmem Miranda-da-da-da-da



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