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Publicado: Miércoles, 22 de diciembre de 2004

Apuntes sobre multiculturalidad y multiculturalismo


La multiculturalidad es una realidad social que adopta o no un marco institucional y legal que le dé cabida. Hay países cuya situación migratoria y económica, y su realidad demográfica, hace proclives a convertirse en una sociedad multicultural. Este proceso está ligado a una mayor porosidad de las fronteras nacionales, al aumento del volumen de los seres humanos que se movilizan desde sus países, a veces en forma masiva, por razones políticas, económicas, religiosas, genéricas y, podemos predecir, ambientales.

Estos desplazamientos masivos se incrementan con la globalización, que achica al mundo en términos de información y transporte, lo hace económicamente homogéneo al imponer una economía de libre mercado, crea centros de relativa prosperidad, pero a la vez hunde a vastos sectores en la miseria económica, o los hace objeto de los conflictos que el sistema genera o agudiza mediante su forzada expansión. ¿Qué van a hacer los millones de trabajadores textiles en Bangladesh al ser abolidos los aranceles que protegían la industria textil nacional, lo que los convertirá en mano de obra superflua?. Seguramente que habrá una migración masiva hacia países vecinos.

Donde existe la multiculturalidad, con suerte se encarna en una legislación, directrices, programas y organismos: el multiculturalismo. Pero consiste básicamente en el hecho social de la diversidad lingüística, étnica y cultural. Por ejemplo, la presencia de conglomerados peruanos y orientales en Chile, que siguen la dirección de la aguja imantada de lo que perciben como un mini milagro regional, platea problemas a una sociedad e institucionalidad que no tienen costumbre de recibir habitualmente grupos de extranjeros y que por tanto no han elaborado una política multicultural. Hace unos años, la gente que vivía en un edificio de departamentos de la calle Carmen Silva en el barrio alto de Santiago, zona pudiente, hizo circular una petición de firmas para echar a una familia hindú, por el olor de la comida. La hija de esta familia dejó de estudiar en La Maisonnette, colegio francés de la elite económica, donde se la molestaba bastante, y después se encontraba de lo más bien en un liceo fiscal. En algunos baños turcos se prohibía expresamente la entrada a coreanos y los peruanos son objeto de discriminación, abuso y burla. Claro que lo más seguro es que se trate de actitudes esporádicas. Por otro lado en Suecia, país en que quizás el multiculturalismo institucional sea el más desarrollado, una joven intérprete de origen chileno que iba a representar al país en un evento de relieve internacional, fue atacada salvajemente por neonazis suecos.

Es decir que una cosa es la voluntad de las elites políticas y culturales y otra la actitud de ciertos grupos de la población originaria o ya asimilada a los países, que cree ver una amenaza en inmigrantes y exilados que no tan sólo realizan a veces trabajos que ellos mismos no quieren hacer, sino que a veces provienen de las elites políticas o culturales de sus países o que ven enriquecerse al cabo de algunos años gracias a su durísimo trabajo en empresas familiares. Entonces habrá una tendencia de parte de la opinión pública a fijarse en los elementos negativos, que podrán ser las diversas mafias de origen étnico llegadas al país, que en todo caso suelen ser una ínfima parte de los grupos inmigrantes y étnicos, mientras que generalmente la población de corriente principal hace aportes estadísticos más generosos a la delincuencia. También está el atávico temor, desconfianza, cosificación y demonización del extraño, del extranjero, que quizás sólo pueda eliminarse de las sociedades después de una prolongada convivencia ‘multicultural’ y un intenso proceso educativo de décadas, que sólo puede llevar a cabo un estado centralizado, equitativista, intervencionista, pluralista y laico.

Las literaturas así llamadas ‘étnicas’, entre ellas la latinoamericana, tienen un largo historial en Canadá, The Canadian Enciclopedia afirmaba a mediados de los ochenta, que "la reciente literatura étnica de Canadá incluye también el trabajo de autores sudamericanos, la más sustancial contribución siendo la de autores chilenos", pasando a decir que con excepción de Ludwig Zéller, se trataba de autores refugiados políticos, "entre ellos Jorge Etcheverry, Erik Martínez y Naín Nómez, miembros de la agrupación vanguadista conocida en Chile como la "Escuela de Santiago". Se afirmaba que "su sofisticada poesía, que aprovecha las tradiciones europeas y chilenas del surrealismo, es a la vez política y personal", y que "si bien se preocupan de Chile"..."también tematizan la experiencia canadiense, como hacen Gonzalo Millán, Manuel Aránguiz, Claudio Durán, Ramón Sepúlveda y José Leandro Urbina", y que "la voz sudamericana también incluye el trabajo del escritor argentino pablo Urbanyi, que vino a Canadá en 1977".

Algunos de los autores chilenos ya no viven en Canadá, pero los restantes siguen configurando gran parte de la literatura chilena en el país. La multiculturalidad de Canadá, hecho social, cultural y lingüístico, permite de algún modo iniciativas del tercer milenio, como la publicación en Ottawa, en 2002, de Anaconda, una antología de poetas del continente americano en solidaridad con los presos políticos españoles en Francia, compilada por el poeta chileno Elías Letelier, que reúne, en versión italiana a poetas de Canadá (anglo y francófonos), Cuba, Perú, Argentina, Chile (en Canadá, Chile), México, Venezuela, Estados Unidos, Colombia y El Salvador, manifestando así la doble vertiente literaria y política que ha caracterizado desde sus inicios a la literatura chilena en Canadá. Otro proyecto, esta vez basado en Toronto, la ciudad más multicultural del mundo, combina el hecho político del exilio y la latinidad. Es un proyecto del colectivo "Mojito de Iguana" que pronto verá la luz: "Es decidor respecto a la identidad canadiense, que ninguno de los diez poetas en este colectivo hayamos nacido en Canadá", expresa Paul Carr en la introducción de esta antología bilingüe de próxima aparición.

Pero multiculturalidad no significa ni integración a ultranza ni equivalencia de oportunidades. En una tendencia natural, sectores del país (y hablo de Canadá) defenderán la preeminencia de los idiomas oficiales y fundacionales, inglés y francés, así como de los pueblos fundacionales, los ingleses, los franceses y las primeras naciones, aunque las condiciones de estos últimos señalan una falta fundamental de equidad. No hay-aunque los hubo momentáneamente-programas de financiamiento específicos para literaturas en idiomas que no sean los fundacionales. La institución literaria de corriente principal seguirá mirando medio de lado a esas otras literaturas que ven florecer como hongos a los pies de una estatua ecuestre, aunque algunos de sus escritores estén integrados a la literatura de sus países de origen, muchas veces merecedora de premios Nóbel. Pero esos son pelos de la cola frente a un vasto sentimiento e impulso hacia la confraternización y el conocimiento de lo distinto que muestra una gran parte del pueblo canadiense y sus escritores e intelectuales. Como pueden testimoniar quienes conocen la obra y la persona de tantos escritores canadienses con que nos hemos encontrado y compartido en diversas circunstancias, publicaciones, empresas culturales, solidarias o políticas, lecturas, eventos, talleres y series de lectura. Como por ejemplo El Dorado.

Ottawa, diciembre de 2004

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