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Publicado: Domingo, 09 de enero de 2005

La cola de paja de la institucionalidad cultural


La cultura de un individuo depende de la cultura de un grupo o clase, y la de un grupo o clase depende de la sociedad a la que pertenece T.S. Eliot

La política del Apagón Cultural, especie de Borrón y Cuenta Nueva por cobrar además, duró 17 años en Chile, en su época más oscura, trivializada, mentecata, resumida por el verso emblemático del poeta Enrique Lihn: El Horroroso Chile. No pasó nada y de todo en cultura en la larga y aporreada franja de tierra sureña. No sólo se despreció el talento, sino a la vergüenza.

Ilustración: Cuadro del pintor ecuatoriano Guayasamìn

Las instituciones del Estado estaban más interesadas en el exterminio de los gérmenes inocuos de la resistencia, veían el país como un gran microbio, y el cáncer marxista, un fantasma que recorría Chile debajo de la cama, había que extirparlo y con ello desfenestrar cualquier pensamiento. Los libros, los periodistas, los medios de comunicación, las universidades, donde se oliera algo diferente al bando de turno, era un peligro para la institucionalidad.

Sobre ese cadáver, en 1990, la Concertación en el poder, caminó hasta ahora largos 14 años, pero su tarea se centró en reforzar, ampliar, hacer crecer, estabilizar, profundizar, ajustar, adecuar, innovar, patalear en el modelo económico para otorgarle un certificado no de defunción al país, sino de esperanza.

Ganó el país macro, de los mercados, de las libertades económicas, de la inversión, el país TLC, exportador, y se hizo estrella solitaria en el firmamento de las Américas, en especial la del Sur del Río Bravo a la Patagonia. Todo, en desmedro de la equidad, una palabra inexistente en el diccioanrio chileno desde hace más de 30 años.
La democracia protegida, el invento Pinochetista más curioso de la historia occidental, avanzó con un nuevo engrase, aceite, manicure, maquillaje y se instaló en las grandes alamedas a su manera, a la espera de Godot.

Ha pasado mucha agua, sangre, mierda, bajo los puentes del Mapocho y de la Historia de Chile desde 1973, en adelante, para resumir en una crónica de superficie, volada en el ordenador, en su propia palabra ante un escenario que quisiera achicar el final de una época o encuadrarlo de alguna manera.

En este túnel de idas y venidas, donde el Paciente Inglés ha sido un actor de primerísimo primer plano, en el sainete de Chile, casi en una funición tipo Broadway, la Cultura se las ha arreglado con sus uñas. Un poco de esmalte y a seguir fregando la olla común. No digamos que nada se ha hecho.

Después del ciclón del espanto en off, la nada, del período rosa de la literatura pinochetista, la literatura chilena entró en moda internacional, descollaron algunos autores, y surgieron nuevas voces, se recobraron otras, y comenzó un gran maquillaje renovador del Arte y las Letras.

Hubo oficialismo, como en toda época de los romanos. Poetas con laureles, coronas y otros en el closet.Es normal en una sociedad humana, subdesarrollada, competitiva de una mala manera, más bien oportunista.Pero, se avanzó en distinats direcciones, y se oxigenó la Cultura, una palabra de difícil definición, cuando la farándula se apropia de los medios de Comunicación.

Hace algunos años me topé con una funcionaria del Ministero de Educación de Chile en Panamá, de la cultura oficiosa, y me habló de un plan de desarrollo institucional, de manera, vaga, pero me adjuntó un documento para que me enterara. Han pasado más de cinco años, hasta que el Ministro de Cultura, José Weinstein, ha lanzado una propuesta sobre esta materia, acuñada en un slogan: "Consolidar la Nueva Institucionalidad Cultural es el gran desafío para el 2005".

El secretario de Estado informó recientemente que el 2004, fue un año de instalación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y el Consejo Nacional de la Música, y consideró que se avanzó mucho en términos institucionales en una institucionalidad que se esperaba desde hace décadas’.

Desde la orilla del exterior, alejado de cualquier institución, pienso que la institucionalidad es importante, un marco necesario para trabjar coherentemente, que estará en continuo perefccionamiento con los años, pero que hay síntomas que nos indican que el cuerpo de la cultura nacional está enfermo, semiparalizado, crece chueco, de manera dispar, y en no pocas ocasiones, la mirada es hacia un sólo lado.

La encuesta sobre el nivel de lectura del país nos dice que algo se ha estado haciendo mal en los últimos 31 años. el desarrollo económico, la pujanza que aún no se manifiesta en bienestar social masivo, justo, en equidad, en la cultura también desborda los límites aceptables.

El país exportador por excelencia, cuyos vinos acaban de conquistar la ignota Finlandia, debe también exportar a los mejores como Agregados Culturales y de una vez por todas, aprovechar la riqueza cultural de la Diáspora de manera individual y en grupos o asociaciones, si fuera el caso.

El Estado debe aportar económicamente en favor de los talentos abandonados de la Diáspora, interactuar con ellos, reconocerse mutuamente en un Nuevo Chile.
En materia de premios literarios, propiciar la transparencia, honestidad, calidad desde luego de la obra, como una manera de promover valores de mayor estabilidad en un país que aspira a fortalecer la democracia.

Chile debe revisar sus mordazas en materia de Libertad de Expresión, y si ésta cojea, es manca, ciega, tuerta, minusválida, y todas las libertades dejan de existir automáticamente.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net