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Publicado: Miércoles, 17 de septiembre de 2003

Raúl Ruiz, cineasta: este es un país dominado por la melancolía


A 30 años del 11 de septiembre, el realizador divaga sobre el mapa del Chile que se viene. Sobre la figura de Pinochet, dice que debería ocurrir lo mismo que con la cordillera, "o sea, podría perderse cuando sobre él caiga el esmog, la bruma".

Raúl Ruiz
-¿Vamos a hablar de política? Ah, no hay problema, pero mis opiniones van a ser un poco dispersas".

La advertencia llega poco después de que Raúl Ruiz toma asiento en un bar de Providencia. Pide una copa de vino blanco, una botella de agua mineral y se dispone al diálogo.

La conversación finalmente versará sobre la coyuntura política, pero bajo el particular prisma del afamado cineasta, que abandonó el país obligatoriamente después del 11 de septiembre de 1973.

Ahora se encuentra afinando detalles para la exhibición de los primeros capítulos de Cofralandes, una serie de diez documentales en los que ofrece su particular visión sobre nuestro país.

A sus 62 años, Ruiz viene tres o cuatro veces al año a nuestro país a visitar a familiares y amigos. En esta ocasión, su llegada coincidió con el trigésimo aniversario del golpe militar, una fecha a la que le reconoce un fuerte simbolismo. "La ventaja de este último 11 de septiembre es el increíble interés de gente que no lo vivió, gente que quiere saber qué pasó exactamente", comenta.

Sin embargo, no coincide con los que, a partir de las ceremonias y homenajes que se realizaron el jueves pasado, se ilusionan con la posibilidad de trazar una nueva realidad política y social para nuestro país.

Una cierta melancolía

-He visto a mucha gente decir desde ahora en adelante.... Es una de las enfermedades intelectuales de Chile: el fundacionismo", remacha Ruiz.

-Puede ser que haya ganas de cambiar una mentalidad, sin ofender a nadie, melancólica, que se instaló en Chile desde el momento en que se acabó la dictadura, cuando se supuso que muchas cosas iban a suceder. Se iban a terminar la arbitrariedad, la tortura, el toque de queda, cierto tipo de tontería. Pero persiste la constatación de que las cosas no cambian porque cae un dictador. De ahí esta suerte de desilusión y de melancolía", advierte.

-¿Melancolía de lo que no pasó finalmente?

-¿No te acuerdas de esa fórmula que decía la alegría ya viene? Bueno, no vino. La melancolía es un poco eso: estar esperando la alegría convencido de que no va a venir.

-Hoy podría inferirse que otros sectores políticos se apoderaron de ese discurso...

-Claro... capaz que si esa alegría viene va a ser una suerte de lobo.

-¿Entonces la alegría llegará bajo el eslogan del cambio?

-¿Tú lo dices por Lavín? No sé si vendrá la alegría, pero va a venir la obligación de sonreír, que no es necesariamente lo mismo.

-¿Chile debe esperar eso para su futuro?

-¿Ser un país sonriente por obligación? Puede ser. Habrá que sonreír hasta debajo de la ducha tal vez (risas).

-¿Qué le parece Joaquín Lavín?

-Me parece posmoderno (risas). Lo conozco poco, pero por lo que he visto es muy sentimental y en eso creo que toca un aspecto de los chilenos, que son muy sentimentales.

-¿Pero es sentimental o busca parecerlo?

-Capaz que pa más recacha no lo sea... pero hay que darle el beneficio de la duda... digamos que es sentimental.

-Todo indica que su principal contrincante en las próximas elecciones presidenciales será una mujer.

-Probablemente haya un elemento rupturista ahí, que me parece muy bien. Pero tampoco es para tanto, porque yo creo que todo el mundo sabe o adivina que las mujeres no son muy distintas de los hombres, por lo que no hay muchas razones para que no sean presidentes.

Dame una buena razón?

Los años en Europa no le han quitado a Raúl Ruiz ciertos rasgos característicos del "ser chileno" que indaga en sus reflexiones: disperso, contradictorio, con un solapado sentido del humor.

-¿Después de este 11 de septiembre, Chile se podrá desprender de la figura de Pinochet?

-Para qué. Dame una buena razón.

-Para muchos sigue siendo un tema de conflicto.

-Con Pinochet debiera pasar lo mismo que con la cordillera, o sea, podría perderse cuando sobre él caiga el esmog, la bruma. Juzgarlo como el símbolo máximo del mal es un poco pretencioso, porque basta ver en el mundo cómo se ejerce la política para entender que Pinochet era un caso más. Fue un buen alumno de Estados Unidos, pero un caso más.

Enviado por Roberto A. Estay

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